Heriberto Bustos

El riesgo de la improvisación en el tramo final del gobierno

La burocracia hipotecaría el futuro de millones de estudiantes

El riesgo de la improvisación en el tramo final del gobierno
Heriberto Bustos
15 de enero del 2026

 

Hace menos de 24 horas el país se ha enterado del cambio de las dos viceministras del Ministerio de Educación, situación que debe llamar nuestra atención, en tanto se produce a solo 60 días de iniciarse el año escolar 2026 y a 180 días de la finalización del actual gobierno. Este hecho devela una crisis de gestión, pues no se trata únicamente de un cambio de nombres, sino de una interrupción del flujo logístico y pedagógico que sostiene a millones de estudiantes. Pareciera que la educación en el Perú estuviese “gestionada por bomberos”: se apagan incendios inmediatos (contrataciones, mantenimiento de emergencia), descuidando la visión de largo plazo.

Se ha desembocado en una suerte de desorden. A las “debilidades” de un ministro ajeno al devenir educativo —abogado con un MBA gerencial, con desempeño principalmente en asesoría en el Congreso de la República—, limitado a cumplir un rol de transición, se suma la evidente ausencia de fuerza política para impulsar reformas de ley profundas. A ello se añade el riesgo de que los nuevos viceministros, al parecer sin mayor conocimiento del sector, actúen solo como “custodios” de un sistema que necesita, con urgencia, una reforma profunda en la calidad del gasto y en la protección de los aprendizajes, base sustancial para responder a la inestabilidad política.

Una mirada a los aprendizajes, al compromiso docente y a la esperanza de la colectividad permite dimensionar la gravedad de la situación educativa. Los resultados de aprendizaje son particularmente preocupantes, pues los datos más recientes muestran que su recuperación se ha estancado. Mientras regiones como Tacna y Moquegua mantienen el liderazgo, regiones amazónicas como Loreto y Ucayali, aunque han mejorado en primaria, siguen necesitando una gestión técnica de largo plazo, riesgo que se profundiza con cambios de viceministros a solo 60 días del inicio del año escolar. En cuanto a los maestros y su compromiso educativo, si bien el porcentaje de docentes nombrados en la Carrera Pública Magisterial ha subido del 51 % a más del 70 %, otorgando mayores niveles de estabilidad, ello no guarda relación directa con los resultados de aprendizaje. En cuanto a la confianza de los padres en el sistema educativo, tras los desencantos por dichos resultados emerge un factor nuevo: el miedo frente a la extorsión y la violencia que ha alcanzado a algunas instituciones educativas.

Los cambios de las viceministras de Gestión Pedagógica y de Gestión Institucional, a solo dos meses del inicio de clases y en el último tramo del gobierno, no constituyen un evento administrativo menor; son un golpe a la columna vertebral operativa del sector. Recordemos que el primer trimestre del año es el periodo de mayor presión logística. La ausencia de titulares con experiencia en estos despachos genera múltiples problemas: aunque el presupuesto esté asignado, la firma de los viceministros es necesaria para destrabar la distribución final de materiales educativos y la transferencia de partidas de emergencia para infraestructura (mantenimiento, agua y saneamiento); del mismo modo, está en curso el proceso para contratar a más de 140 000 maestros durante el presente mes. Además, las direcciones regionales de educación pierden a su interlocutor técnico: sin viceministros estables, cada región termina haciendo su propia interpretación del currículo, fragmentando la calidad educativa nacional. Cualquier ajuste normativo o resolución de conflictos en las UGEL, instancias directamente responsables del accionar educativo, requiere de una autoridad nacional sólida para evitar que el 16 de marzo haya aulas sin profesores. Tras los resultados de la ENLA, se necesitaban planes de choque para matemática y secundaria; un cambio de mando a estas alturas implica que dichos planes queden en “piloto automático” o se engaveten por falta de presupuesto para su implementación.

Adicionalmente, los nuevos funcionarios suelen evitar firmar convenios o proyectos innovadores por temor a auditorías posteriores. Esto condena al 2026 a ser un año de “mantenimiento” y no de mejora. Los cambios mencionados vienen, además, acompañados de la rotación de directores de línea y asesores técnicos. Esta pérdida de “memoria institucional” hace que el Ministerio vuelva a empezar de cero en procesos que ya se encontraban avanzados.

La situación configura un escenario complicado. Solo queda esperar que el sector no se convierta en un botín político de corto plazo, sacrificando la planificación técnica necesaria para que los resultados de aprendizaje (ENLA) dejen de estar en rojo.

En definitiva, cambiar el mando estratégico a las puertas del año escolar no es un simple ajuste de piezas; es un sabotaje a la continuidad del sistema. Si el Minedu no logra blindar sus procesos técnicos frente a la vorágine política de salida, el 2026 será recordado como el año en que la burocracia y el temor administrativo hipotecaron el futuro de millones de estudiantes. La educación peruana no necesita custodios de oficina; necesita líderes que asuman el costo de transformar el gasto en aprendizaje antes de que el tiempo se agote.

Heriberto Bustos
15 de enero del 2026

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