Guillermo De Vivanco
La izquierda: cinismo e hipocresía
Una oposición constructiva tiene el deber de facilitar la gobernabilidad
Hay dos imágenes que tengo grabadas después del cambio de gobierno. La primera es la sobriedad y esperanza que brindó una elegante Keiko en su mensaje a la nación: la urgencia de prepararse para el Fenómeno del Niño y frenar la ola de extorsión que sufrimos diariamente millones de peruanos sin capacidad de respuesta. Un mensaje de optimismo respaldado por personas capacitadas para la tarea. ¡Qué diferencia con el mamotreto que leyeron Castillo y Boluarte en su oportunidad! La otra imagen emblemática de estas fiestas es la foto del pacto político que suscriben, agarraditos de la mano, Belmont, Sánchez, Nieto y López Chau.
La última vez que gobernó la derecha fue en 2011, cuando finalizó el segundo gobierno de Alan García, con crecimientos por encima del 7% del PBI. Desde entonces, la izquierda ha venido gobernando ininterrumpidamente durante los últimos quince años. Justamente el mismo periodo en que aumentaron la pobreza, la anemia infantil, la criminalidad y la corrupción. Hay que ser muy cínicos para hablar en nombre de un pueblo al que han empobrecido, lo han saqueado y tener el descaro de subirse al podio de la moralidad. La izquierda radical es responsable de cada peruano muerto tratando de incendiar aeropuertos, sabotear carreteras o intentar incendiar el Congreso. Hay que ser muy cínicos para desprenderse de sus responsabilidades. Y muy acomodaticios para pactar con los seguidores de Abimael. Todos los miembros del nuevo pacto asumen los pasivos del radicalismo comunista que sufrimos los peruanos. Los valores y los principios se relativizan y acomodan. Es su odio a Fujimori y el desprecio a la democracia lo que los hermana.
Las personas elegidas para el Congreso lo hacen con la esperanza de tener una voz que los represente. Muchos confunden la vocación de servicio como si primara principalmente la ideología, la lealtad al partido o el ejercicio político de oposición, sin importar que se puede estar escogiendo el mal peor. Hay que votar por lo que nos une y cuestionar a las cúpulas ideologizadas si actúan carentes de racionalidad. Ni un solo congresista es menos peruano que otro.
Keiko Fujimori anuncia medidas de sentido común y urgencias impostergables: la amenaza climatológica, la plaga extorsionadora, el cuidado de la población más vulnerable, la reforma policial, la construcción de trenes, la lucha contra la anemia, la pavimentación de las carreteras en zonas rurales y la modernización de escuelas y hospitales. ¿Alguien en su sano juicio puede cuestionar la importancia de estos enunciados? La oposición constructiva tiene el deber de facilitar la gobernabilidad y fiscalizar cada proyecto. Luego, todos tenemos que facilitar que las obras se realicen, anteponiendo los intereses políticos sobre el bien común. Cuando Castillo asumió la presidencia se fueron (fugaron) del Perú $25,000 millones de dólares; hoy hay proyectos de inversión superiores a los $100,000 millones. El radicalismo quiere pobreza, venganza y obstrucción; ahí se han cobijado Belmont, Sánchez, Nieto Montesinos y López Chau. Ellos ahora tendrán que confrontar con un gabinete de profesionales con experiencia, capaces de vencer la cháchara barata, el populismo, la demagogia y la mentira.
¡El Perú lo merece!
















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