Andres Gomez de la Torre
Los militares de izquierda
Juan Velasco y el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas
El 2026, en el marco del bicentenario de relaciones bilaterales entre el Perú con Estados Unidos, viene de la mano con la inminente designación peruana como Major Non-NATO Ally (MNNA), en el que Perú sería el cuarto país del hemisferio –luego de Argentina, Brasil y Colombia– en acceder a dicha membresía unilateral y simbólica. La visita del canciller Hugo de Zela a Washington, su entrevista con Marco Rubio, el encuentro con el embajador Alfredo Ferrero en los Comités de Fuerzas Armadas y Relaciones Exteriores del Congreso de la Unión y las recientes declaraciones del presidente José Jerí en favor de la operación Resolución Absoluta confirman el claro alineamiento peruano a las orientaciones de Washington.
En ese escenario Cuba volvió a ser un histórico actor y factor relevante de la trama hemisférica. En el Perú fomentaron y promovieron la primera subversión 1958-1965 preparando a cuadros locales. Las primeras técnicas del Partido Comunista de Cuba (PCC) estuvieron centradas en aplicar los principios de la guerra revolucionaria y subversiva, empleando al departamento América del PCC y a su estrenada Dirección General de Inteligencia (DGI) dependiente de su sector interior, el Minint. Dicha trama está muy bien recreada por el exjefe de inteligencia argentino y actual director de la célebre Escuela de Inteligencia (ENI) en tiempos de Milei: el abogado Juan Bautista Yofré en Fue Cuba (2014). Sin embargo, otra forma de subversión practicada por los comunistas cubanos para con la región fue la de cooptación, cuyo primer laboratorio de experimentación fue el Perú del 3 de octubre de 1968, para luego aplicarlo en Venezuela desde fines del siglo pasado. Un grupo de periodistas anónimos venezolanos publicó la obra La Invasión Consentida (2021, seudónimo Diego Maldonado) donde se analiza muy bien la modalidad de intervención “por invitación” hecha por el chavismo bolivariano a sus amigos castristas de la isla caribeña. Al igual que varios integrantes del MIR y el ELN peruanos, Nicolás Maduro fue moldeado e instruido en Cuba.
En el Perú si alguien se esmeró en maltratar la relación con Estados Unidos en todos los ámbitos, especialmente en el militar e incentivar la presencia de la izquierda internacional en suelo nacional, fue el dictador socialista general Juan Velasco, quien desde el inicio de su mandato de facto, el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada (GRFA), mantuvo una tensa relación con el embajador J. Wesley Jones y acusó a varios funcionarios de la sección política de la embajada norteamericana acreditada en Lima de ser agentes conspiradores y saboteadores de la CIA. Uno de los acusados por Velasco fue el diplomático de carrera Frank Ortiz, acreditado en la embajada de Lima entre 1967 y 1970, quien años después se convertiría en embajador en Perú ante el gobierno del presidente democrático Fernando Belaúnde. El otro acusado fue Albert Siracusa.
A la par, para 1969, Velasco y su canciller Edgardo Mercado Jarrín expulsaban a la misión militar de Estados Unidos en Lima (MAAG/GRUCAM) acusándola de promover “contrabando ideológico” militar. Pero no solo eso, Velasco abriría en ese año relaciones diplomáticas con la entonces URSS y en 1971 realiza tres jugadas para colocar al Perú en la órbita de la izquierda internacional: la primera el envío de la misión Fernández Maldonado a China Popular, la de Mao y su comunismo ortodoxo posrevolución cultural, previo al reformismo de Deng, para iniciar relaciones diplomáticas bilaterales. Fernández Maldonado volvió a Pekín en 1975 como el más alto jerarca castrense peruano para otra visita oficial. Era un general del ejército velasquista, sempiterno ministro de energía y minas, comandante general, ministro de Guerra y primer ministro en los gobiernos militares Velasco y Morales Bermúdez quien tras su pase al retiro estampó su firma en el acta de constitución del Partido Socialista Revolucionario (PSR) (1976), siendo con posterioridad electo senador de la República por la Izquierda Unida en 1980 acercándose al Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), entidad parte de la diplomacia cultural soft del Partido Comunista de Cuba. Fue simpatizante político del alcalde de Lima Alfonso Barrantes Lingán. A inicios de la década de los setenta, el GRFA recibió la primera misión médica cubana a modo diplomacia social que se constituyó en el Perú luego del terremoto de 1970 y ese mismo año se instalaron en Lima las oficinas de “Prensa Latina” órgano informativo internacional del gobierno comunista cubano. La segunda jugada fue la misión Mercado Jarrín a Belgrado, en la entonces Yugoslavia en 1971, para entablar una relación política y diplomática con el general Yosif Broz Tito y de este modo asegurar una doble intención: por un lado captar y extraer el modelo autogestionario yugoslavo, con réplica local en las empresas de propiedad social (EPS) y por el otro integrarnos plenamente al movimiento de países no alineados (NOAL) de Tito, el egipcio Nasser, el indio Nehru y el indonesio Sukarno. Era la ilusión del tercerismo en la arena internacional bipolar de la época de la Guerra Fría y de las esferas de influencia soviético-norteamericanas. La tercera fue en 1971 con el encuentro de cancilleres Mercado Jarrín y Raúl Roa, que desembocó en el recibimiento en Lima de Fidel Castro, quien retornaba a Cuba luego de una extensa visita a Chile, donde viajó para apoyar a los sectores más radicales (MIR) de la coalición gobernante de la Unidad Popular liderada por Salvador Allende. Allí se decidió el establecimiento de relaciones diplomáticas con la isla caribeña, que se materializó a mediados de 1972 con la llegada a Lima de un embajador (1972-1977) el comandante Antonio Núñez Jímenez, coincidentemente experto en reformas agrarias y diplomacias culturales en modo de Casas de la Amistad. El Perú designó en La Habana como embajador al militar velasquista Joaquín Heredia Cabieses. El corolario complementario sucedió en 1972 y 1974: sobre la primera fecha con la misión Tantaleán a La Habana a finales de 1972.
El general Javier Tantaleán Vanini, fue acompañado por otro general velasquista; José Graham Hurtado, y algunos miembros del Sinamos, quienes rubricaron la silente pero profunda Declaración Tantalean & (Raúl) Castro para asumir posiciones conjuntas en materia internacional entre La Habana y Lima. Sobre la segunda fecha (1974): la llegada a Lima de Raúl Castro, ministro de Defensa de Cuba, para las fiestas patrias peruanas con intención de respaldar la toma y confiscación de los medios de comunicación por la dictadura militar socialista limeña. Castro asistió al desfile militar del 29 de julio para observar la presencia del material soviético recientemente adquirido por el Perú. Para noviembre de 1974 las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR), desarrollaron el impresionante ejercicio militar Ayacucho 150 en la isla, estando presentes e invitados como observadores el general Francisco Morales Bermúdez y el almirante Guillermo Faura, es esa oportunidad el histórico jefe de la inteligencia cubana (DGI-MININT) el comandante Piñeiro ofreció al Perú una misión de inteligencia asesora.
Todos los indicadores antes aludidos nos alejaron de Estados Unidos, incluyendo la masiva compra de armas soviéticas desde 1973. Un poco antes, para 1971, el gobierno militar socialista recibía a Salvador Allende y a Clodomiro Almeyda, canciller y alto dirigente político del Partido Socialista, y en 1973 se recibía en Lima al dictador comunista rumano Nicolae Ceaucescu. En 1974 la Marina de Guerra estando al frente de inteligencia naval el contralmirante Bernós Díaz desactivó un puesto de escuchas telefónicas de la Embajada de Estados Unidos en el Centro Cívico de Lima como parte de la cooperación institucional entre las marinas del Perú y Estados Unidos.
Mercado Jarrín proseguiría en el retiro militar con intensa actividad académica forjando en 1986, en Buenos Aires, la internacional y entente latinoamericana del progresismo izquierdista castrense: la Organización de Militares por la Democracia (y la justicia social) de Latinoamérica y el Caribe (Omidelac). Entre sus promotores estaba el grupo militar argentino de los 33 orientales opositores a la dictadura militar de extrema derecha del Proceso de Reorganización Nacional 1976-1983, y a la Revolución Argentina (1966) del conservador general Juan Carlos Onganía, también fundadores, en 1984, del Cemida (Centro de Militares por la Democracia Argentina de los coroneles Ballester, García, Rattenbach y Gazcón), donde se encontraba el frenteamplista uruguayo y general Líber Seregni. Mercado Jarrín mantuvo en su situación militar de actividad en el primer quinquenio de los setenta convergencias con tres altos y máximos jefes militares argentinos neoperonistas durante el tercer justicialismo: Raúl Carcagno, Leandro Anaya y Alberto Numa Laplane, todos ellos opositores contrapartes de los militares brasileños de derecha del golpe del 64 (generales Golbery do Couto e Silva, Humberto de Alencar Castillo Branco, Emilio Garrastazú Médici y Ernesto Geisel) y chilenos (Pinochet) que propugnaban el enfoque clásico de la doctrina de seguridad hemisférica de Guerra Fría y contención al comunismo (doctrina del enemigo interno o fusiles hacia adentro).
Los militares brasileros desconfiaron del gobierno de Velasco y marcaron fuertes distancias con el GRFA. Para atemperar dicha fricción Velasco envió entre 1968 a 1970 como embajador en Brasilia al general Julio Doig Sánchez, exprimer jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), y exministro de Guerra (defensa). Pero luego se designó al abogado socialista Alberto Ruiz Eldredge (1970-1974) lo que aunó las diferencias entre los gobiernos militares de Lima y Brasilia.
La X Conferencia de Ejércitos Americanos (CEA) en Caracas de 1973, fue ilustrativa de la división ideológica de los jefes castrenses hemisféricos. Los militares peruanos, de izquierda, se posicionaron más radicalmente en ese espectro que otros dictadores reformistas latinoamericanos más tibios como el nacionalista y panameñista Omar Torrijos y el ecuatoriano Guillermo Rodríguez Lara (1972). En el enfrentamiento abierto con Estados Unidos parecía reaparecer la figura del coronel guatemalteco Jacobo Arbenz Guzmán (1954) y en las reformas estructurales y nacionalización de recursos naturales, en el ángulo del nacionalismo antiimperialista al general dominicano Francisco Caamaño y a los militares bolivianos reformistas de fines de los sesenta e inicios de los setenta (generales Ovando Candía y Torres) antes de la llegada del conservador general Hugo Bánzer.
Se ha investigado poco sobre las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Perú en asuntos militares y de defensa, y las relaciones castrenses con Cuba, pero es posible encontrar algunos textos interesantes y solventes de los peruanos Efraín Cobas Corrales, Enrique Obando Arbulú y Fabián Vallas Torres. También en los libros colectivos publicados por el Centro Peruano de Estudios Internacionales (CEPEI) de la década de los ochenta y noventa. En relación con autores extranjeros la bibliografía producida pertenece a los investigadores Dirk Kruijt (neerlandés) y Jorge Rodríguez Beruff (puertorriqueño).
















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