La minería es uno de los grandes motores que el Perú nec...
El Perú ya demostró que puede convertirse en una potencia agroexportadora. En 2025, las agroexportaciones alcanzaron un récord de US$ 14,760 millones y generaron más de dos millones de empleos directos e indirectos. El problema es que ese éxito todavía se concentra en una superficie agrícola relativamente pequeña. El siguiente salto no depende tanto de encontrar nuevos mercados como de ampliar la frontera productiva. Y para eso el agua, más que cualquier otro factor, se convierte en un elemento estratégico.
Majes Siguas II representa una de las mejores oportunidades para nuestra agricultura. Después de años de paralización, el proyecto ha comenzado a recuperar impulso con su incorporación al Plan Nacional de Infraestructura 2026-2031 y con los esfuerzos para convocar inversión y culminar la puesta a punto de la infraestructura existente. No es un asunto menor: se trata de una inversión superior a S/ 7,700 millones que permitiría incorporar alrededor de 40,000 nuevas hectáreas agrícolas en Arequipa.
La experiencia de otras regiones demuestra qué puede ocurrir cuando el Estado consigue llevar agua, infraestructura y seguridad jurídica allí donde antes solo existía potencial. Los grandes proyectos de irrigación han permitido convertir terrenos improductivos en espacios de agricultura moderna, generar empleo formal, atraer capital privado y multiplicar las exportaciones. Majes Siguas II tiene condiciones para reproducir ese proceso en el sur y convertirse en uno de los principales motores económicos de Arequipa y de la macrorregión.
Las proyecciones son significativas. Se estima que el proyecto podría generar más de 160,000 empleos directos e indirectos durante sus etapas de construcción y operación, además de impulsar actividades vinculadas al transporte, almacenamiento, logística, procesamiento de alimentos, comercio y servicios especializados. Pero la agricultura moderna no termina en el campo: alrededor de cada gran polo agroexportador se construye una red empresarial que puede transformar la estructura económica de una región.
El verdadero desafío será evitar los errores del pasado. La primera etapa de Majes dejó como enseñanza que una excesiva fragmentación de la propiedad puede dificultar la incorporación de tecnología, limitar la productividad y reducir el acceso al financiamiento. Las nuevas tierras deben, por ello, integrarse a unidades productivas capaces de competir en los mercados internacionales, sin excluir mecanismos asociativos que permitan incorporar a pequeños agricultores a las cadenas de valor.
También será indispensable garantizar una gestión eficiente del agua. Las tecnologías de riego presurizado, automatización y monitoreo digital permiten producir más utilizando cada vez mejor el recurso hídrico. En una época en que el agua adquiere un valor estratégico creciente, la infraestructura de irrigación no puede limitarse a transportar el recurso: debe asegurar su utilización eficiente y sostenible.
Majes Siguas II tampoco puede concebirse como una obra aislada. Su éxito dependerá de que el Estado y el sector privado desarrollen simultáneamente carreteras, centros de acopio, plantas de procesamiento, cadenas de frío y conexiones eficientes con los puertos. Una hectárea irrigada solo adquiere todo su valor económico cuando puede integrarse a una cadena productiva y llegar competitivamente a los mercados nacionales e internacionales.
Aquí adquiere especial importancia la participación privada. Las asociaciones público-privadas permiten que el Estado concentre sus esfuerzos en regular, supervisar y garantizar la seguridad jurídica, mientras las empresas aportan capital, tecnología y capacidad de gestión. En proyectos de esta magnitud, la continuidad y el mantenimiento de la infraestructura son tan importantes como su construcción.
El contexto nacional favorece esta estrategia. La experiencia de proyectos como Chavimochic y Olmos demuestra que la irrigación puede convertirse en una plataforma para multiplicar las agroexportaciones y el empleo. El Perú cuenta con empresarios, tecnología, productos competitivos y acceso a mercados internacionales. Lo que necesita ahora es extender esas capacidades hacia nuevas tierras.
Majes Siguas II puede ser precisamente esa nueva frontera. El desafío del próximo gobierno no consiste únicamente en terminar una obra largamente postergada, sino en convertirla en el núcleo de un verdadero polo agroindustrial del sur. Si el agua llega acompañada de inversión, infraestructura complementaria y reglas estables, Arequipa no solo ganará nuevas hectáreas agrícolas: ganará empleo, exportaciones y oportunidades de desarrollo.
















COMENTARIOS