Herberth Cuba
Día Mundial de la Lepra
Según la OMS, una de las enfermedades tropicales desatendidas
El último domingo de enero de cada año se ha establecido como el día de la lepra o enfermedad de Hansen. Este año es el 25 de enero del 2026. Aún no se conoce el lema para el 2026, pero, según la OPS para el 2025 ha sido “Únete. Actúa. Elimina” con la finalidad de “crear conciencia de la enfermedad, destacar los desafíos de las personas afectadas e inspirar acciones colaborativas para eliminar la enfermedad de Hansen (lepra)". No es de extrañar esa omisión o retardo, porque precisamente la lepra forma parte, según la OMS, de las 20 enfermedades tropicales desatendidas. Es decir, aquellas enfermedades que afectan a las “poblaciones olvidadas” constituidas por los más pobres y aquellas que no generan ganancias, debido a que son prevalentes en regiones tropicales y subtropicales en zonas, a veces, de difícil acceso, en las que los gobiernos invierten muy pocos recursos y, además, no constituyen mercado atractivo para las industrias como la farmacéutica, de análisis de laboratorio e insumos, vacunas, etc.
La OMS define a la lepra como “una enfermedad causada por el Mycobacterium Leprae, que se contagia por gotitas en la nariz y la boca durante un contacto prolongado con pacientes. Tiene un largo periodo de incubación. Afecta la piel y los nervios periféricos. Sin tratamiento produce daños permanentes en la piel, los nervios, rostro, manos y pies. Produce discapacidades, exclusión social y estigma, aspectos que han jugado un rol muy importante por miles de años". Asimismo, la OMS ha aprobado el documento “Hacia Lepra Cero. Estrategia mundial contra la lepra (enfermedad de Hansen) 2021-2030”, en donde se señala que se notifican alrededor de 200,000 nuevos casos cada año y que se considera que se ha eliminado como problema de salud pública para un país, cuando se alcanza una cifra inferior a un caso por cada 10,000 habitantes. Ese es el caso del Perú. Sin embargo, no hay reportes oficiales ni datos confiables de parte del Ministerio de Salud (Minsa) que nos puedan indicar la situación exacta.
A través de los medios de comunicación o de reportes parciales de las regiones, se señala que el año 2023, se han reportado 26 casos y en junio del 2025, se ha reportado un caso en Piura. Los reportes nacionales oficiales deben ser parte del sistema de vigilancia rutinarios, así no haya ningún caso. Esto contrasta con la existencia del Grupo Temático de la Vigilancia de Tuberculosis y Lepra, que en algún momento ha sido conducido por el actual director general del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades (CDC), en consecuencia, no es falta de conocimiento.
A pesar que la lepra no es muy contagiosa porque requiere contacto personal intenso y prolongado, en personas susceptibles genéticamente, obliga a realizar el diagnóstico temprano para “asegurar una curación completa, evitar las deformidades y detener la transmisión del Mycobacterium Leprae". Según la Norma Técnica del Minsa, el tratamiento incluye tres fármacos (rifampicina, dapsona y clofazimina) por 6 a 12 meses. Sin embargo, un aspecto crítico es la detección precoz, que exige una serie de mecanismos de gestión de la capacidad de diagnosticar en los establecimientos del primer nivel de atención, que incluye la búsqueda activa de nuevos casos. Un segundo aspecto, es la limitación del sistema de vigilancia rutinario y las falencias del sistema de información. El tercer aspecto, es la rehabilitación de las complicaciones, como cirugía reconstructiva, rehabilitación física, económica, social y psicológica, entre otros.
El paciente de 60 años, con diagnóstico confirmado en junio del 2025 en Piura, solo recibió tratamiento ambulatorio con evolución favorable. La Dirección Regional de Salud de Piura tuvo una respuesta sanitaria adecuada y un buen manejo con los medios para tranquilizar a la población. Para entender lo ocurrido, hay que tomar en cuenta que el año 1967 el Minsa promulgó las “Normas y Procedimientos para los programas de control de Tuberculosis y Lepra” tratándose de que ambas enfermedades son crónicas, producidas por mycobacterias, trasmitidas por vía respiratoria y que requieren esquemas de tratamiento prolongado, que necesitan detección precoz, tratamiento con esquemas supervisados y registro centralizado, es que, por eficiencia operativa, a pesar de haberse creado en 1988 el “Programa Nacional de Control de Hanseniasis” se ligó funcionalmente al “programa de Tuberculosis".
La lepra, como cualquier otra enfermedad, aunque, unas con mayor énfasis que otras, tiene dos aspectos: uno ligado a la enfermedad y el otro ligado al padecimiento de ésta por parte del paciente y de la sociedad. En cuanto al padecimiento, la lepra tiene un largo recorrido, incluso, milenario, de exclusión, estigma y exilio. Por algo, el filósofo Michel Foucault, en su obra “Historia de la locura en la época clásica” presenta a la lepra como el modelo de exclusión medieval. En esta obra señala, “desaparecida la lepra, olvidado el leproso, o casi, estas estructuras permanecerán. A menudo en los mismos lugares, la exclusión se repetirá, similar dos o tres siglos más tarde".
Según él, esa lógica de exclusión moral persiste y se traslada en la modernidad a la “locura” o expresado con propiedad a los pacientes psiquiátricos. Es obvio, que Foucault realiza esta aseveración, útil para enjuiciar a las sociedades modernas, pero, incoherentes con su propio pensamiento y con los acontecimientos de la historia. Contrapone, el relativismo de las representaciones humanas (episteme) con los dispositivos del poder que, según él, son estables, que se adaptan, pero no desaparecen. Es decir, abandona el relativismo de la representación epistémica a pesar de los cambios históricos, bajo la denominada “herencia estructural”. Es decir, lo permanente, es la necesidad de las sociedades de “segregar lo impuro para constituir la norma social”. El fatalismo foucaltiano es terrible: la normalidad en las sociedades humanas se define frente a un “otro excluido” indiferente de los cambios históricos. A contracorriente de ese fatalismo, los profesionales y trabajadores de la salud intervienen con conocimientos científicos, útiles, simples y apropiables en el trabajo comunitario para la eliminación de la discriminación, del estigma y de la exclusión. ¡Hacia cero lepra!
















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