Darío Enríquez

La economía agéntica y el futuro del trabajo humano

Crónica de un dilema socio-económico anunciado

La economía agéntica y el futuro del trabajo humano
Darío Enríquez
11 de septiembre del 2026

 

La incorporación intensiva de inteligencia artificial en las organizaciones podría desencadenar una transformación difícilmente comparable con anteriores revoluciones tecnológicas. La adopción de empresas “agénticas”, capaces de delegar en sistemas de IA buena parte de sus procesos administrativos, analíticos y de coordinación, promete importantes ganancias de productividad. Un equipo reducido, apoyado en agentes digitales, podría ejecutar lo que hoy requiere cientos de trabajadores, reduciendo costos operativos y presionando los precios a la baja.

Sin embargo, esta dinámica encierra una paradoja macroeconómica. Si la producción aumenta mientras disminuye la masa laboral requerida, podría erosionarse el circuito tradicional donde los salarios financian el consumo que sostiene a las propias empresas.

Se suele argumentar que revoluciones como la mecanización, la electrificación y la informatización terminaron creando más empleos de los que destruyeron. Pero esta premisa olvida dos factores críticos. Primero, históricamente los nuevos empleos no beneficiaron a los trabajadores desplazados, cuyas habilidades quedaron obsoletas, sino a las generaciones posteriores. Segundo, la velocidad de la IA agéntica excede ampliamente la capacidad de reconversión de la fuerza laboral: ya no hay décadas de margen para adaptarse.

Ante esta brecha, cobra fuerza la propuesta de ampliar el welfare o ingresos ciudadanos financiados mediante impuestos al capital digital. Pero esta alternativa abre un dilema de incentivos. Si una persona puede obtener mediante transferencias, subsidios y prestaciones un nivel de vida comparable o incluso superior al que obtendría realizando trabajos de baja remuneración, disminuirán los incentivos para estudiar, capacitarse, asumir responsabilidades o aceptar trabajos exigentes.

En una economía altamente automatizada, esta cuestión podría adquirir una dimensión mayor. ¿Quién deseará asumir profesiones que requieren largos períodos de formación, responsabilidad, sacrificio o riesgo si la diferencia entre trabajar y no trabajar resulta mínima? La sociedad necesitará conservar incentivos suficientes para que existan médicos, ingenieros, investigadores, técnicos especializados, empresarios y profesionales capaces de mantener y desarrollar la infraestructura productiva. Una economía no puede sostenerse únicamente distribuyendo excedentes: alguien tiene que producirlos.

Por otro lado, esta transición no avanzaría a la misma velocidad en todos los sectores ni geografías. Una agencia de seguros, un banco, una consultora, un estudio contable o una empresa administrativa pueden incorporar agentes IA sin necesidad de modificar radicalmente su infraestructura física. El “trabajador” digital puede existir prácticamente en la nube.

En actividades materiales, sustituir trabajadores en fábricas, agricultura, construcción o logística requiere robots físicos, sensores, maquinaria, energía, mantenimiento e infraestructura. Automatizar tareas físicas resulta mucho más complejo y costoso que reemplazar funciones intelectuales o administrativas con agentes digitales.

Las economías desarrolladas podrían avanzar rápidamente hacia estructuras agénticas. En contraste, Iberoamérica, África (Árabe y Negra), el Medio-Oriente, el Sudeste asiático y sectores periférico-urbanos de China e India enfrentarían una mixtura de empresas modernas con vastos sectores informales. Para la “economía de muchedumbre” de ciudades como El Alto, o los grandes mercados informales y semiformales de Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia, Brasil, Marruecos, Egipto, Nigeria, Turquía, Indonesia y muchos otros, el reto no radicaría únicamente en reemplazar administradores por algoritmos. Millones de personas despliegan trabajo presencial en comercio directo, redes familiares, con pequeños capitales y en mercados de baja productividad. En estos entornos, la IA agéntica accesible podría actuar más como herramienta de micro-gestión para el trabajador informal que como factor de desplazamiento.

Por ello, la economía agéntica difícilmente producirá una transición uniforme hacia una sociedad post-trabajo. Generará, más bien, economías a diferentes velocidades donde coexistirán firmas altamente automatizadas con sectores que continuarán dependiendo durante décadas del trabajo humano directo.

El desafío central no consistirá únicamente en prever empleos modificados o liquidados por la IA, sino en diseñar sistemas que permitan aprovechar su productividad sin desmantelar los incentivos para estudiar, crear y asumir responsabilidades. ¿Cómo se distribuirá la nueva riqueza sin destruir los mecanismos que hacen posible seguir produciéndola? ¿Hemos olvidado la implosión del socialismo soviético? ¿Aprenderemos de la crisis de insostenibilidad que atraviesan los estados de bienestar en Europa Occidental?

Darío Enríquez
11 de septiembre del 2026

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