Renatto Bautista
¿Por qué perdió Roberto Sánchez?
Y el desafío de la reconciliación nacional
El Día de San Pedro y San Pablo, la ONPE publicó los resultados al 100 % de las actas contabilizadas de la segunda vuelta presidencial. Felizmente, el aún congresista de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, perdió la segunda vuelta frente a la presidenta electa, Keiko Fujimori. Pero ¿por qué perdió Roberto Sánchez? ¿No decían que cualquiera podía ganarle en una segunda vuelta a Fujimori hija? ¿Qué pasó?
Sánchez perdió por “moderarse”. Nunca debió ofrecer una conferencia de prensa al lado de los candidatos derrotados Belmont, López Chau y Forsyth, porque daba la impresión de estar sometido a los electores de estos en la primera vuelta. Ni qué decir de “esconder” a su aliado político, Antauro Humala, muy conocido por sus ideas extravagantes y porque representa, con naturalidad, a una ultraizquierda caduca. Sí, lo digo abiertamente: la izquierda marxista peruana es una izquierda del Paleolítico, porque cree erróneamente que seguimos antes de noviembre de 1989. Me refiero al enorme acontecimiento que significó la caída del Muro de Berlín. Ellos no han evolucionado ni en sus ideas económicas ni políticas, pese a que tanto la realidad nacional como la mundial han cambiado. Mientras las izquierdas de Chile y Uruguay aceptan tanto el libre mercado como la democracia representativa, la izquierda paleolítica peruana no acepta ninguna de las dos. Solo acepta la democracia cuando gana las elecciones; cuando pierde las contiendas electorales, actúa como un niño al que le han quitado un caramelo. Además, existió una presión de la administración Trump sobre esta segunda vuelta. Sumado a ello, aunque algunos quieran negarlo, los vientos políticos en Sudamérica están cambiando. Digamos que asistimos a una segunda ola de gobiernos de centroderecha en nuestra región.
Como vemos, el craso error de Sánchez fue moderarse, cuando debió reafirmarse en su radicalismo de izquierda para mantener la lealtad de su núcleo duro y expandir su mensaje hacia aquellos electores que, equivocadamente, no entienden que ellos se presentan como representantes de la movilidad social. Sin embargo, es precisamente esta variable la que demuestra que el socialismo es una idealización teórica sin sustento en la realidad. Pero lo verdaderamente preocupante es que, pese al evidente fracaso de tres dictaduras socialistas —me refiero a las de Cuba, Nicaragua y Venezuela—, haya 9’173,755 peruanos que, libremente, hayan votado por Sánchez, quien representa el camino del hambre, la miseria y el totalitarismo de las dictaduras bolcheviques antes mencionadas. Indudablemente, muchos de esos electores de la ultraizquierda viven bien gracias al sistema económico que critican; incluso viajan al extranjero capitalista. Pero pueden más sus complejos de inferioridad y sus resentimientos.
Finalmente, consideramos que la presidenta electa, Keiko Fujimori, tiene un enorme reto histórico: generar una verdadera reconciliación nacional. Para ello, debe conformar un gabinete de Unidad Nacional, como sostuve en mi artículo del 22 de junio de 2026. El Perú no puede perder un quinquenio más en confrontaciones. Urgen consensos políticos en temas transversales como la educación, el trabajo y la salud. Confiemos en que Fujimori hija esté a la altura de esta circunstancia histórica.
















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