Jorge Varela
La cabeza de la izquierda chilena
Su apuesta por la revolución antidemocrática
La magnitud y efectos del desastre político que tiene a las izquierdas chilenas oliendo a ras de suelo una impactante gran derrota ideológica-estratégica ha abierto, por fin, algunas ventanas que permitirían ingresar a laberintos históricos estrechos y oscuros, ocultos durante años. Ahora que el escenario ha caído con estrépito, ¿será posible conocer determinados acuerdos, estrategias impresentables, hechos y entretelones turbios ocurridos allí, en su principal núcleo conductor?
Para el cientista político Genaro Arriagada: “la causa principal de la derrota” –de la izquierda– “es que para enfrentar los problemas que existen en Chile y el mundo, sus ideas han quedado fuera de lugar. Las ideas de izquierda están en bancarrota”.
No es el único que piensa de modo crítico. Alfredo Joignant ha declarado: “Como nunca antes, la izquierda se encuentra en punto muerto. Este es el peor momento de la historia de todas las izquierdas en el mundo. Chile no escapa a este juicio”.
¿Qué ocurre en la cabeza?
No nos quedemos en la fase preliminar del diagnóstico. Iniciemos la introspección por el Partido Comunista un curioso esperpento marxista-leninista que aún aletea en pleno siglo XXI, cómo si estuviera enredado en lo añejo del tiempo, cómo si fuera un pájaro viejo que canta hasta morir; solo que en este caso continúa cantando, pero no ve, ni oye. Sus jerarcas todavía no tienen conciencia de la caída del muro de Berlín, mucho menos han asimilado que sus posturas sobre Cuba, Venezuela o Nicaragua contrarias a la dignidad y libertad humana, –antidemocráticas, perversas y violentas–, conducen al escarnio y miseria de quienes serían -se supone- el motivo-eje de su acción pseudo liberadora.
¿Por qué en nuestra región la obsesión marxista por el control del poder ha obnubilado por décadas las mentes de su dirigencia nativa? La respuesta-tipo elaborada al efecto afirma que disponen de “credenciales democráticas”. Sebastián Edwards ha citado las declaraciones de Luis Corvalán Lepe ex-secretario general del PC, quien al ser entrevistado por Eduardo Labarca en diciembre de 1972, escritor que compartía un ideario cercano, dijo: “Yo quisiera decirle que nuestra orientación es actuar dentro de la Constitución y de la ley. Pero también nuestra obligación es actuar teniendo en cuenta las realidades que se puedan crear. Y para mí, la actitud que habría que adoptar en ese momento hipotético estará determinada por el curso que tome el proceso en estos años. Se trata de llevar adelante este proceso. De convertirlo en irreversible, de lograr realmente que la clase obrera asuma el papel dirigente…”.
Según Edwards, Corvalán invocó la Constitución y, al mismo tiempo, la Revolución, pero no se comprometió a entregar el poder. Todo dependería de la “realidad” y de la correlación de fuerzas. De una cosa, eso sí, no duda: el proceso debía ser “irreversible”. Dicha ambigüedad histórica es pues, la que nos obliga a examinar cuidadosamente las referidas “credenciales democráticas” a la luz de los hechos y no solo de las declaraciones.
Distorsión y ceguera
El debate en torno a la posesión efectiva de verdaderas credenciales democráticas por parte del Partido Comunista, persistirá mientras sus miembros continúen utilizando un lenguaje distorsionado y se nieguen a ver lo que la mayoría de las personas no contaminadas ven. Su ex-candidata presidencial, Jeannette Jara, dijo refiriéndose a Cuba que era “un sistema democrático distinto”, aunque cinco meses después rectificó su primer juicio al expresar: “Claramente no es una democracia”. A su turno la diputada Carmen Hertz ha expuesto que está “orgullosa de ser comunista y pertenecer a un partido que ha tenido una vocación democrática impecable”.
Desprecio por la democracia
Al marxismo-leninismo fundamento inspirador máximo de la ortodoxia comunista –hoy en reversa contemporánea–, no le interesa el hombre libre digno sino el colectivo, ‘sujeto sumiso de vigilancia estatal’, lo que explica su desprecio histórico por la democracia. El comunismo no concibe ni practica el pluralismo, su opción superior predilecta es la articulación hegemónica de la masa, la conducción centralizada del proceso revolucionario de acuerdo a su óptica doctrinaria y estrategia totalitaria. En los hechos el PC de Chile ha desechado la dictadura del proletariado para imponer una fórmula que permita el control político-social absoluto a cargo de su aparato conformado por burócratas retrógrados, perversos y falibles.
















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