Pedro Corzo

La manipulación del terror

11 de septiembre: memoria, terrorismo y el futuro de Estados Unidos

La manipulación del terror
Pedro Corzo
17 de septiembre del 2026

 

Ha pasado más de un cuarto de siglo desde el día en que Estados Unidos se conmovió hasta sus cimientos. Fue una dolorosa evidencia del resentimiento y el odio que sienten gobiernos y personas hacia un país que, con defectos, errores y numerosos aciertos, ha conquistado cotas que sus propios enemigos quisieran alcanzar.

El 11 de septiembre de 2001 permanecerá en la memoria colectiva de esta nación con una intensidad semejante a la del 7 de diciembre de 1941, fecha del ataque de Japón a Pearl Harbor. Son fechas que nadie podrá ignorar, porque fueron sucesos que marcaron un antes y un después para este país y para el resto del mundo. Porque lo que sucede aquí no se queda aquí: le da la vuelta al planeta en cuestión de segundos.

Me encontraba en la sala de redacción de Radio Martí. Los televisores estaban encendidos cuando alguien llamó la atención sobre el incendio en una de las desaparecidas torres. No creo que alguno de nosotros conjeturara que se trataba de un acto terrorista. Esa convicción nos atrapó cuando la segunda aeronave impactó contra la otra torre. Aquello fue una evidencia demoledora. Creo que todos pensamos en las víctimas de aquel acto horrendo, mientras nos percatábamos de que nadie está protegido del mal.

Había visitado las torres unos meses antes. Fue una experiencia extraordinaria, pero lo más impresionante para mí fue la velocidad que adquirían aquellos ascensores y la fabulosa vista de la célebre manzana, que temo esté en proceso de descomposición, tanto por las amenazas externas como por el liderazgo ideológico que la conduce en la actualidad. Ver a la congresista Alejandra Ocasio-Cortez y al alcalde Zohran Mamdani riendo durante la ceremonia conmemorativa de los atentados, como si hubieran estado en un acto social, podría interpretarse como un descuido o como una señal de que no sienten el más mínimo respeto por la memoria de quienes fueron asesinados por el terrorismo islámico.

La historia ha demostrado que una clase política equivocada puede hacer tanto o más daño que la conflagración más catastrófica. Y no tengo dudas, por experiencia, de que ambos políticos auspician el peor futuro para este país, porque sus propuestas han fracasado en todos los países en los que han llegado al poder, aunque ellos, para justificarse, repitan como un mantra que el socialismo nunca ha sido construido.

Desde aquel aciago día, el país ha cambiado mucho. Los actos terroristas no triunfaron en su propósito de hacer que los gobiernos nos obligaran a vivir en estado de sitio, pero el conocimiento de que el peligro es una constante y de que los depredadores están al acecho, esperando la oportunidad para atacar y causar los mayores daños posibles, es una realidad que no deja de lastrarnos.

La confianza del pasado se ha extinguido, haciendo más que necesarias las medidas de seguridad en todos los ámbitos. Los controles y chequeos pueden molestarnos, pero nos protegen.

El terror es un eficiente medio de control y manipulación. La falta de escrúpulos de los terroristas es inconcebible. Son capaces de repetir crímenes horrendos como los del 11 de septiembre y superarlos. Su creatividad para el mal es ilimitada. Por eso, los conflictos, aunque en ocasiones son muy devastadores, resultan inevitables.

Por ejemplo, en su momento fue forzoso el conflicto bélico con Afganistán, que era el santuario de los criminales más crueles y el refugio del peor de todos: Osama Bin Laden.

En la actualidad, el trance bélico con Irán es más que pertinente. La dictadura teocrática de la antigua Persia no solo violenta a su propio pueblo, colgando de grúas a quienes se le oponen o a aquellos que simplemente exponen públicamente su descontento, sino que también ataca a sus vecinos y niega la existencia de Estados, como hace con Israel.

La teocracia iraní es el régimen que más contradice los valores de Occidente, combinando diferentes recursos para imponer sus planes. Recurre a prácticas financieras, institucionales, militares y tecnológicas para aplicar formas de guerra asimétrica con el objetivo de desestabilizar a sus enemigos, mientras busca aliados en zonas de interés para Estados Unidos, con el propósito de tener la oportunidad de atacar por la retaguardia. De ahí su estrecha colaboración con Cuba, Nicaragua, Bolivia y la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Teherán ha utilizado los recursos del país para forjar fuerzas que impongan su voraz apetito de poder en todas partes, como lo evidencian las acciones de Hezbolá, la organización insignia de los ayatolás, que opera como milicia armada y partido político; los hutíes, en la costa occidental de Yemen, que atacan a los aliados de Occidente con los recursos que Irán les suministra; y también Hamás, que recibe armas y financiamiento del mismo patrón.

Pedro Corzo
17 de septiembre del 2026

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