Guillermo De Vivanco

Democracia en tensión: legitimidad, memoria y fracturas sociales

Una reflexión sobre los límites de la representación democrática

Democracia en tensión: legitimidad, memoria y fracturas sociales
Guillermo De Vivanco
08 de mayo del 2026

 

En las elecciones de abril, los votos válidos sumaron casi 15.5 millones, de los cuales el comunista Sánchez obtuvo el 12%. Es decir, 1.83 millones, lo que significa que 13.67 millones de peruanos no votaron por él. Me pregunto entonces cómo es posible que, democráticamente, un personaje al que el 88% de la población le negó el voto pueda, hipotéticamente, mandar sobre todos ellos. Su legitimidad está doblemente cuestionada, no solo por las irregularidades probadas del proceso electoral, sino también porque una elección no puede significar la refundación de un país hacia ideologías totalitarias y modelos estatistas que han fracasado históricamente en todos los países en que se implantaron.

La democracia es el antónimo del totalitarismo, porque participan en un proceso quienes niegan los principios bajo los que se cobija el orden democrático: respeto a la Constitución, a la libertad, a la separación de poderes y a la propiedad privada.

La sociedad alemana quedó marcada por el nazismo. Por eso, la Ley Fundamental, o Constitución alemana, prohíbe los partidos y grupos que promuevan el nazismo o busquen destruir el orden democrático. Estos partidos pueden ser ilegalizados. El Partido Nazi fue prohibido tras la Segunda Guerra Mundial y, desde entonces, el Estado puede prohibir organizaciones extremistas. Negar el Holocausto es un delito en Alemania. La ley considera que esto constituye incitación al odio. ¿Acaso en el Perú la narrativa de que el terrorismo senderista fue un conflicto interno no es justificar el odio y el asesinato? ¿Acaso no lo es equiparar al héroe defensor con el asesino terrorista? ¿Que el vocero de Perú Libre declare que Sendero fue lo mejor que le pasó al Perú, que aplauda la bomba de Tarata y los crímenes contra cientos de miles de campesinos indefensos, es admisible? ¿Cómo podemos permitirles usar la democracia para destruirla? No puedo entender que, como sociedad, no hayamos aprendido de nuestra historia. La función del poder electoral era filtrar toda ideología antidemocrática. No deberían tener entrada a la fiesta democrática aquellos candidatos que esconden o muestran la dinamita bajo su disfraz reivindicativo.

El nazismo fue la peor cara de la humanidad en pleno siglo XX. Los campos de concentración retratan el extremo de crueldad y odio al que el hombre puede llegar. Los he visitado sobrecogido de dolor, de horror y de vergüenza. La pena no alcanza para describir lo que vi. No puedo imaginar que alguien pueda llamarse nazi y avalar lo que vivieron los judíos en Europa, como tampoco puedo aceptar que alguien se llame comunista sin sentir vergüenza por estos regímenes totalitarios que causaron más de 100 millones de muertes también en pleno siglo XX. ¿En serio alguien puede ser comunista y no avergonzarse de serlo? ¿No pedir disculpas por los millones que fueron masacrados?

Varios países han prohibido, ilegalizado o declarado criminales a los partidos comunistas o a la propaganda comunista, especialmente en Europa del Este. Por ejemplo, Ucrania, en 2015, aprobó leyes de “descomunización” que prohibieron símbolos comunistas y nazis, y restringieron partidos que defendieran los regímenes totalitarios soviéticos. El Partido Comunista de Ucrania quedó fuera de la vida política. Lo mismo ocurre en Polonia, que tiene leyes contra la propaganda de ideologías totalitarias, y en Hungría, Lituania, Letonia, Estonia y la República Checa, todos ellos herederos del comunismo de la Unión Soviética y hoy limitando o prohibiendo los partidos comunistas. Indonesia y Corea del Sur tal vez sean los países de más rápido crecimiento donde los comunistas pueden ser perseguidos.

El sur del Perú no vota por los comunistas, no suscribe la doctrina marxista de sus élites radicales, no tiene idea de quién es Marx o Hegel, Lenin o Mao. Sin embargo, el mensaje confrontacional se riega en un campo minado por el abandono, la marginación y el centralismo limeño. La República Andina aún no se integra a la República Peruana. No son enemigos, sino pueblos desarraigados a los que hay que darles prioridad. La independencia de hace dos siglos los mutiló, eliminó sus jerarquías sociales y se apropió de sus tierras. ¿Es tan difícil entender su resentimiento? ¿Cómo gobernar sin empatía, sin conocer la idiosincrasia del poblador andino? Nos jugaremos el futuro en cada elección si no integramos todos los rincones de la patria.

Guillermo De Vivanco
08 de mayo del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

Entre el parásito y el empresario

Columnas

Entre el parásito y el empresario

  ¿Qué pasaría si las mentes más pro...

02 de abril
La guerra para la paz

Columnas

La guerra para la paz

  El trece de enero de 2022, Mahsa Amini, de 22 años, fue...

10 de marzo
Un activo desperdiciado

Columnas

Un activo desperdiciado

  Cuando pensamos en las riquezas del Perú, lo primero qu...

26 de febrero

COMENTARIOS