Renatto Bautista
El voto preferencial y la experiencia peruana
Países con una sólida tradición democrática cuentan con listas cerradas para la elección parlamentaria
El líder fundador del APRA y patricio de la democracia peruana, Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979), señaló lo siguiente en el discurso inaugural de la Asamblea Constituyente (1978-1979):
“Superando gallardamente los escollos de una legislación electoral enmarañada con la introducción del absurdo voto preferencial, el pueblo peruano optó por el camino de la democracia y de los partidos en que la democracia se sustenta, y quedó confirmada, con la experiencia peruana, la luminosa frase del apóstol cubano José Martí, quien dijo: ‘Cuando el sufragio es ley, la Revolución está en el sufragio’”.
El voto preferencial fue establecido por disposición de la dictadura militar (1968-1980) en relación con el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), con el objetivo de fragmentar la votación del principal partido de masas de aquella contienda electoral, el APRA. La intención era clara: demostrar que Haya de la Torre no era el líder indiscutible del partido. Sin embargo, el APRA se organizó de tal manera que realizó campaña únicamente por el “C-1”. En aquella época, la cédula de votación no incluía símbolos partidarios, como ocurre hoy, sino letras; en el caso del APRA, la letra asignada fue la “C”. Haya de la Torre ganó la elección con 1 038 642 votos preferenciales, mientras que el total de votos obtenidos por el APRA fue de 1 241 174 (35 %), lo que le permitió alcanzar 37 asambleístas constituyentes de un total de 100. Indudablemente, se trató de un enorme triunfo político para Haya de la Torre, quien contaba entonces con 83 años y fue el único político peruano que se enfrentó a todas las dictaduras militares de aquellos años aciagos del siglo XX.
Como se ha demostrado, el voto preferencial se implementó en el Perú desde la elección de la Asamblea Constituyente de 1978 y continúa vigente hasta la actualidad. En cada elección parlamentaria se observa la lucha cainita entre los candidatos de un mismo partido por obtener un determinado número preferencial. Asimismo, en las elecciones generales, los partidos políticos terminan subdividiéndose al extremo debido a esta competencia interna. Las principales avenidas de las ciudades peruanas se ven inundadas de pancartas con números preferenciales, en lugar de concentrar esfuerzos en fortalecer a las organizaciones políticas para alcanzar un mayor número de escaños.
Es válido señalar que los defensores del voto preferencial —posición que no comparto— sostienen que este mecanismo fortalece la democracia representativa al permitir que el elector decida quién debe ser parlamentario. No obstante, en el caso peruano ocurre lo contrario, ya que, con excepción del APRA y el PPC, las demás organizaciones no funcionan como partidos políticos, sino como franquicias electorales conformadas por aventureros. No existe una verdadera democracia interna. Salvo el APRA, las demás agrupaciones han aprobado sus listas parlamentarias mediante delegados, lo que en la práctica significa que el dueño del partido decide quién ocupa los primeros y los últimos lugares. Predomina así la dedocracia del líder todopoderoso, sin respeto por el militante de base, burlándose la democracia representativa en manos de políticos que se creen predestinados de la historia. El voto preferencial solo tendría sentido si existiera una auténtica democracia interna en todos los partidos, situación difícil en un país donde impera la informalidad.
Finalmente, cabe mencionar que países con una sólida tradición democrática cuentan con listas cerradas para la elección parlamentaria, como Francia —cuna del liberalismo político—, España y Portugal. Asimismo, la primera democracia liberal y representativa del mundo, los Estados Unidos de América, utiliza listas cerradas para elegir a sus diputados y senadores. Este hecho demuestra que el voto con lista cerrada no es, en modo alguno, antidemocrático.
A modo de conclusión, se considera necesario promover un debate nacional sobre el voto preferencial, el cual ha terminado degenerando en una guerra cainita entre los candidatos de los distintos partidos políticos. En ese sentido, se sostiene que el voto preferencial ha perdido sentido y debería ser eliminado en el Perú, obligando a los partidos políticos, por mandato legal, a realizar elecciones internas para elegir a sus candidatos a diputados, senadores y al Parlamento Andino. Tal como se señaló en un artículo previo, tampoco debería aplicarse la alternancia ni la paridad en las listas del Parlamento bicameral, del Parlamento Andino, de los consejos regionales ni de las regidurías. Ojalá que el próximo Parlamento tenga el coraje y la frontalidad necesarias para impulsar estas reformas electorales, indispensables para construir un mejor Perú con la mirada puesta en el siglo XXII.
















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