Heriberto Bustos

El laberinto de la crisis

¿Estamos a tiempo de salvar el mañana?

El laberinto de la crisis
Heriberto Bustos
19 de febrero del 2026

 

Cayó Jerí y el vacío se llenó con la misma incertidumbre de siempre. Pero el problema no es el nombre que se va, sino el sistema que se queda. Vivimos entre la corrupción que nos roba el futuro, una inseguridad que nos quita el sueño y una informalidad que es el síntoma de un Estado ausente. Un contexto en el cual, la salida del informal y sinvergüenza presidente constituye la última ficha de un dominó que parece no terminar de caer. 

En un escenario donde la inestabilidad política es el pan de cada día, la inseguridad nos encierra en casa y la informalidad es el único refugio para una economía que asfixia. La caída de Jerí no es solo un cambio de nombres; es el síntoma de un sistema que parece estar en cuidados intensivos. Hoy el asunto no es quién tomó el puesto, sino para qué lo hizo.

A pesar del caos, el motor del país sigue siendo su gente. Esa informalidad que criticamos es también el reflejo de un espíritu resiliente que no se rinde ante la falta de oportunidades. Por ello importa remarcar que si bien la política ha perdido su esencia de servicio para convertirse en un ejercicio de supervivencia personal; el país no es un botín de guerra ni una agencia de empleos para los allegados. Es hora de señalar machaconamente que el Estado requiere de gestión y que la corrupción no es un "costo de hacer negocios", es el cáncer que roba medicinas de los hospitales y la seguridad de las calles. Quien asume el vacío dejado, debe entender que no hereda un cargo, sino una última oportunidad de reconciliarse con la historia. 

Lo hasta ahora ocurrido no es solo un asunto de los poderes del Estado. En ese sentido los ciudadanos no podemos exigir integridad si en las urnas premiamos al "que roba pero hace obra". La crisis de liderazgo que sufrimos es, en gran medida, el reflejo de nuestras propias decisiones y de nuestra indiferencia. Es hora de despertar: la informalidad que vemos en las calles empieza en la informalidad con la que emitimos nuestro voto. No se queje del incendio quien ayudó a comprar la gasolina. Ser ciudadano es más que tener un DNI; es fiscalizar, cuestionar y, sobre todo, elegir con la razón por encima del hígado o el bolsillo inmediato.

Siendo nuestra indiferencia es el abono de esta crisis, es momento de dejar de ser habitantes para convertirnos en ciudadanos. En esa línea bien vale decir a los “gobernantes”: basta de usar el poder como botín, necesitamos seriedad, no circo, compromiso, no conveniencia. Y a los electores: la culpa no es solo del que miente, sino de quien premia al "roba, pero hace obra". 

Corresponde a quien toma la posta, convertirse en administrador de crisis y facilitador de salida; no es momento de hacerse notar sino de dar tranquilidad. Debe actuar como un puente, no como un protagonista, evitando cualquier escándalo que termine de quebrar la poca confianza que le queda al ciudadano; entender que con la inseguridad en niveles críticos, no hay tiempo para cambiar estrategias de fondo; en términos económicos: mantener la disciplina fiscal para que la inestabilidad política no dispare la inflación o el tipo de cambio; en el escenario social inmediato: asegurar que los servicios públicos básicos (salud y educación) funcionen sin interrupciones por el cambio de mando; finalmente, en cuanto al momento electoral: la tarea principal es asegurar que el aparato estatal no se use para favorecer a ningún candidato.

Cierto es que aún hay esperanza, pero no llegará por sorteo, nace de nuestra vigilancia y de entender que el voto es un contrato, no un favor; nuestra responsabilidad va por actuar con “menos hígado” y más conciencia: un país mejor se construye con ciudadanos, no con espectadores. 

La cuestión es no esperar sentados a que llegue un "salvador"; la verdadera esperanza reside en la organización civil, en la vigilancia ciudadana y en la convicción de que merecemos algo mejor. El país es más grande que sus malos gobernantes. 

Heriberto Bustos
19 de febrero del 2026

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