Alan Salinas
No tenemos gobierno
El circo solo distrae momentáneamente a la gente
La teoría política sostiene que hay dos vías para gobernar: una es la confrontación y la otra es la concertación. Ambas –según el contexto– funcionan y son válidas, siempre y cuando no se rompan las reglas de juegos democráticos. Dicho esto, ¿cómo podríamos analizar —a punto de cumplir un año de Gobierno— la conducción política del presidente accesitario Martín Vizcarra?
Parto desde lo evidente: la poca o crítica capacidad que tiene —hasta el momento— Vizcarra para asumir la conducción política del país. Diversos analistas lo han catalogado como un presidente sin reflejos. Y no les falta razón. La designación mayoritaria de ministros tecnócratas —sin manejo político— es uno de los múltiples problemas que tiene el Gobierno para conducirse políticamente.
Judicializar a la oposición no es gobernar, establecer acuerdos lesivos para el país con una empresa corrupta como Odebrecht no es acorde al lema del año que ha designado el Ejecutivo: de lucha contra la corrupción. Subir el sueldo a los alcaldes, habiendo tantos desafíos en el buen desempeño del Estado, no significa en lo más mínimo gobernar. Contratando a un grupo de músicos para publicitar la agenda del Ministerio de Inclusión Social no se reduce la anemia. Y no nos olvidemos que —hasta la fecha— no se ha hecho nada por la reconstrucción del norte del país.
Todo lo que se viene señalando no es gobernar por el lado correcto de la historia. El mismo estilo tuvieron Fujimori, Toledo, Villarán y Humala. ¡Y miren cómo terminaron! Prófugos, sobornados y encarcelados. Vizcarra cree que con el poder se puede hacer lo que se desee irresponsablemente. Y no es así. Hay que tener responsabilidad de Estado. Concertar para que el país —en tiempos de turbulencia económica— pueda tener una agenda a mediano y largo plazo sobre cómo crecer sosteniblemente, pactando con los diversos sectores productivos del país, así como con la oposición política.
El circo puede distraer momentáneamente a la gente, pero cuando la ciudadanía comience a sentir que el precio de los alimentos sube, la electricidad sube y el agua escasea, comenzarán a pensar públicamente lo que ya se lee por diversas paredes de Lima: “Vizcarra corrupto”.
Concertar es la prioridad para el país, no confrontar. ¡Así se gobierna!
















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