Berit Knudsen

Irán: un Estado que combate a su propia sociedad

La crisis en Irán expone dilemas globales

Irán: un Estado que combate a su propia sociedad
Berit Knudsen
15 de enero del 2026

 

Las olas de protesta siguen azotando Irán. Sus calles viven el choque entre agendas estatales, consignas ideológicas y una población que exige supervivencia. Más que inflación o uso estatal de la fuerza, se evidencia la fractura entre un régimen obsesionado por el control estratégico regional y una sociedad exhausta, que dejó de reconocer la legitimidad de esos proyectos.

El detonante fue económico. A la sequía estructural se sumó la inflación persistente, la devaluación del rial y los salarios pulverizados, haciendo inviable la vida cotidiana para millones de iraníes. El estrés hídrico afectó la agricultura y los alimentos, y generó la migración interna hacia ciudades que eran incapaces de absorberla. La falta de agua resintió la economía y la política entró en sus casas. Las carencias materiales rompieron el contrato implícito entre Estado y sociedad.

La respuesta del Ayatolá, lejos de corregir prioridades, endureció el control. La represión religiosa, política, económica y militar ignoró la lógica de supervivencia para buscar obediencia. Apagones de internet, detenciones masivas y municiones contra civiles intensifican la crisis. Ejecuciones inminentes muestran hasta dónde puede llegar el castigo cívico para restaurar el miedo. 

A la represión interna se suma la política exterior iraní. Control regional mediante Hezbollah, milicias chiíes en Irak, hutíes en Yemen y apoyo a Hamas es la estrategia desplazada hacia afuera. La proyección regional sostiene una narrativa de resistencia frente a enemigos externos, para justificar la militarización del Estado con recursos hacia la Guardia Revolucionaria, columna vertebral del régimen. Pero el pueblo sabe que cada recurso invertido en la expansión regional desvía las inversiones en agua, alimentos, empleo o infraestructura básica.

Es el choque entre un Estado que prioriza orden, seguridad y supervivencia estratégica; y una población que exige dignidad, libertad y futuro. Así, la protesta se vuelve vital, exigiendo soluciones mínimas de subsistencia y cambios en el sistema.

La tabla intenta explicar cómo llegó Irán hasta aquí. El sistema nacido tras la Segunda Guerra Mundial fue diseñado para gestionar Estados, no para proteger sociedades frente a sus propios gobiernos. La soberanía y no intervención se impusieron para evitar guerras entre potencias; subordinando los derechos humanos que pudieran chocar con la estabilidad. En la fase actual, cuando el conflicto deja de ser geopolítico y se vuelve social, los mecanismos multilaterales se paralizan y se vuelven inoperantes.

Quienes “protegen” al autoritarismo –Rusia y China– no sostienen a Irán por afinidad ideológica ni compromiso con su población. Lo hacen para preservar el principio de soberanía estatal y competir por la hegemonía. Cuando el costo del régimen aumenta, la protección se vuelve ambigua. No intervienen para salvar a la sociedad, difícilmente rescatarán al régimen si la crisis escala. Las coaliciones autoritarias protegen Estados aliados, no a las personas que viven en ellos. Ante un conflicto social, el interés y la iniciativa se minimizan.

Lo de Irán, más que una crisis nacional, es la radiografía de los límites del orden mundial. Muestra la represión extrema de un Estado que confunde estabilidad con coerción y una proyección regional que fracasa ante el colapso interno. Evidencia la incapacidad del sistema internacional que gestiona Estados, sin proteger a las sociedades cuando el Estado demuestra ser el problema. La soberanía defiende la no intervención ante la violencia al interior de las fronteras.

La crisis en Irán expone dilemas globales. Un mundo donde los Estados refuerzan el control y las sociedades reclaman sentido y futuro, ¿puede sostenerse indefinidamente con represión? ¿Cuántas vidas son necesarias para aceptar que el conflicto no es ideológico? La lucha en Irán es por la supervivencia y la libertad.

Berit Knudsen
15 de enero del 2026

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