Patricio Krateil

¡Desgracia! Vivimos en el infierno

Sobre los abusos, la violencia y la explotación sexual

¡Desgracia! Vivimos en el infierno
Patricio Krateil
11 de febrero del 2026

 

A lo largo de la historia, cada vez que el poder se ha concentrado sin control efectivo, han aparecido formas sistemáticas de abuso, violencia y explotación sexual. Esto no es una anomalía moderna ni una desviación aislada, sino un patrón recurrente que atraviesa imperios, ideologías y culturas muy distintas entre sí. 

Sectas contemporáneas estadounidenses como NXIVM, Los Niños de Dios o el llamado Kidwelly sex cult inglés lo demostraron con crudeza. Bajo discursos de desarrollo personal, espiritualidad o liberación, se construyeron auténticos sistemas de esclavitud sexual. 

En el caso de NXIVM, muchas mujeres fueron marcadas con cauterizadores, sometidas a control psicológico y explotadas sexualmente dentro de un esquema jerárquico rígido. En Los Niños de Dios, el abuso sexual de menores fue justificado durante años mediante doctrinas internas que lo presentaban como un acto espiritual.

No obstante, en la Unión Soviética también se produjeron fechorías salvajes de ese tipo. El caso de Lavrentiy Beria, jefe del NKVD, es paradigmático. Beria utilizó el aparato estatal para secuestrar y violar mujeres, bajo la amenaza de arrestos o represalias contra sus familias. Estos crímenes salieron a la luz tras su caída y están respaldados por testimonios históricos.

Por si fuera poco, tras la Revolución rusa, durante los años veinte y treinta, emergieron corrientes radicales dentro del bolchevismo que llevaron la idea de “liberación” a un terreno peligroso. Aleksandra Kollontai, por ejemplo, defendía el llamado “amor libre proletario” y concebía el sexo como algo funcional y casi trivial, comparable a “beber un vaso de agua”. Para estos sectores, la monogamia estricta o el rechazo sexual eran residuos de una mentalidad pequeño burguesa. 

En la práctica, algunos cuadros del partido instrumentalizaron este marco ideológico para ejercer presión sexual sobre mujeres, presentándolo como “reeducación ideológica”. Existen testimonios que describen estas dinámicas de coerción bajo un lenguaje netamente político.

Algo similar ocurrió en ciertos feminismos radicales extremos entre las décadas de 1960 y 1980. Estas corrientes concebían a la familia como una forma absoluta de opresión y reducían los tabúes sexuales a simples construcciones sociales. Autoras como Shulamith Firestone plantearon la abolición de la familia biológica, y en textos aún más extremos se llegó a cuestionar la edad de consentimiento y defender el incesto entre padres e hijos. 

En la China de Mao, aunque no existe evidencia sólida de cultos sexuales ritualizados dentro del Partido Comunista, sí hay numerosos relatos de violaciones, y abusos cometidos por cuadros locales durante campañas de “reeducación”. La lógica subyacente era política: el individuo no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a la revolución maoísta. 

Por otro lado, el nazismo también se introdujo en esos oscuros temas. En cuanto a la sexualidad, el nazismo fue en esencia represivo y normativo, no hedonista. Pero la locura entorno a lo sexual fue diferente pero barbárica, por ejemplo, las políticas como la Lebensborn (un programa creado por las SS nazis en 1935 cuyo objetivo era aumentar la población “aria”) no buscaban la liberación sexual, pero si la instrumentalización biopolítica de la reproducción, bajo estrictos criterios de “pureza racial”. 

En otras latitudes, como Israel, grupos de carácter sectario entre ellos la secta judía ortodoxa Lev Tahor (fundada en Israel a fines de los años 80 por Shlomo Helbrans) han sido acusados de abuso infantil, matrimonios forzados de menores y coerción extrema bajo justificación religiosa. Estos casos están documentados judicialmente a nivel de grupo sectario. En paralelo, circulan acusaciones más amplias sobre rituales satánicos en élites israelíes, aunque estas últimas carecen un poco de respaldo sólido, posiblemente igual de sólido que lo era el caso Epstein hace 20 años. 

Más recientemente, dentro de la izquierda hispanoamericana, en Cuba bajo el castrismo y en la Venezuela chavista, abundan rumores sobre prácticas ocultistas o abusos sexuales en círculos de poder. Sin embargo, la opacidad institucional y la ausencia de investigaciones independientes impiden confirmar estos hechos.

Ahora bien, estos casos que enumero son para comprender la magnitud del caso Jeffrey Epstein, pues ya no es conspiración. Y tampoco debería sorprendernos, que elites políticas y económicas operen en el desenfreno de la depravación sexual y el maltrato animalesco como se describe en los archivos ya revelados. Lamentablemente, la impunidad parece que ahora sí es mucho más fuerte y descabellada. 

Yendo a Epstein, recordemos que reclutaba adolescentes vulnerables a través de figuras como Ghislaine Maxwell para integrarlas en un sistema de abuso sistemático en sus diversas propiedades de lujo. Este esquema no era un crimen aislado, sino un mecanismo de intermediación que conectaba a víctimas con una élite de figuras influyentes, políticos y académicos. Esto, además, servía como un mecanismo de extorsión, como una suerte de montesinismo pero llevado al extremo de la depravación y rituales paganos. 

Además, claro está, que si bien los horrores vistos y citados en los últimos expedientes de este caso son aterradores, atrás de eso se encuentra algo quizás más solapado pero más importante a nivel de la geopolítica, con el perdón de las víctimas, que es la manipulación casi total de cualquier esfera de la vida humana, desde farmacéuticas y la bolsa de valores hasta meter las narices en la cultura como fomentar el transexualismo o pretender destruir los símbolos patrios y religiosos de occidente.

Y si bien, existen casos, no iguales, pero sí de presión y manipulación de intereses y recursos desde la KGB en su momento u otras cédulas de control de inteligencia, el caso de Epstein es trascendental en el mantenimiento de una órbita geopolítica que nuevamente hace que se nos vuelva muy difuso diferenciar cual es el bueno y cual no. 

Con mucho dolor se tiene que aceptar mas no permitir nunca que la depravación siempre existirá y las elites nunca están -la historia lo demuestra, y eso que no he hecho el rastreo de Roma, Incas o el medio oriente- exentas de esas barbaridades, pues la humanidad no es en sí misma buena o solemne y el poder no invierte nunca esos defectos y pecados. 

Patricio Krateil
11 de febrero del 2026

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