Jorge Varela
Clarence Finlayson y la contemplación
La intuición como chispazo de vida superior
“Analítica de la contemplación” se denomina una de las obras del filósofo chileno Clarence Finlayson. En su prólogo afirma: “He querido ofrecer, con estas meditaciones, a ese reducido número de inteligencias que, en pleno siglo de técnica, de afloración y materia, se levantan a coger la miel de las cosas, a enfrascarse en la contemplación de la Idea, una serie de pensamientos sobre los valores supremos de la existencia… Me sentiría feliz y satisfecho si el contenido de ellas se plasmara en un ideal de vida”.
Amor y contemplación
Finlayson sostiene que la vida es “vivir sin cesar en contacto con las supremas realidades… En todas las actividades de los seres radica el amor como causa de la acción. El amor mueve al mundo. Logos (pensamiento, discurso, palabra) sin amor es absurdo. Ambos se compenetran en unidad inefable”. “He aquí la vida… Esa unidad es el objeto de la vida”.
“La intelección tiene con el amor muchas semejanzas”. Ambas suponen correlaciones de objeto y sujeto. “El rol que desempeña el amor en la intuición es formidable. El amor en el orden sensible frecuentemente adivina hechos y preestablece relaciones… Los grandes amadores se parecen a las grandes genialidades, ambos intuyen en el ser, ambos adivinan, ambos se enriquecen en continuas contemplaciones”. “Contemplación y amor son los dos polos alrededor de los cuales gira toda la creación… La contemplación es un retorno al origen… una marcha reflejadora del perenne retorno de los seres hacia el Ser”. “La contemplación tiende a lo absoluto como a su eydos (esencia) interior. Él es su vida, su aspiración, su vibrar de amor… El amor y la felicidad son los efectos del continuo acercamiento por transformación de los seres en su Principio”.
La verdad, la bondad y la belleza
Finlayson analiza la contemplación en la captación de las tres propiedades trascendentales del ser: la verdad, la bondad y la belleza. “La verdad es la inteligibilidad de la realidad”. Una adecuación entre una realidad externa y una interna, una representación fiel e intelectual del ser. “Antes de formular un juicio… penetremos en la mente un concepto de ese algo; la comparación se realiza con ese concepto; si éste está conforme con la realidad hemos plasmado verdad, si disconviene hemos errado”.
“La bondad, el bien, es la bonificación del ser, es decir, la cosa en cuanto considerada en una relación entre ser y querer, entre realidad y voluntad… La belleza es el reflejo del ser en su armonía, en la perfección de su forma, en el esplendor de su constitución estructurada, en la claridad espiritual de su orden”. “La belleza es espíritu… La belleza de la materia no es material sino espiritual”.
“La contemplación del ontólogo capta al ser en función del ser, la del artista coge del ser la belleza, la armonía; el santo intuitivo contempla al ser en cuanto expresión de bondad, de hermosura, de reflejo de la Divinidad”.
La intuición un chispazo de vida superior
“La substancia de la contemplación es una sustancia ontológica. La esencia misma del acto-sujeto de la contemplación es la intuición… La intuición se encuentra en todo acto de entendimiento, aún en el razonamiento más discursivo y lento”. “La intuición es el acto por el cual la inteligencia contempla al ser… Realiza en un instante indivisible (de golpe) la unión del sujeto con el objeto-ser”. “Es un chispazo de vida superior que de pronto nos ilumina… La contemplación es una actividad netamente intelectual”.
“La inspiración es el estado del intuitivo… La inspiración viene a ser la intuición mantenida”. No obstante, la intuición en lo humano es siempre imperfecta, no descorre totalmente el velo. “Penetrar violentamente en las entrañas del ser, sin detención en lo intermediario, es lo que determina y distingue a la intuición… La realidad interior de toda intelección es la intuición. “La intuición es el substratum de todo razonamiento, por lento que sea”. Es una operación intelectual por excelencia. “La intuición nos acerca más al ser que todo razonamiento: ella exige una capacidad-espiritual que como espíritu penetre la realidad”.
“El intuitivo vive entre dos mundos, entre lo analógico y lo unívoco, lo negativo y lo positivo, lo aparente y lo eydético”, (aquello vinculado a la esencia).
El ser y el conocer
¿Qué es el ser? “Ser es lo más universal, es todo aquello que es o puede ser… El ser es antes que el conocer”. “Sin embargo ambos se identifican supremamente… El conocer humano tiende a unirse, como el amor, a confundirse. La meditación más maravillosa en que la inteligencia puede ocuparse estriba en la contemplación de la identidad del ser y el conocer”.
“Todo ser en cuanto ser es el objeto primordial del entendimiento. El conocer tiende al ser. El conocer tiende a unirse como el amor, a confundirse con el objeto conocido; de éste recibe todo su valor de representación; en el seno del sujeto -conciencia espíritu- se plasma el eydos del conocer”. Se ha definido sustancialmente “el conocimiento como un acto de relación: la especie inteligible es representativa y realiza unión entre el objeto y el sujeto”. “El conocer, que se define como movimiento intencional hacia la realidad, expresa siempre esta tendencia a la unión. Conocer es algo profundo. Es un acto vital, interno, inmanente. El conocer es un retorno a lo absoluto y mientras más intuitivo y perfecto, más ‘absoluto’”.
El conocimiento místico
“Si nuestra mente pudiera conocer intuitivamente y ponerse en contacto directo con la esencia de las cosas y aprehenderlas positivamente —piensa Finlayson— caeríamos en éxtasis. La esencia de la Mística es la contemplación. La Mística está por encima del modo natural de conocer. El conocimiento místico es el más alto y substancioso que se ha dado a la mente humana”.
“La época presente, amadora del devenir por el devenir, del ethos por el ethos (rasgos, comportamientos que conforman identidad), no intuye su propia contradicción. Todo ethos profundo exige la contemplación honda del logos. La acción de todas las fábricas, laboratorios, planteles… se paralizaría en un instante el día en que los hombres, algunos privilegiados, cesaran de contemplar. Todo progreso sufriría detención, la muerte reinaría sobre la materia, el caos sobre la civilización”.
“El caminante en los senderos de la contemplación recorre largas distancias sin moverse, perfora el tiempo-espacio (traspasa esa cárcel), escapa al cosmos, influye en la humanidad más que pueblos enteros en lenta elaboración. “Toda substancialidad, física y moral, material y espiritual… ha sido para el contemplativo fuente de luz”.
















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