Juan Carlos Puertas
El caso de las madres adolescentes es solo la primera bala
En la guerra de las campañas electorales
Apareció una foto de una ceremonia con madres adolescentes que han sido violentadas, jóvenes que son debidamente acogidas en La Casa del Padre, centro de cuidados vinculado a la Congresista Milagros Aguayo. Dicha foto se encontraba evidentemente difuminada en la parte del rostro de las menores, dado que en el Perú –como debe ser– se protegen los datos de identificación y la imagen de ellas; más aún, cuando han sido – como en este caso– violentadas.
Esta norma, la misma que apoyamos plenamente, está limitada a solo eso: cuidar la identidad e imagen de los menores en concreto. En el Perú que nadie se haga el ciego o tonto, toda institución pública o privada, medios de comunicación, políticos, etc. siempre ha usado la difuminación del rostro a fin de cumplir con dicha protección, porque lo que se protege es la identidad. De hecho, la página oficial del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables tenía una foto en el mismo Centro, también con la imagen de las caras de las menores difuminadas, informando el desarrollo propio de sus funciones.
Acto seguido, en un bombardeo sistemático –casi simultáneo– todos los referentes y “periodistas” que apoyan la agenda abortera, homosexualista y progresista, incluido alguno acusado de abusar sexualmente de menores pobres a cambio de pollos a la brasa, inventaron una serie de relatos, todos dirigidos a atacar a la congresista en cuestión y pugnando por su salida del partido Renovación Popular.
Hasta aquí, esto no debería ser una sorpresa para el equipo de campaña de Renovación Popular, dado que el 2021 también se atacó el flanco cristiano tanto del propio Rafael López Aliaga como de muchos miembros del partido. Lo que sí sorprendió, es que dos personas de dicho partido, Norma Yarrow y Katherine Ampuero, salieran a unirse a una campaña que evidentemente no solo buscaba atacar a la señora Aguayo y al Partido, sino que buscaba también –como siempre han hecho en los últimos diez años– empujar a este tipo de partidos conservadores –y más aún, sustentados en valores cristianos– para ablandar sus posiciones a una menos frontal respecto a la narrativa abortista, homosexualista y progresista que pretenden mantener. Agendas que procuran políticas que literalmente están acabando a las naciones que las abrazaron y que, a estas alturas, todos conocemos que tienen un propósito disolvente del ser humano, una agenda probadamente muerta, perversa y absurda.
El apoyo del sector cristiano y de muchos partidarios de Renovación Popular por su ideario humanista, cristiano, provida y profamilia ha sido monolítico, como era de esperarse. Es en estas circunstancias que no se entiende porque estas dos candidatas del partido generaron un efecto que dio pie a una narrativa de falta de unión al interior del partido, dado que nos encontramos frente a un ideario claro.
El jueves, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, a cargo de un gobierno interino moribundo, que está por ser llevado a un debate de vacancia, anunció, ante el cargamontón de estos demonios, que procedería a trasladar a las adolescentes madres a otros lugares. El resultado de la campaña al final afecta a las madres adolescentes, la malignidad de esta gente no tiene límites. El ataque ha logrado eco también en el JNE y otras instancias en el Congreso como era de esperarse dado que estamos en la época de la carnicería democrática.
Lo que debe entender el equipo de campaña del partido y el propio Rafael López Aliaga es que esta ha sido solo la primera bala. López Aliaga representa todo lo que el statu quo odia: valores, eficiencia, no despilfarro de dinero del Estado, no consultorías y lo peor para ellos: valores cristianos. En el año 2016 se montó, a días de la elección, un caso contra Keiko Fujimori con un supuesto “agente” de la DEA, y ella nunca fue tan frontal como lo es López Aliaga.
Andar de campaña ignorando que recibirán no solo balas, sino denuncias, suspensiones y demás artimañas legales y calumnias mediáticas de todo el aparato progresista y demás serpientes es no estar preparados. Y si estaba previsto, es tiempo de rectificar y afinar lo que corresponda. No puede volverse a dar la imagen de un partido dividido.
















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