Julio Jesús Puescas
El fracaso que pocos quieren discutir: el MIMP
Por qué el debate sobre el Ministerio de la Mujer debe ser de fondo
En días recientes Paola Martínez, diputada por Renovación Popular, ha resucitado nuevamente una discusión que se viene postergando desde hace buen tiempo. Y con esto nos referimos a la posible eliminación o reformulación burocrática del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP). Esta iniciativa ha desatado una lluvia interminable de críticas; no obstante, el ruido generado no debe distraernos de lo esencial del debate y de las diferentes ópticas que exige abordar el problema ya puesto sobre la mesa: eficiencia estatal, enfoque de políticas públicas y, más que nada, resultados serios.
El MIMP nace con un marco de conceptos específicos —un enfoque de género tal y como lo plantean y entienden algunas corrientes feministas contemporáneas— que se manifiesta en su composición estructural, sus diferentes programas y, sobre todo, en su lenguaje institucional. Así, el primer problema se asoma apenas pronunciamos el nombre de la institución en cuestión: "Ministerio de la Mujer", de plano se excluye de entrada a gran cantidad de las poblaciones vulnerables de nuestro país: niños, ancianos, personas con discapacidad, varones víctimas de diferentes formas de violencia, familias en situación de riesgo, entre otros. Como vemos, esto no sólo responde a una cuestión semántica, estamos frente a una cartera que ha sido diseñada como vocera de una agenda sectorial y particular, y no como un garante universal de protección social.
Sin embargo, más allá de este detalle lingüístico, vale la pena hacerse la siguiente pregunta: ¿Ha tenido el MIMP resultados tangibles que justifiquen mantener su estructura actual? Los datos hablan por sí solos y, sinceramente, son alarmantes. Si usamos la narrativa feminista y contabilizamos lo que se entiende por “feminicidios”, en el Perú se registraron 162 de estos en 2024, 134 en 2025, y ya habrían 67 casos hasta junio del presente año, además de más de 72,000 llamadas efectivas por medio de la ya conocida “Línea 100”, sólo en el primer semestre del 2026. La tasa nacional de “feminicidios” se ha mantenido estancada en 0.9 de cada 100 mil mujeres del 2018 al 2024, mientras que en zonas como Madre de Dios casi se sextuplica la cifra. En junio de este año se reportaron casi 300 mujeres desaparecidas sólo en ese mes, siendo más del 60% niñas y adolescentes, datos absolutamente escalofriantes. El ministerio recibirá S/ 1,048 millones en 2026, y aún con eso, la espiral de violencia parece no cesar, con esto, corroboramos que la problemática del MIMP no es un tema presupuestal, su fracaso yace en su modelo. Se ha priorizado el ensalzamiento de la retórica de género por encima de la necesaria reconstrucción del tejido social que previene la violencia antes de que se materialice.
Otros se hacen también la siguiente pregunta como alternativa: ¿Es viable fusionar sus funciones con el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social? En términos técnicos, es totalmente viable y posee mucha lógica. El Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS), tiene ya como mandato legal “la protección de poblaciones vulnerables en situación de riesgo, vulnerabilidad y abandono”, prácticamente aborda gran parte del terreno que ocupa el MIMP en su segunda función. Además, el MIDIS administra el Sistema de Focalización de Hogares (SISFOH), padrón que identifica a las familias vulnerables del país. Entonces, fusionar ambas carteras bajo un solo ente rector, integrando sus instancias y partes estructurales, canalizándolas hacia enfoques de protección familiar, social y humanitaria integrales, suprime el problema de la duplicidad burocrática, reduce gastos administrativos redundantes y, más importante que todo, eliminaría el sesgo ideológico que hoy en día fragmenta la atención por medio de identitarismos y no bajo la premisa de atender a la persona vulnerable como un todo.
Ahora bien, si se optara por mantener separados ambos ministerios, algo que debe cambiar y que es problema base de esta situación, como lo dijimos antes, es el nombre de la institución, este debe reformularse en la línea de representar honestamente a quienes se protege: Ministerio de la Familia y Poblaciones Vulnerables, por ejemplo. Con esto se presenta una propuesta con un enfoque preventivo en lugar de ser sólo reactivo. Esto se traduce en el fortalecimiento del hogar peruano, una crianza responsable y presente, resolución pacífica de conflictos familiares y las redes comunitarias de apoyo. Prevenir es más humano, más eficaz y, claro, más barato que una llamada a un teléfono cuando una desgracia ya está consumada
Nuestro Perú no necesita un ente estatal que promueva propuestas ineficientes y que intenten reeducarnos por medio de enfoques absurdos y aberraciones lingüísticas, este país necesita instituciones que hablen un lenguaje de resultados reales. Si el MIMP no demuestra que es capaz de proteger vidas realmente y de manera efectiva, no merece seguir vigente por inercia burocrática o miedo a entrar en un berenjenal de controversias, si una institución no cumple sus estándares mínimos, no se le debe tener miedo a la reforma parcial, reforma total o a una posible extinción, así de simple y claro.
















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