Berit Knudsen

Un mundo, dos órdenes paralelos

Es un proceso en marcha, una construcción inconclusa

Un mundo, dos órdenes paralelos
Berit Knudsen
20 de agosto del 2026

 

¿Qué es el orden mundial? En su forma mínima, el orden es la existencia de pautas previsibles que permiten la convivencia. Hedley Bull habla de tres metas elementales que las sociedades necesitan garantizar: seguridad frente a la violencia, respetar acuerdos y estabilidad de posesión o propiedad. Parten del individuo, se proyectan hacia los Estados y la posesión se convierte en territorio. El orden internacional traslada esas metas a la convivencia entre Estados.

Sobre esa base se construyen dos capas de instituciones. Las primarias son prácticas de fondo, como la soberanía, diplomacia, derecho internacional, derechos humanos. Las secundarias son organizaciones internacionales que administran esas prácticas: ONU, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio, Organización Mundial de la Salud. Esa distinción explica una paradoja. Mientras Estados Unidos se retira de organizaciones como la OMS, mecanismos de apelación de la OMC o agencias de desarrollo, China las reivindica. Ese proceso no comienza con Trump, pero él lo acelera y visibiliza.

China construye una visión propia. La Comunidad de Destino de la Humanidad, formulada por Xi Jinping en 2013, no rechaza el multilateralismo, lo defiende y reformula. Los pilares de su visión son tres iniciativas. Desarrollo Global, remediar la pobreza e infraestructura del Sur Global. Seguridad Global, resolver conflictos mediante diálogo y seguridad de cada Estado. Y la Civilización Global, defiende la diversidad cultural y la soberanía nacional como valor universal, propuesta centrada en una soberanía westfaliana pura: Estado, sin participación popular.

En esta línea, la soberanía y sus dos linajes se confunden. La soberanía nacional, nacida en Westfalia (1648), reside en el Estado y prohíbe la injerencia externa sin importar la forma de gobierno. La soberanía popular, hija de la Ilustración, reside en el pueblo. De ella deriva la democracia, derechos individuales y rendición de cuentas. El orden liberal combinó ambas, así, la comunidad internacional puede cuestionar al Estado que viole los derechos de su propia población. Pero China defiende la soberanía nacional y bloquea la soberanía popular. Muy conveniente para su modelo autoritario, porque una soberanía que no reside en el pueblo blinda al gobernante frente a toda exigencia democrática.

Respecto al orden, los Estados pueden adoptar cuatro posiciones. Integrarse, aceptar el orden y operar dentro de sus instituciones. Revisionismo, reformular algunas reglas, paradójicamente, lo que busca Trump. Paralelismo, construir instituciones que compiten con las existentes. Y los revolucionarios que rechazan totalmente el orden, como Irán o Cuba. China, muestra una fachada revisionista, pero usa las instituciones secundarias para romper instituciones primarias. 

Para entender las posiciones es necesario leer entre líneas las propuestas. El lenguaje amable y colaborativo –sobre diálogo, diversidad o desarrollo– resulta atractivo para buena parte del Sur Global. Pero ese lenguaje que protege a los países frente a la injerencia occidental protege también a cualquier gobierno frente a la exigencia democrática. Ese estilo multilateral blinda a Pekín y su sistema autoritario.

En este contexto, lo que el mundo percibe como ausencia de orden o desorden prolongado, es un proceso en marcha: una construcción inconclusa. El mundo lo vivió antes. Hubo un largo intervalo sin marco común antes de Westfalia, otro entre el derrumbe napoleónico y el Congreso de Viena, también entre las dos guerras mundiales y la arquitectura que nació en 1945. Cada vacío aparente fue, visto en perspectiva, la antesala de un nuevo orden. 

Lo que distingue al momento actual es un aparente desorden prolongado, que quizá no desemboque en un único orden, sino en órdenes paralelos que no sabemos cómo convivirán. No es el fin del orden: es un intervalo incómodo hasta entender qué forma tomará.

Berit Knudsen
20 de agosto del 2026

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