LA COLUMNA DEL DIRECTOR >
La izquierda y la fábula de la legitimidad
La nueva administración podría gozar de una enorme popularidad
Las argumentaciones de los líderes del comunismo ortodoxo y de diversos sectores progresistas acerca de que el nuevo gobierno de Keiko Fujimori “carece de legitimidad”, porque ganó por más de 49,000 votos– revela la falta de vocación democrática. En las primeras semanas de la nueva administración estas corrientes pretenderán validar sus razonamientos.
Sin embargo, el posible estilo vertiginoso y frenético de gobernar de Keiko, sumergida en el día a día y en los problemas del país y de las localidades, que asoma de sus últimas campañas, nos indican que estamos ante la posibilidad, como se dice, de un incuestionable tiro por la culata para sus adversarios. No sería nada extraño que la presidente electa se convierta en una de las jefes de Estado más populares de la reciente historia, en contraste con los estilos y frivolidades de los gobernantes de Palacio de la última década. La izquierda podría estar construyendo el bumerán perfecto con la fábula de la legitimidad.
Sin embargo, debemos detenernos en esta argumentación. Cuando se dice que Fuerza Popular ganó por tantos votos o que perdió en las provincias, ¿qué se está haciendo? No nos cabe la menor duda de que se pretende construir un relato que, ante el menor yerro o fragilidad, desencadene una situación parecida a la que vivimos en la última década mediante la disyuntiva de vacancia o disolución. Algo que no puede suceder por el sistema bicameral actual y la sólida bancada naranja en el Senado.
Volviendo al tema, ¿cómo se consigue la legitimidad en las repúblicas? ¿Ganando con los dos tercios? ¿Acaso instalando una asamblea popular de soviets que sostenga al “gobierno ilegítimo”? La izquierda comunista está planteando un debate que no corresponde a las tradiciones democráticas ni al marco constitucional ni a las leyes nacionales.
Si el mandato de las ánforas, que se expresa en una mayoría de un voto, diez votos o más de 49,000 votos, no tiene valor, entonces, ¿acaso las encuestas son la fuente de la legitimidad? Y si la nueva presidente luego de dos meses de gobierno consigue 40% de aprobación, ¿cómo cambia la legitimidad? ¿Acaso la legitimidad del Legislativo estaría en cuestión? De ninguna manera. Todo este debate sobre “la supuesta legitimidad” corresponde al arsenal marxista y comunista que se filtró en las corrientes de ciencia política de Occidente luego de la Ilustración y la ofensiva intelectual del progresismo del siglo pasado. Para entender las cosas, por ejemplo, vale recordar que para los grandes pensadores del sistema republicano (Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Locke) las mayorías eran una de las tantas fuentes de legitimidad. Sin embargo, temían sobremanera a la dictadura de las mayorías.
En las repúblicas modernas las mayorías eligen a los poderes soberanos, pero gobiernan las instituciones. En las democracias actuales el pueblo, el soberano popular, se pronuncia en elecciones en las que la mayoría se establece por la diferencia de un voto hacia arriba, pero la gobernabilidad recae en el sistema institucional. No hay otro modelo para las democracias representativas.
La presidencia de la República y el Legislativo son las dos instituciones que administran la soberanía del pueblo. Punto. La soberanía del pueblo no se ejerce directamente porque entonces estaríamos ante la fábula y la pretensión del sistema soviético y del nazismo que asaltaron el poder bajo la conducción de un partido o demagogo desquiciado.
















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