Hugo Neira

China vuelve a ser gran potencia (II)

En China postmaoísta, el gran ideólogo es Jiang Zemin

China vuelve a ser gran potencia (II)
Hugo Neira
26 de enero del 2026

 

La vieja y decadente China tuvo dos partidas de defunción: 1911 y 1946. El fin del antiguo y corrompido Imperio de los Manchú (1911). Es decir, la República china; es decir, Sun Yat-sen, cristiano, de origen campesino. Y 1949, tras la victoria de los comunistas, los años maoístas hasta 1976 y el fin del “Gran Timonel”. Que China no olvida, ni tiene por qué hacerlo. Si la gran nación retorna es porque Mao fue algo más que el hombre de la estrategia rural, de una revolución campesina y anticolonialista. Vuelve con Mao el poder austero y paternal de la China confuciana. El de un Soberano inaccesible con derecho incluso a los grandes errores. El autor de este libro ha visitado el ascético refugio de Mao después de “la larga marcha”, en un lugar alejado de la China montañosa. La China de Mao que recorrí fue una gigantesca escuela experimental: acupuntura, comunas populares, actividad autárquica, espíritu antiburocrático del maoísmo, “contar con sus propias fuerzas”. Los gigantescos trabajos hidráulicos y también, los errores —algunos monstruosos—, regresaron las hambrunas, hasta que el aparato del partido apartó, dulcemente, al anciano visionario. En una especie de Santa Helena, en sus últimos años, el Bonaparte Mao releyó a sus clásicos, de Hegel o Marx, a Sun Tzu, El arte de la guerra, y se las arregló para enviar mensajes crípticos en una cesta de frutas a un grupo de jóvenes en Shanghái. “Atacad el cuartel general”. Es decir, ¡el Comité Central! Y eso fue la revolución cultural. Los chinos no tienen carnaval de Río pero se mandaron uno de diez años. El gigante se desordenó y se volvió a ordenar.

Hay una tercera China, la actual. Pero no podemos comentar sin destacar que pocas naciones han tenido un conductor de la energía de Mao, y tras tanteos y luchas internas, un relevo que fue todo lo contrario, Deng Xiaoping. A la gran anarquía de Mao le sucede la gran perspicacia para lo inmediato de Deng. Cambios sociales ya los tenían, pero desde 1978, ya con Deng, el problema era cómo proseguirlos sin debilitar al poder que los impulsa. La explicación de Jean-Philippe Béja (Director de investigaciones en el CNRS de Francia), en libro del 2004, es pertinente.  Cuando Deng, el poder se estaba degradando. En junio de 1989, una foto daba la vuelta al mundo: un muchacho detenía un tanque. En realidad, los tanques terminaron aplastando la estatua de la democracia colocada por los estudiantes en la plaza Tiananmen. La vía china fue sorprendente. Mao manejó jóvenes, masas y militares desde su carisma. A Deng, en cambio, que no fue visto como un semidios, le quedaba solo la racionalidad y preguntarse: ¿qué quieren los chinos? Y encuentra un sentimiento unánime. Los chinos querían una China sólida. Y como la política es el arte de lo posible, el poder comunista post Mao se va a legitimar por el éxito de sus reformas (fu guo qiang bing). “Prosperidad y potencia”. “Deng refunda la legitimidad”, sostiene Béja. Es eso lo que mantiene desde hace veinte años a la élite en el poder, según Béja, y me parece, lo suyo, una realista y clara explicación de lo que es hoy Pekín.

Para sorpresa de muchos, sobre todo de maoístas peruanos y latinoamericanos, lo que ha seguido no fue un desarrollo fundado en la producción agraria y campesina. Hoy la parte de la agricultura en el producto bruto interno es de un 12%. La economía china se acrecienta desde “un salto hacia adelante” distinto: alta tecnología, export / import, servicios. Al tiempo que Pekín da confianza al sector privado chino al que dota de garantías. Pero China no es un sistema multipartidario. Hay un poder, el partido. Según Béja, reformar el Estado pasó por una negociación que no pudo ser sino ardua con los sectores obreros y campesinos. El poder ha cuidado la estabilidad como a la niña de los ojos. Cuando una sociedad se transforma produce nuevos profesionales, científicos, en otras palabras, capas medias. Que no son ni mudas ni inertes. Produce nuevos sujetos sociales de acción. ¿Cómo integrarlos? Toda gran reforma tiene conceptores. En China postmaoísta, el conceptor es Jiang Zemin, secretario general del PC, quien ha resumido el esquema de “las tres representaciones”, que están en la Constitución. El Partido representa “las fuerzas productivas más avanzadas de la sociedad, la clase obrera y los tecnócratas, los emprendedores, los dirigentes de empresas del Estado”. Como “cultura más avanzada”, Pekín entiende intelectuales y especialistas. Es un sistema de cooptación de élites. Ahora bien, si la intelligentsia es parte de la relojería del poder, ¿quién discutirá la legitimidad del poder? [...]

Extraído de ¿Qué es Nación?, Fondo Editorial USMP, Lima, 2013, pp. 372-373.

Hugo Neira
26 de enero del 2026

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