LA COLUMNA DEL DIRECTOR >
Luego de captura de Maduro, derechas e izquierdas desconcertadas
Reflexiones sobre el terremoto ideológico que desata crisis de orden internacional
La espectacular operación militar de los Estados Unidos en Venezuela, que neutralizó la capacidad de respuesta de las fuerzas armadas de Venezuela y posibilitó la captura de Nicolás Maduro, ha desatado una oleada de confusiones en las derechas e izquierdas mundiales. De pronto todos los relatos y certezas que se han organizado en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial parecen estallar o evaporarse en el aire.
Por ejemplo, algunos sectores liberales han levantado la voz en contra de la operación militar, argumentando que la libertad no se impone, sino que se lucha y se consigue. Bajo esta argumentación se invoca la soberanía de los pueblos y los principios de la autodeterminación nacionales. Es incuestionable que bajo estos razonamientos se pueden cobijar tranquilamente los integrantes de la dictadura venezolana y de la inteligencia cubana, que han creado en Venezuela una de las tragedias humanitarias más cruentas de la región.
Por otro lado, las izquierdas no pueden entender cómo el imperio del siglo pasado ha resucitado con una fuerza nunca imaginada a tal extremo que casi se ha minimizado la presencia de China, Rusia e Irán en Hispanoamérica. Las famosas predicciones de declives anticipados del imperio estadounidense se colocan en largas pausas.
Igualmente, el progresismo europeo no entiende qué es lo que está sucediendo en el orden mundial. ¿Cómo puede ser posible que el imperio que los salvó de la amenaza comunista y nazi haga estallar el propio orden que construyó ladrillo por ladrillo? Y los comentaristas de siempre concluyen que Estados Unidos parece abandonar la democracia y los derechos humanos.
El gran problema de todas las aproximaciones de izquierda y de derecha es que no entienden la verdadera realidad que se ha ido gestando luego de la Segunda Guerra Mundial. El orden mundial del libre comercio que nació bajo el auspicio de los Estados Unidos si bien globalizó el capitalismo y la revolución científica en el planeta, sin embargo, paradójicamente, acentuó el choque de civilizaciones.
China, por ejemplo, utilizó el libre comercio sin respetar los derechos de propiedad y de patentes -derechos claves en el desarrollo del capitalismo occidental- y para baipasear los acuerdos arancelarios con diversos pararanceles que volvían imposible las importaciones al continente chino. Los países musulmanes utilizaron el orden internacional para multiplicar el capitalismo y la revolución tecnológica, mientras la sociedad viajaba al pasado afirmando monarquías basadas en la sharía y en la imposibilidad de crear un sistema de control del poder y desarrollar pluralidad política.
Por otro lado, las izquierdas y el progresismo desataron verdaderas reformas culturales en todas las sociedades occidentales con el objeto de derribar los valores que organizaron Occidente y los resultados están al primer golpe de vista. Europa, por ejemplo, está en ruinas por las migraciones sin ley ni obligaciones que derriban los estados de derecho. Asimismo, ese mismo orden internacional se volvió cómplice de la consolidación de las dictaduras castrochavistas en Hispanoamérica.
¿Qué significa todo este escenario? Que debajo del orden internacional de la Segunda Guerra Mundial ha resucitado con gran fuerza el choque de las civilizaciones, a pesar de la globalización del capitalismo, las ciencias y las tecnologías. En ese contexto habría que entender la reacción del gobierno de Trump y los Estados Unidos.
El resurgimiento de la competencia de civilizaciones y culturas bajo el actual orden internacional, simplemente, ha estado arrinconando brutalmente a Occidente y ese es el escenario, el telón de fondo.
Finalmente, a nuestros amigos liberales, extremadamente desconcertados, habría que recordarles que la única civilización que ha construido control de poder, pluralidad, secularidad y ha alcanzado los mayores espacios de libertad en la historia de la humanidad es la civilización occidental. Por lo tanto, Occidente debería ser defendido con uñas y dientes. ¿O no?
















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