Berit Knudsen

De Bretton Woods al orden que Washington pone en duda

¿Desaparecerán el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional?

De Bretton Woods al orden que Washington pone en duda
Berit Knudsen
10 de septiembre del 2026

 

En agosto de 1941, cuatro meses antes de que Estados Unidos entrara formalmente en la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill cruzó el Atlántico para reunirse con Franklin D. Roosevelt a bordo del USS Augusta, en las costas de Terranova. De ese encuentro nació la Carta del Atlántico, breve documento que, junto a principios políticos, comprometía a ambos países a buscar «acceso, en condiciones de igualdad, al comercio y materias primas del mundo» y promover «la colaboración económica más completa entre todas las naciones». No fue un plan financiero, sí una primera aproximación al orden que los aliados imaginaban después de la guerra.

Ese pensamiento se convirtió en negociación en 1942, cuando el economista británico John Maynard Keynes y el funcionario del Tesoro estadounidense Harry Dexter White diseñan la arquitectura monetaria de posguerra. El resultado se presenta en julio de 1944 en Bretton Woods y 44 países acordaron crear el Fondo Monetario Internacional (FMI), para vigilar la estabilidad cambiaria y otorgar préstamos a países con problemas de balanza de pagos, y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, núcleo del actual Banco Mundial, para financiar la reconstrucción europea y luego el desarrollo. La conferencia se llamó oficialmente «Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas»: la ONU como organización no existiría hasta San Francisco en 1944. Naciones Unidas era el nombre de la coalición aliada. Desde entonces rige una convención informal según la cual la presidencia del Banco Mundial recae en un estadounidense y la dirección del FMI en un europeo, nunca un británico.

Los negociadores de 1944 imaginaron una Organización Internacional de Comercio, pero el Congreso de Estados Unidos no ratificó el tratado. Sobrevivió el GATT (1947), acuerdo provisional formalizado como Organización Mundial del Comercio en 1995, tras múltiples trasformaciones.

Esta estructura se levantó sobre una realidad: Europa y Asia salían devastadas de la guerra y solo Estados Unidos conservaba intacta su economía, con las mayores reservas de oro del mundo. Así, aceptaron anclar sus monedas al dólar, y el dólar al oro a 35 dólares la onza. El dólar se convierte en la moneda del sistema no por imposición sino por ausencia de alternativas.

El ancla se rompe en 1971, cuando Nixon cerró la ventana del oro, pero el dólar nunca perdió su lugar central. Según la Encuesta del Banco de Pagos Internacionales (2025), el dólar interviene en 89,2% de las operaciones cambiarias del mundo, frente al 28,9% del euro, 16,8% del yen japonés y el renminbi chino alcanza 8,5% (calculado sobre 200%). Los bancos centrales retienen reservas oficiales (FMI, 2025) 57% en dólares, el euro 20% en euros y 6%. en yenes. Luego de ochenta años, el peso económico mundial se diversifica más rápido que su arquitectura monetaria.

En Bretton Woods, Keynes propuso una unión de compensación –con moneda propia, el bancor– para penalizar a los países deficitarios y a los que acumularan superávits comerciales persistentes, obligándolos a revaluar su moneda, prestar excedentes o estimular su demanda interna. White, representante de Estados Unidos, preveía terminar la guerra como acreedor del mundo. Rechazó esa simetría: adoptando un sistema que disciplina con fuerza a quien gasta de más, pero no a quien ahorra demasiado. Esa asimetría explica la tensión comercial con China: escaso consumo interno frente a una enorme capacidad productiva. Los excedentes chinos son absorbidos por economías deficitarias, especialmente Estados Unidos. La industria manufacturera y los trabajadores norteamericanos cargan parte del ajuste que Keynes quiso evitar. Washington, coautor de las reglas de 1944, hoy se siente perjudicado.

Federico Steinberg advierte que la pregunta no es si el FMI y el Banco Mundial desaparecerán. Sobrevivieron al colapso del patrón oro. Pero ¿serán capaces de reformar la gobernanza y reglas de ajuste con suficiente rapidez para continuar siendo relevantes en el mundo que Estados Unidos ayudó a crear?

 

Berit Knudsen
10 de septiembre del 2026

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