Guillermo De Vivanco

Entre el parásito y el empresario

Mérito, poder y el riesgo de romper el motor de la sociedad

Entre el parásito y el empresario
Guillermo De Vivanco
02 de abril del 2026

 

¿Qué pasaría si las mentes más productivas de una sociedad decidieran desaparecer? ¿Qué pasaría si los empresarios, creadores o pensadores se negaran a seguir sosteniendo un sistema que castiga el mérito y premia la mediocridad? Dice Ayn Rand en su novela La rebelión de Atlas que el verdadero motor de la sociedad no es el pueblo en abstracto, sino una minoría de individuos excepcionalmente productivos. Su obra retrata a una élite creadora y empresarial que decide desaparecer, cansada de un sistema que la explota en nombre del bien común.

En el espejo latinoamericano —marcado por ciclos de populismo, desconfianza institucional y fuga de talento— la pregunta deja de ser literaria: ¿cuánto puede tensarse una sociedad antes de romper el vínculo con quienes la hacen funcionar? Rand no ofrece matices ni consuelos. Su tesis es brutal: cuando el mérito se convierte en culpa, el progreso se convierte en pasado. Despreciar a quien arriesga, innova y crea riqueza es el camino al fracaso de una sociedad. Explotar la desigualdad, victimizar al pueblo, satanizar el capitalismo, el éxito y la propiedad privada no aporta ni creatividad ni riqueza; solo instala una postura de envidia que se regodea en la distribución y no en la generación de riqueza. ¿Acaso no somos testigos de cómo el chavismo destrozó Venezuela? Con su discurso de igualdad y justicia social volvió multimillonarios a sus dirigentes y sumió en la pobreza extrema al pueblo al que decía proteger.

Más que una simple ficción, La rebelión de Atlas se presenta como una advertencia ideológica sobre los peligros de sofocar la iniciativa individual. En los debates presidenciales ha quedado claro el abismo entre los estatistas y quienes no lo son. La lista de propuestas quedó marcada entre quienes se consideran preparados para la distribución (saqueo) de la riqueza y quienes se proponen generarla; entre los parásitos que pretenden seguir viviendo de las arcas del Estado, expropiar empresas o mantener empresas quebradas, regalar bonos y ofrecer millones de puestos de trabajo sin haber pagado planillas ni generado riqueza en su vida.

Pareciera que, llegada al poder, la izquierda consideraría lícito tener dinero que nunca pudo ganar e ilícitas —y fruto de la codicia— las utilidades que el empresario obtiene a partir de su riesgo y de su indesmayable esfuerzo. Aquí también el discurso público suele dividir el mundo en “ricos sospechosos” y “pueblo virtuoso”, mientras la realidad muestra algo menos romántico: informalidad crónica, burocracia paralizante y una desconfianza casi estructural hacia la inversión y el éxito empresarial. No es casual que miles de profesionales, emprendedores y jóvenes calificados miren hacia afuera, no siempre por ambición, sino por agotamiento.

Con qué cuajo los responsables de la parálisis de la economía pretenden volver al poder. Un senderista disfrazado de Castillo; otro candidato que ocultó su prisión por asaltar un banco; y otro, caviar de la misma banda del MRTA; otra que le puso alfombra a Odebrecht para que escape sin responder por las obras en las que corrompió. El hermano del genocida que permitió que seamos el país con mayor índice de muertes por covid. Toda la casta caviar que llegó al poder con Humala, Toledo y Sagasti, que persiguió a quienes nos defendieron del terrorismo, a la vez que encarceló a los héroes que lucharon por nuestra defensa, y que produjo el descalabro de los partidos políticos, la fuga de capitales, los enfrentamientos en el sur, la ola de violencia, el copamiento del sistema judicial por la mafia caviar, el colapso de hospitales y colegios, el deterioro de la red vial y la proliferación de la minería ilegal, entre otros. Nunca más elijamos a mercaderes que convirtieron el Congreso en un mercado de intereses.

El Perú tiene una gran oportunidad de hacer una profilaxis política, de depurar a los aventureros que buscan medrar del poder, de darle valor a nuestro bendito territorio, de ser el primer productor de minerales del mundo, de convertirnos en el hub portuario del Pacífico, de desarrollar una red nacional de ferrocarriles, de derrotar la pobreza, la anemia y la incultura. Para lograrlo, no votemos por simpatías, carisma o revancha; escojamos a los más capacitados. La oportunidad está presente; el enemigo es el populismo y la demagogia. Abonemos el terreno para consensuar en el próximo Congreso y que el trauma que significó la elección de Castillo nos sirva de advertencia de que la democracia y el futuro hay que defenderlos. Casi estuvimos a punto de perder nuestra patria y nuestra libertad. Nunca más.

Guillermo De Vivanco
02 de abril del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

La guerra para la paz

Columnas

La guerra para la paz

  El trece de enero de 2022, Mahsa Amini, de 22 años, fue...

10 de marzo
Un activo desperdiciado

Columnas

Un activo desperdiciado

  Cuando pensamos en las riquezas del Perú, lo primero qu...

26 de febrero
La verdad de las mentiras

Columnas

La verdad de las mentiras

  El Perú no sufrió un conflicto armado interno, s...

11 de febrero

COMENTARIOS