Carlos Adrianzén

Los secretos mejor olvidados

¿Seguiremos haciendo uan economía básicamente extractiva?

Los secretos mejor olvidados
Carlos Adrianzén
19 de agosto del 2026

 

Uno de los secretos mejor guardados sobre la performance de la economía peruana durante las últimas dos décadas es que solemos sobreestimar la importancia de la bonanza externa que recibió el país. Sin duda, el Perú atravesó un período excepcionalmente favorable en términos de precios internacionales. Los términos de intercambio evolucionaron positivamente, elevando el valor relativo de nuestras exportaciones frente al costo de las importaciones, como se aprecia en la Figura A. 

Sin embargo, este fenómeno no basta para explicar el comportamiento exportador del país. Los precios favorables ayudan a entender el incremento del valor exportado, pero no explican por sí solos el aumento de los volúmenes exportados. Ni el desempeño de las exportaciones primarias, particularmente el trabajo persistente de mineros y agricultores requiere una explicación adicional.

De hecho, son pocos quienes sostienen hoy que el Perú opera bajo un régimen de libre flotación cambiaria. Como reconoce el propio Banco Central de Reserva, el país mantiene un esquema de intervención activa en el mercado de divisas. En otras palabras, el tipo de cambio nominal es administrado (léase controlado activamente) mediante compras y ventas de moneda extranjera.

Esta política permitió durante muchos años cumplir con la meta inflacionaria y preservar la estabilidad monetaria. Sin embargo, también tuvo efectos sobre el tipo de cambio real (afectó su tendencia). Tal como muestra la Figura B, la intervención cambiaria contribuyó a mantener un dólar real relativamente barato.

Un tipo de cambio real apreciado beneficia a los sectores importadores, pero reduce la competitividad de quienes producen bienes y servicios transables. Esta situación fue parcialmente compensada por el favorable comportamiento de los precios internacionales. Pero también coincidió con un proceso político interno que fue alejando al país de una economía de mercado más abierta y dinámica.

Paradójicamente, mientras el Perú perdía impulso reformista, buena parte de América Latina experimentaba deterioros institucionales y económicos aún más profundos. En comparación con sus vecinos –gobernados por Lula de Silva, Sheimbaun, Boric, Petro, Maduro, Morales y hasta hace poco Fernández–, el país seguía apareciendo como una alternativa relativamente atractiva para el capital extranjero.

La evidencia presentada en la Figura C resulta ilustrativa. A pesar de la creciente incertidumbre política local desde 2011, el Perú captó captando importantes flujos de inversión reflejados en la Cuenta Financiera privada de la Balanza de Pagos. No fue necesariamente consecuencia de un entorno interno ejemplar, sino del contraste con economías vecinas que deterioraban aceleradamente sus condiciones para la inversión privada.

Este contexto contribuyó a sostener sectores como la agroexportación, cuyo desarrollo no puede entenderse sin considerar tanto las reformas implementadas a inicios de los años noventa como ciertas decisiones de política económica adoptadas por países competidores de la región, que terminaron favoreciendo indirectamente la posición peruana en los mercados internacionales.

 

Ni con ayuda

Sin embargo, una evaluación fría de los hechos obliga a reconocer que el desempeño exportador peruano pudo haber sido considerablemente mejor. Por un lado, el país disfrutó simultáneamente de una reputación monetaria fortalecida por el control de la inflación y de términos de intercambio excepcionalmente favorables. Además, gran parte de la región experimentaba pérdida de competitividad y salidas de capital.

Por otro lado, en el frente interno se acumulaban factores que limitaban dicho potencial: un régimen de dólar administrado, un manejo deficiente de la pandemia y una sucesión de medidas que frenaron la inversión privada y redujeron la confianza empresarial.

La Figura D resume esta contradicción. Lo que observamos es un auge incompleto. A pesar de las condiciones externas excepcionalmente favorables, los resultados exportadores no alcanzaron todo su potencial. La minería mantuvo su dinamismo gracias a la resiliencia empresarial. La agricultura de exportación continuó creciendo casi contra la corriente de la moda política local con Sagasti o Castillo. En contraste, gran parte del resto de actividades exportadoras mostró avances mucho más modestos.

La Figura E permite completar el análisis. La tasa de exportación de mercancías, como porcentaje del producto, permanece dentro de los rangos históricamente observados en el país. Es decir, aunque los valores exportados en dólares corrientes alcanzaron niveles sin precedentes, la transformación de la economía peruana fue y sigue siendo limitada.

El desafío de convertir al Perú en una economía altamente exportadora, con ventas externas superiores al 100% del PBI, continúa pendiente. Más rezagado aún se encuentra el sector servicios, donde actividades como el turismo, la logística, la educación o los servicios empresariales internacionales mantienen un amplio potencial sin desarrollar.

En consecuencia, el país ha vivido una etapa de crecimiento importante pero decreciente, y además insuficiente para modificar de manera decisiva su base económica. Se trata de un auge relativo en el que buena parte de las tareas fundamentales aún permanecen sin concluir.

 

A modo de corolario

Esta es la gran lección que, al parecer, casi nadie le ha explicado a la nueva presidente. Mientras no se apliquen reformas de mercado profundas y decididas, seguiremos ubicados en nuestros estándares históricos. En otras palabras, el vaso permanecerá medio vacío. 

Aunque el país siga siendo una de las plazas con mayor captación relativa de recursos del exterior en la región –una afirmación cada vez más discutible para los años venideros, ante la irrupción de liderazgos como los de Kast en Chile, Milei en Argentina y De la Espriella en Colombia, así como ante las posibles vueltas de Bolsonaro en Brasil y Machado en Venezuela–; y aun contando con un contexto internacional de precios tan favorable, sin agresivas reformas orientadas al libre mercado, continuaremos siendo simplemente otra economía extractiva. Una economía en la que las exportaciones no generan un efecto recurrente sobre la inversión privada, ni logran incorporar a amplios sectores de la población a los beneficios del crecimiento económico.

Carlos Adrianzén
19 de agosto del 2026

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