Alejandro Arestegui
¿Qué son los lobbies y por qué son tan nocivos?
Desentrañando su naturaleza y origen histórico
En estos últimos días las principales portadas de noticias políticas de nuestro país giran en torno al presunto tráfico de influencias que involucra al presidente interino José Jerí. En esta columna no pretendo indagar sobre este escándalo ni tampoco ofrecer un juicio de valor al respecto, esto siempre se ha dado, de diversas formas. Lo que sí considero importante es esclarecer, para un mejor entendimiento de los tejes y manejes de la política explicar, qué son los lobbies. Es necesario entender qué son, dar ejemplos históricos y demostrar por qué son un lastre para la sociedad en general.
Los lobbies, también conocidos como grupos de presión o de cabildeo, son organizaciones, asociaciones o individuos que buscan influir en las decisiones de los funcionarios públicos, como legisladores, presidentes o ministros para promover políticas que beneficien sus objetivos específicos. Esto se hace a través de actividades como reuniones directas, campañas de comunicación, donaciones o provisiones de información experta. El término proviene de los "lobbies" o pasillos del antiguo Parlamento británico, donde las personas se reunían para hablar con los representantes desde el siglo XVII, y se popularizó en Estados Unidos a partir del siglo XIX. Es por ello que podemos situar históricamente a los lobbies como un fenómeno propio del surgimiento del estado moderno. En suma, el lobbying es una forma de advocacy respaldada en democracias como la de Estados Unidos por la garantía del derecho a peticionar ante el gobierno. Desde una perspectiva histórica, sería anacrónico hablar de lobbies en el antiguo régimen y en el mundo feudal y antiguo. Esto se debe a que la forma de gobierno predominante en la antigüedad era la monarquía. El soberano debía su legitimidad y poder a un conjunto de grupos o estamentos, los cuales muchas veces podían tener intereses divergentes, por lo que lo adecuado era velar por mantener a todos los grupos sociales contentos. Debido a que en la edad antigua y el medioevo no existían grandes conglomerados corporativos ni estados modernos con ideologías definidas, la existencia misma del lobby sería una imposibilidad.
La costumbre del lobbying tiene raíces antiguas, pero algunos casos destacados ilustran su constitución a partir de la modernidad. Como comentamos en el párrafo anterior la palabra lobby se origina etimológicamente en Inglaterra hacia el siglo XVII, por lo que podemos decir que es un término de origen anglosajón. Luego de su instauración y popularización en los Estados Unidos, tenemos casos emblemáticos como los de 1792, cuando los veteranos contrataron al gobernador William Hull para presionar al congreso para obtener una compensación por sus servicios en el ejército continental. Otro caso interesante es el caso de los lobbies en el estado de Ohio, es precisamente aquí donde el término lobbista se populariza en la prensa. Otro caso interesante donde muestra también que el lobby se puede materializar en regalos y dádivas es el del famoso fabricante de armas Samuel Colt. Obras literarias como "La Edad Dorada: Un Cuento de Hoy" de Mark Twain plasman en sus páginas la connotación negativa que desde esa época tenían los lobistas.
Ya en el siglo pasado los lobbies se volvieron una práctica ya no sólo habitual sino profesionalizada, muchas veces vinculadas a sectores industriales, profesionales o sindicales con gran número de integrantes y con gran poder. En las democracias modernas, la dirección de los recursos públicos se ve afectada por los lobbies y muestran grandes desequilibrios de poder entre unos y otros lobbies. En los Estados Unidos, debido a que los lobbies están legalizados, generan millones de dólares, creándose una auténtica industria del lobismo. Sin embargo, el hecho de que dichas prácticas sean toleradas y aceptadas no significa que sean limpias. Está más que demostrado que los lobbies generan incentivos perversos, provocando el auge de prácticas cuestionables y muy poco éticas, erosionando la confianza de los ciudadanos en el poder político. En los regímenes parlamentarios, los lobbies son generalmente aquellos responsables de corromper a los legisladores, ya que estos son los principales hacedores de las normas y leyes del país. Así mismo, conforme evolucionan las prácticas lobistas ya no sólo tenemos a industrias y sectores productivos conformando lobbies, sino que tenemos a los partidos políticos e incluso a diplomáticos y agentes extranjeros conformando sus propios lobbies.
Ante esto, en los países más desarrollados se ha tratado de combatir los lobbies con leyes de transparencia, sin embargo, el nivel de presencia de los lobbies es considerable y conforme el estado aumenta su presencia y poder, el incentivo de crear lobbies para influir en la toma de decisiones es cada vez más grande.
Si bien es cierto que hay personas que defienden aspectos positivos de los lobbies, por ejemplo, indicando que representan intereses diversos (permitiendo así que las minorías de todo tipo puedan defender sus intereses). Otros de sus defensores afirman que los lobbies proveen de información de expertos ya que los lobistas no solamente buscan intereses económicos basados en premisas políticas, sino que recurren también a criterios técnicos y estudios cuantitativos. Por último, hay quienes llegan al extremo de decir que los lobbies no son más que otra forma de participación cívica basada en el derecho a peticionar. Todos estos argumentos a favor de los lobbies pueden ser fácilmente rebatidos a través del análisis económico de la política (la escuela del public choice), la cual nos demuestra que los intereses individuales de los políticos son como los de cualquier otro individuo. Los maximizadores de renta de los grupos de interés son capaces de cualquier cosa con tal de obtener rédito político y así poder influir en la toma de decisiones. Esto significa que los lobbies no necesariamente estarían defendiendo minorías, sino que estarían siendo utilizados como meros medios. Por otro lado, la verdadera participación cívica debería de reflejarse en el autogobierno y la toma de decisiones autónomas, por lo que en los estados unitarios y altamente centralistas son el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de lobbies multimillonarios.
Por último, el public choice personalmente me ha hecho llegar a la conclusión de que el principal generador de lobbies en el Perú y en cualquier otro país del mundo es la presencia del estado en la economía nacional. Y es que la mayoría de los lobbies bregan por conseguir legislación que de una u otra forma busca obtener intereses económicos a través de la regulación estatal. Es por ello que es tan importante alejar al estado de los procesos del mercado. Mientras más crezca el Estado y más participación tenga en la vida económica de los ciudadanos, más lobbies se integrarán a la vida política, provocando una distorsión de intereses y la corrupción campeará a sus anchas.
















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