Jorge Varela
Populismo y tecnocracia
Más allá de izquierdas y derechas
Christopher Bickerton y Carlo Invernizzi Acetti afirman, en su ensayo La trampa tecnopopulista, que “tendemos a ver la política democrática en el marco de una lucha entre izquierda y derecha, a pesar de las numerosas discusiones sobre las imperfecciones de este sistema de clasificación”. Aunque este enfoque binario de izquierda-derecha todavía otorga a la política contemporánea cierta claridad y legibilidad, su proyección al plano del análisis revela demasiada falta de imaginación, tal como ocurre con la referencia a la lucha de clases.
“El éxito político actual parece estar mejor garantizado evitando por completo la ideología”. Hoy existen actores políticos que sarcásticamente intentan desprenderse de las etiquetas de ‘izquierda' y ‘derecha: ¡ni facho, ni comunacho!; ni fascista, ni comunista.
Populismo y tecnocracia: nuevos polos de la competición política democrática
Entonces, ¿de qué trata hoy la lucha política, si “populismo y tecnocracia aparecen cómo polos principales de la política democrática contemporánea”? “El populismo es un tipo de acción política que hace uso de un concepto unitario y monolítico de ‘pueblo’ contra una idea abstracta y moralizada del ‘otro’ (las élites, la casta, los extranjeros), mientras reclama un derecho exclusivo a representar al pueblo”. En este sentido, como explica Jan-Werner Muller, un político de Princeton- : “los populistas declaran que ellos, y solo ellos, representan al pueblo”.
“La tecnocracia es la asociación de las habilidades o experiencia –techne– con kratos, el ejercicio del poder”. Tiene raíces en una concepción platónica: los reyes-filósofos gobiernan en lugar del demos. “Recurrir a la aptitud y la experiencia se ha convertido cada vez más en un pilar de nuestra cultura política democrática, así como en un elemento crítico en la forma en que juzgamos a los representantes electos. ¿Son buenos? ¿Harán su trabajo? ¿Podemos ver sus currículums?”.
Al escribir sobre el mundo después del covid, el historiador y antropólogo Yuval Harari advirtió que “se debería optar por confiar en los datos científicos y los expertos en salud por encima de las teorías de conspiración infundadas y los populistas egocéntricos. Sin embargo, si examinamos atentamente esta relación entre populismo y tecnocracia en la política electoral de hoy en día, vemos que esto es bastante más complejo. La lucha en las democracias contemporáneas es entre maneras enfrentadas de combinar las apelaciones al ‘pueblo' y a la ‘experiencia’. A esta síntesis es a lo que llamamos “tecnopopulismo”, según los autores citados.
La lógica política tecnopopulista
Populismo y tecnocracia poseen un tipo específico de ‘verdad política’, ya sea en forma de una concepción concreta de la voluntad popular (la 'gente real’ mencionada por el dirigente británico Nigel Farage) o en forma de un tipo específico de conocimiento al que los tecnócratas declaran tener acceso. “El populismo y la tecnocracia se oponen a una concepción de la política como una lucha abierta y sin fundamento entre intereses y valores enfrentados dentro de un conjunto de procedimientos aceptados por todos. En otras palabras, el populismo y la tecnocracia comparten una hostilidad hacia lo que el filósofo francés Bernard Manin ha llamado ‘democracia de partidos’”, lo que se manifiesta en el hecho de que tanto populistas como tecnócratas dirigen su crítica hacia los políticos profesionales y los partidos políticos.
Los populistas consideran a los partidos y grupos de interés como ejemplos de un sistema corrupto y egoísta. Los tecnócratas los descartan como ‘buscadores de rentas’, grupos de intereses propios cuya influencia debería ser eliminada del cuerpo político. Para el populista y el tecnócrata, los partidos o las formas organizadas de defensa de intereses son ilegítimos porque perturban la realización de una ‘política de la generalidad’ basada en una apelación a la sociedad considerada en su totalidad.
Gobernar en el vacío
El tecnopopulismo es pues, consecuencia directa de la creciente separación entre política y sociedad. Una vez que los aspirantes a un cargo electoral dejan de rendir cuentas a clases distintas y grupos específicos de la sociedad, adquieren un incentivo para apelar a los intereses y valores de la sociedad en su conjunto, tratándola como una masa indiferenciada de electores. Tanto la “concepción populista de pueblo” como la suposición tecnocrática de que existen “soluciones políticas objetivamente correctas” son ejemplos de concepciones no intermediadas del bien común. Así, el auge del populismo y la tecnocracia como nuevos polos estructurantes de la política democrática contemporánea es visto como resultado de lo que el politólogo irlandés Peter Mair llamara “gobernando en el vacío”, entre una sociedad atomizada y políticamente impotente, por un lado, y una clase política autorreferencial que busca la validación electoral apelando a generalidades abstractas como pueblo o soluciones políticas correctas, por otro.
(En un próximo artículo se continuará exponiendo la visión actual de Carlo Invernizzi sobre las características y consecuencias del “tecnopopulismo”).
















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