Jorge Varela

Socialismo contra el tiempo

Chillán: volver al pasado o capturar el futuro

Socialismo contra el tiempo
Jorge Varela
16 de septiembre del 2026

 

Volver a Chillán es la pesadilla del Partido Socialista chileno, que vive en un túnel del que no ha podido salir completamente después de abjurar de la experiencia concertacionista. Un vistazo rápido por la historia de este partido deja al analista imparcial un sabor ácido, tan poco grato que dan ganas de llorar. El PS se fundó en un ideario que adaptado a los escollos del suelo nacional y bien aplicado, pudo haber dado conducción democrática estable durante décadas al país.

 

Cuando la pasión se secó

Tuvo líderes inteligentes y talentosos que le aportaron luces en algunos tramos de su itinerario. Sin embargo, el destino suele poner trampas en la ruta. Los jerarcas contemporáneos han errado, han sido confusos, perezosos en ideas; entre éstos los débiles de espíritu, los carentes de convicción, los ineptos, los oportunistas.

“Es cierto”, dirá un viejo socialista curtido por el sol de la pampa salitrera y la compañera que ha crecido en medio de los ventarrones y de la soledad del sur austral. “Hay que decir la verdad: ¿cuántos de nuestros militantes son responsables de la decadencia que nos afecta y duele? También nosotros”, agregarán quienes junto a Allende intentaron hacer una revolución extraviada y quebraron el alma de la nación, dejándola seca de pasión.

Lamentablemente tienen razón. El XXII congreso del PS realizado en Chillán en noviembre de 1967, es uno de esos hitos claves de la historia institucional de Chile de los últimos 100 años por su repercusión directa en la caída de la democracia y el desenlace traumático de hechos atentatorios a la vida y libertad personal. 

 

La tesis de la violencia revolucionaria 

Ahí en dicho encuentro, el partido definió su naturaleza “marxista leninista”, su vocación por la toma total del poder y aprobó como legítima la tesis de la violencia revolucionaria, el establecimiento de un partido único y la destrucción de la burguesía. El contenido de los acuerdos y tesis aprobadas es clarísimo: 

–“La violencia revolucionaria es inevitable y legítima… constituye la única vía que conduce a la toma del poder político y económico y a su ulterior defensa y fortalecimiento”. 

–“Sólo destruyendo al aparato burocrático y militar del estado burgués, puede consolidarse la revolución socialista… las formas pacíficas o legales de lucha (reivindicativas, ideológicas, electorales, etc.) no conducen por sí mismas al poder”.

–“Las alianzas que el partido establezca sólo se justifican en la medida en que contribuyan a la realización de los objetivos estratégicos ya precisados”. 

 

Socialismo contra el tiempo 

¿Puede denominarse a este socialismo retórico-violento y anacrónico, como socialismo anti-renovación? o ¿como socialismo de índole contratemporal? Además de la nostalgia por el conflicto, aquello que caracteriza a algunos compañeros es la forma en que se reflejan internamente, es la diferencia entre inercia y reposo. La cultura socialista contra los tiempos reaparece al interior de manera intermitente. Esto importa, porque una idea inerte es una idea en estado agónico, casi sin vida; en cambio, una idea fatigada-discontinua que retorna sigue presente aquí y allá, aunque esté durmiendo en el rincón. Convertida en ‘fantasma’ que vuela sobre la razón, es esa posibilidad histórica que no llegó a cumplirse, pero que tampoco ha desaparecido del todo. El nuevo proyecto consistiría para un sector en hacer visible la idea dormida, no para repetirla al pie de la letra, con exactitud de copista eximio, sino como fundamento antecedente para relanzarla desde otra plataforma. 

 

Un hombre de ideales firmes

En Chile ha fallecido recientemente Camilo Escalona Medina, un personaje que vivió en carne propia la historia política de las últimas décadas y del partido socialista nativo en particular. Camilo le decían y le dirán al líder de ideales que dio pruebas de ser un hombre de convicciones firmes. Muchos ‘allegados’ de última hora, lo saben. Con Camilo no había dónde extraviarse, aunque estuviera en trincheras diferentes. Su palabra convincente será para tenerla presente, para meditarla, para echarle para adelante, como indican sus cercanos. Hay que observar eso sí, que su discurso a favor de la paz social, la igualdad y la democracia representativa chocó con la rigidez de algunas de sus posturas estratégicas y tácticas, lo que influyó en acuerdos internos que tienen en estado de inanición a su colectividad. 

Al respecto, resulta desgarrador constatar que su línea de una “nueva izquierda” pareciera haberse detenido en un atajo del camino antiguo, y que el gran error histórico haya sido y sea volver la mirada a un pasado duro que aún huele a fracasos, imaginando erróneamente que ahí yace algo sagrado que no admite cuestionamientos, ni deslealtades, ni apostasía. 

 

Cómo capturar el futuro

En medio de la confusión actual un sector de militantes destacados elaboró una propuesta de Manifiesto socialista en abril de 2024, documento que se llevó el viento furioso del ayer. En él hay párrafos dignos de mención: “Un nuevo proyecto socialista democrático deberá establecer y definir nuevos conceptos y lenguajes”. “Necesitamos una estrategia pedagógica para asentar las bases del socialismo democrático… para capturar el futuro es necesario reconocer la magnitud y las causas de la crisis… y cuestionar los mitos a partir de los cuales hemos actuado, así como varios de los conceptos desde los cuales hemos pensado”.

Es oportuno advertir que si los actuales dirigentes no reconfiguran e inician este proyecto socialista en ciernes, vendrá una bandada dispuesta a apropiarse de la idea. Militantes del Frente Amplio ya anunciaron en un reciente Congreso Ideológico, su carácter de partido socialista: “como Frente Amplio explicitamos nuestra definición de socialismo en democracia como un horizonte estratégico”.

Jorge Varela
16 de septiembre del 2026

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