Carlos Hakansson
Un ejemplo de debate presidencial
La democracia costarricense ha dado un paso hacia la madurez
El debate presidencial "Se busca Presidente: El gran reto", producido por OPA Canal 38 de Costa Rica, marcó un hito en la comunicación política que merece un análisis desde la óptica del fortalecimiento institucional. El reto era enorme, pues, por primera vez las candidaturas se elevaron a veinte aspirantes a la presidencia. En una democracia, a menudo afectada por la polarización y el eslogan vacío de ideas, el nuevo formato propuesto obligó a los candidatos a sentarse en una mesa del diseño de políticas públicas. En ese sentido, observamos un giro hacia la política basada en la evidencia para conocer la competencia de los candidatos. El bloque titulado "La Solución" no fue un ejercicio retórico, sino una simulación de gobernanza que expuso la brecha entre la intención política y la viabilidad técnica.
Las campañas en la historia electoral de Costa Rica han operado bajo una suerte de “cheque en blanco” programático; sin embargo, el sistema de evaluación aplicado por los expertos que participaron en este debate rescató criterios que son el eje de cualquier Estado de Derecho funcional, como son la viabilidad jurídica, la sostenibilidad financiera y la capacidad operativa de la administración pública. El resultado de las calificaciones, con solo dos tarjetas verdes frente a una mayoría de amarillas y una roja, fue un baño de realidad necesario para conocer la preparación de cada candidato. Si bien existe un diagnóstico claro de los problemas nacionales, la metodología de ejecución sigue siendo el talón de Aquiles de los partidos políticos en la región.
Lo revelador no ocurrió en el set de trasmisión, sino en el comportamiento de la audiencia. Los 71,000 dispositivos conectados en simultáneo, y el posicionamiento del debate como tendencia nacional, mostraron que los costarricenses están cansados de un formato reducido al ataque personal y sus deseos para escuchar propuestas con verdadera sustancia. Otro dato relevante fue incluir la voz de las regiones y la juventud, pues, el fin último del Estado es la solución de problemas concretos de la comunidad política. Se trata de un formato que debería tomarse como ejemplo y ser parte de las modernas campañas electorales. La razón es que, si un candidato no puede sostener la viabilidad de su propuesta ante un panel técnico, difícilmente podrá sostener el rumbo del país durante el mandato presidencial.
La democracia costarricense ha dado un paso hacia la madurez. A pocos días para las elecciones, el próximo domingo 1 de febrero, queda en manos de los electores decidir si premiará la factibilidad o seguirá seducido por las promesas populistas sin sustento técnico. En el Perú, en medio de un proceso de elecciones generales con 36 candidatos presidenciales y listas parlamentarias, el formato tradicional de los debates presidenciales demanda un nuevo formato ante estas nuevas circunstancias.
















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