Dardo López-Dolz

El cuento chino del “patio trasero”

La polémica reacción de China a la llegada al perú de Marco Rubio

El cuento chino del “patio trasero”
Dardo López-Dolz
11 de septiembre del 2026

 

El martes 8 de septiembre, horas antes de que el secretario de Estado Marco Rubio aterrizara en Lima, la Embajada de China publicó en redes sociales una frase contundente: “El hemisferio occidental no es el ‘patio trasero’ de nadie”. La misión diplomática respondía a la columna que Rubio había publicado esos días en El Comercio, donde anunciaba el ingreso del Perú al Escudo de las Américas y cuestionaba que proyectos respaldados por el Partido Comunista Chino pasaran por alto el marco legal peruano.

Hay un detalle incómodo para Beijing: Rubio nunca usó la palabra “backyard” en ese artículo. Habló del “derecho soberano” de cada país para elegir a sus socios, de inversiones “transparentes” y de proteger los “intereses de seguridad” del hemisferio. La Embajada china no estaba respondiendo a lo que Rubio realmente escribió esa semana; estaba respondiendo a una caricatura de varias décadas de antigüedad, fabricada originalmente por la izquierda latinoamericana, que ahora Beijing recicla con traducción incluida.

En inglés backyard es una palabra doméstica y sin carga despectiva alguna: el patio privado detrás de una casa, donde una familia tiene un jardín, hace parrillas, deja jugar a los niños. Se opone al front yard  el patio delantero, la cara pública de la casa , no a un lugar de servidumbre.

Cuando se usa en política (in our backyard), la expresión señala cercanía geográfica y, por extensión, una preocupación legítima de seguridad: algo está lo bastante cerca como para importarnos. No implica posesión, dominio ni degradación. El propio Rubio la usó en enero de 2026, al prometer eliminar amenazas narcoterroristas from our backyard durante la operación contra Nicolás Maduro. Y, más revelador aún, un alto funcionario peruano usó el mismo término este año para describir a las empresas chinas que, según dijo, tratan al Perú como su propio “backyard” aprovechando la debilidad institucional del país.

Nuestra expresión “patio trasero” no tiene esa inocencia. Aunque la traducción literal es correcta “patio + trasero (de atrás)”, en el uso político español la frase ha acumulado un significado mucho más duro: evoca la puerta de servicio, el espacio reservado para la basura y para quienes trabajan ahí, no para quienes viven en la casa. Introduce una jerarquía que el vocablo en inglés no contiene: adelante (digno, visible) contra atrás (subordinado, oculto). La traducción literal es correcta en el diccionario y falsa en el sentido político, cuela una acusación de servidumbre que la palabra original, por sí sola, jamás conllevó. 

Cuando la retórica de izquierda traduce backyard como “patio trasero” para describir la relación de Estados Unidos con América Latina, no está ofreciendo una traducción neutral: está engañando deliberadamente al subir el tono transformándola en  insulto. Una herramienta retórica vieja, con nuevo dueño.

Esta trampa de traducción tiene largo recorrido en la izquierda regional. Buena parte del discurso antiimperialista de las últimas décadas (incluidas corrientes históricamente cercanas a sectores de la izquierda peruana) describe la política histórica de Washington como la conversión de América Latina en su “patio trasero… sin autonomía ni soberanía”, invocando siempre la Doctrina Monroe como telón de fondo. 

Hoy el Partido Comunista Chino empuña hoy esa trampa a través de su embajada en Lima adoptando el mismo guion comunista: invocar backyard, traducirlo como el más duro “patio trasero”, y presentarse como defensora de la soberanía latinoamericana frente a una acusación que, en esta ocasión concreta, Washington no formuló.

¿Por qué importa la precisión? Nada de esto resuelve el debate de fondo sobre los términos de la inversión china, la jurisdicción del puerto de Chancay o la postura antinarcóticos de Washington en la región: son preguntas legítimas que merecen escrutinio riguroso, venga de donde venga. Pero un debate serio exige traducir con precisión los términos en disputa. Cuando backyard se convierte en “patio trasero” por costumbre retórica y no por necesidad lingüística, la discusión deja de tratar sobre hechos y pasa a tratar sobre supuestos agravios en realidad inexistentes.

Dardo López-Dolz
11 de septiembre del 2026

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