Manuel Bernales Alvarado
Peruanos: cinco años para recuperarnos y corregir destino y rumbo
Sabemos que guien gane lo hará por un pequeño margen de votos
Lo importante es que haya respeto y mejore la institucionalidad tan precaria. Que la opinión no sea esclava de opinópatas ni opinócratas, sino que salga adelante la escucha del contrario, de los otros, y no solo oír y creer lo que se prefiere sobre toda evidencia o argumentos.
Es y será muy difícil por el encono de muchos, sus dogmatismos, la multiforme violencia contenida, la ausencia de vigencias culturales de rigor, si no se puede alcanzar objetividad y, sobre todo, imparcialidad. Hay que superar viejas narrativas estatistas, privatistas y etnicistas que albergan racismos, y que sacrifican nuestra riqueza humana de unidad en la diversidad de orígenes, por privilegiar alguna de sus partes que ha sido impulsada como verdad, moda e intereses materiales y no materiales de “actores” predicantes.
Nuestra recuperación es y será cuesta arriba, con retrocesos y desviaciones del bien público y del Bien Común. Nada sigue una línea recta, ni siquiera las dictaduras, tampoco las democracias; aquí, porque hay millones fuera de los dos contendientes de la segunda vuelta: de un lado un partido y, de otro, una alianza de partidos, grupos e individualidades de y para la segunda vuelta.
En número de votos, datos archiconocidos, Fuerza Popular y la combinación de actores en Juntos por el Perú constituyen las dos primeras minorías respecto del total de votantes. Pero se suele decir que son grandes mayorías. Ya está dado el Congreso: nadie tiene mayoría absoluta. Por tanto, ¿seguiría la escalada de mutua negación absoluta o se realizarían negociaciones racionales y no viscerales?
Gobernar, como hacer revoluciones desde abajo, por así reconocer realidades, siempre se da bajo presiones muy grandes, internas y transnacionales o transestatales, de la geopolítica en que vive el Perú. Allí están las mayorías sociales de nuestra diversidad de mestizajes viviendo, como en todo el mundo, en tres grandes regiones y en el extranjero, cada vez más en ciudades litoralizadas, con clases medias sin las cuales no hay continuidad, duración ni mejoramiento del crecimiento. Basta mirar mapas, cifras y gráficos. Inclusive en TikTok.
Esta diversidad, cuyas fracturas, según algunas categorías ideopolíticas, quieren reducirse a lo antimestizo, anticosteño y antilimeño —conurbación de personas de todo el Perú e inmigrantes, que en solo 30 años llegará al espacio de Chancay—, alberga electores de lo que suele llamarse sociedad civil, que son mucho más que ONG, y de una menguada o degradada sociedad política, cuya noción o categoría está ausente de la cultura dominante.
En términos de moda: Difícil construir gobernanza y difícil gobernabilidad o, simplemente, gobernar.
Peor aún, porque es evidente que nuestra República no tiene un plan nacional, porque no tenemos una visión mayoritaria del Perú —porque en un pasado de casi más de dos generaciones se disolvió un sistema institucional de concertación y planificación nacional indicativa, mixta, instituido en 1962 y disuelto en 1992—.
Se dio paso a una economía de mercado, no social de mercado, que sirvió para detener la cuesta abajo e impulsar un crecimiento, aunque desigual y combinado, incluidas la informalidad y las crecientes economías ilegales. Se creció y se redujo la pobreza. Pero ya en 2011 se relajó el “modelo” sin mejorarlo.
Desde 1992 no hay planificación ni plan, pues se instituyeron sucedáneos, como el CEPLAN, que no es en verdad cabeza de un sistema nacional de planificación, aunque puede ser útil, y el periclitado Acuerdo Nacional.
Sin hacer ajustes en la cabeza del Ejecutivo, solo con leyes o decretos, será casi imposible abordar el indispensable mejoramiento, no creación desde la nada, de la regionalización y descentralización. Llamar regiones a los departamentos no es otra cosa que una curación por la palabra, un mantra. Una planificación regional necesita la agencia de un sistema para planificar el acondicionamiento del territorio, incluidas dimensiones con Estados vecinos, conjuntamente, y no por departamentos mal llamados regiones, prolongando un error superable.
Del siglo XX tenemos Economía y Finanzas y el BCR, más antiguo que el MEF del período Velasco. Luego hay agencias con poca sinergia o sin ella, y PROINVERSIÓN. Allí hay un núcleo para capacidades de Alta Dirección, a condición de simplificar lo que sí funcione, no el árbol, sino el bosque de la PCM, a la que se le llama “Premierato”, que solo existió en los dos gobiernos militares, el de Velasco y el de Morales.
Lo que se llamó un “Proyecto Nacional”, de Estado-nación con más cohesión que disenso, de sociedad y de persona, hay que crearlo desde ahora. Vecinos como Brasil, Chile o Colombia, tan divididos electoral y políticamente como el Perú, sí evidencian su ruta y destino en medio de marchas y contramarchas.
El proceso de lucha por la hegemonía multidimensional, no solo política, continúa desde el siglo pasado.
Faltan las elecciones subnacionales y eso es otro capítulo del proceso de la República y sus dramatis personae.
















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