Carlos Hakansson
La forzada supervivencia legislativa
Si no se realizan ajustes constitucionales, continuaremos con las vacancias
El sistema electoral peruano ha operado bajo la lógica del "presidencialismo de arrastre congresal", en el que la figura del candidato al Ejecutivo funcionaba como una locomotora que, por inercia política, remolcaba hacia el Legislativo a sus parlamentarios. No obstante, como bien advierte el jurista Fernán Altuve, las recientes reformas legales han ejecutado un cambio a esta dinámica, invirtiendo la pirámide de supervivencia partidaria y situándonos en un escenario donde el Congreso ya no es el vagón de arrastre sino el riel y combustible de la organización política en la contienda electoral.
La reforma de la barrera electoral ha despojado al candidato presidencial de su tradicional "seguro de vida partidario"; antes, un desempeño decoroso en la plancha presidencial permitía al partido conservar su inscripción gracias al capital político; hoy la ley es taxativa al disponer que la permanencia en el Registro de Organizaciones Políticas se resuelve exclusivamente en el terreno legislativo, exigiendo el 5% de los votos válidos en el Senado o en la Cámara de Diputados.
Bajo esta nueva regla nos enfrentamos a la paradoja de que el respaldo popular al candidato presidencial se vuelva técnicamente irrelevante para la subsistencia legal si su lista parlamentaria no alcanza el umbral requerido. Es decir, el candidato podría obtener un 7% de los votos; pero si su lista al Senado solo captura un 4%, el partido quedaría sentenciado a la desaparición.
La mutación de una presidencia de arrastre congresal obliga a los partidos a tomar una estrategia inversa. A partir de estos comicios generales de 2026, se deberá asegurar la votación parlamentaria antes que "vender" la imagen del aspirante presidencial; por tanto, la prioridad es consolidar la representación política en ambas cámaras para garantizar su vigente inscripción.
Es una lógica que se extiende a la cédula de votación, pues, un partido que no logre presentar listas completas en todos los distritos electorales exhibirá espacios en blanco que revelarán una debilidad estructural que pueden desincentivar al elector, que puede preferir la coherencia visual de una línea horizontal completa en las cinco columnas de una compleja cédula.
Se trata de un diseño que favorecerá la institucionalidad territorial sobre el personalismo mediático de los candidatos presidenciales. El "colchón" de votos que proporcionan las bases municipales y regionales de los partidos más organizados —cuya movilización ahora coincide con la elección general— se ha convertido en el flotador que les permitirá aspirar a superar la barrera para acceder a una representación parlamentaria. En conclusión, el centro de gravedad de nuestro sistema democrático se ha desplazado. El Congreso ha dejado de ser un vagón de arrastre del candidato presidencial para convertirse en un requisito indispensable de validez legal. En resumen, sin raíces en el Legislativo y en las regiones, cualquier aventura presidencial estará condenada a una fuerte oposición política. Y si no se realizan ajustes constitucionales, es probable que continuemos con los ciclos de vacancias.
















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