Jorge Varela
Socialismos del siglo XXI
Colapso y obsolescencia
Varios analistas coinciden en que el “socialismo del siglo XXI” fue una narrativa mágica-romántica destinada a seducir mentes y voluntades cansadas de relatos conocidos y viejos. Después de un período de sequía ideológica-estratégica parecía que se abría un horizonte utópico lleno de luces. El viejo marxismo ortodoxo creyó hallar aquí –por fin– una playa propicia y un cielo seguro para seguir controlando hegemónicamente sin sobresaltos repentinos a la izquierda continental.
No obstante el desarrollo de los acontecimientos comenzó a girar en sentido opuesto a la expansión de dicha narrativa sucesora de corrientes ideológicas que habían conformado la izquierda en el siglo XX, las cuales al perder credibilidad dejaron un enorme vacío en el pensamiento estratégico.
El colapso ideológico de la izquierda
José Joaquín Brunner pareciera estar de acuerdo con este diagnóstico de obsolescencia socialista-marxista, cuando opina que “la derrota de las izquierdas chilenas el 14 de diciembre refleja un colapso ideológico… no solo un hecho coyuntural”. Colapso agravado –desde su visión–, por la fragmentación, la desconexión con el mundo popular, la falta de un proyecto democrático-reformista capaz de afrontar la complejidad y velocidad del capitalismo, la crisis de la democracia liberal y la necesidad de un Estado a la altura del siglo XXI.
A su juicio, esta debacle no fue la causa sino la consecuencia de un colapso ideológico, cultural y estratégico que se gestó durante años en las filas progresistas. El derrumbe no fue un evento aislado, sino la culminación de un vaciamiento político e intelectual de las izquierdas chilenas e internacionales. Hoy “sin una narrativa unificada y relatos coherentes… enfrentan la derrota de manera fragmentada y confusa, cada una aferrada a su interés”.
Lo anterior le permite allanar el camino para el esbozo de su tesis: “la derrota (es) resulta(do) del colapso de las ideas clave que antes daban sentido y dirección a la izquierda”.
Fases del colapso
“El primer colapso fue el del paradigma revolucionario comunista: la caída de la URSS y del Muro de Berlín sepultó el modelo bolchevique… junto con la utopía comunista y los ‘socialismos reales’”. La idea de una revolución proletaria se ha vuelto inviable y solo sobrevive como anacronismo atávico. Está claro que ‘el sueño soviético’ ya no existe, aunque en Chile el Partido Comunista reivindique dicho pasado. Detrás de la crisis electoral hay un colapso ideológico perdurable a largo plazo.
Un segundo desmoronamiento es atribuido al fracaso de la izquierda radical en América Latina. Las acciones siniestras del llamado “socialismo del siglo XXI” –Como el chavismo en Venezuela y el sandinismo pervertido de Ortega en Nicaragua– han derivado en totalitarismos, en crímenes contra la vida y derechos esenciales, en retroceso económico y crisis humanitarias. Otras variantes populistas, como el kirchnerismo en Argentina y el Movimiento hacia el Socialismo (MAS) en Bolivia, también mostraron su enorme cuota de abusos, corruptelas y miserias.
En Chile el ‘frenteamplismo’, esa nueva generación de izquierda inexperta nacida en el ocaso de la dictadura, tampoco logró implementar con éxito un proyecto ideológico alternativo y coherente. Su escuálido y arrogante intento de renovación política y programática se convirtió en otra pobre experiencia de socialdemocracia, carente de ideas luminosas que aportaran a la izquierda del siglo XXI.
El tercer aspecto de la crisis ideológica lo relaciona Brunner, con la transformación de la principal potencia ‘comunista’ del siglo XXI. La revolución china del siglo XX ha dado lugar a un modelo híbrido que al combinar autoritarismo y capitalismo, desafía los esquemas tradicionales de las izquierdas. El modelo de Xi Jinping, autodenominado “socialismo con características chinas", se caracteriza por la fusión del control estatal estricto, -ejercido por un partido único-, con un sector empresarial orientado al mercado. Este capitalismo de Estado asiático -que crece con eficiencia, pero restringe las libertades políticas- cuestiona el antiguo principio comunista de que el desarrollo solo es posible mediante la planificación central, la existencia de mecanismos de control burocrático y una cultura de aparatos públicos.
Breve síntesis
Lo positivo es el desmoronamiento y caída del ‘socialismo del siglo XXI’ y la perspectiva de que Latino América inicie una etapa de liberación auténtica, que es de esperar continúe impulsada por vientos favorables. En definitiva, las alianzas ideológicas maquiavélicas que dirigían a la izquierda regional yacen agotadas, antes de convertirse en pesadillas del pasado.
En el caso de Chile la renovación a través del Frente Amplio ha sido un fracaso nítido y rotundo. Su reciente derrota es fruto de una larga historia de estancamiento intelectual. Sin objetivos claros la izquierda chilena y la latinoamericana se volvieron víctimas del vacío ideológico, de la improvisación táctica y de narrativas deficientes que no lograron movilizar con eficacia las energías ciudadanas.
















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