Berit Knudsen

Venezuela y el fin de la ficción soberana

El primer laboratorio visible de un gran cambio en la política internacional

Venezuela y el fin de la ficción soberana
Berit Knudsen
08 de enero del 2026

 

La madrugada del 3 de enero marcó un momento de quiebre en Latinoamérica y el mundo. La extracción de Nicolás Maduro de Venezuela no cerró la crisis, abrió una etapa compleja. La inoperancia del debate internacional en torno a sanciones, negociaciones fallidas y comunicados diplomáticos quedó evidenciada, demostrando que no resuelven la realidad de un Estado capturado por redes criminales, sostenido por represión, petróleo y alianzas ilícitas. Ese equilibrio precario se rompió en forma abrupta.

El panorama global actual es tenso, no porque hayan desaparecido las reglas, sino porque deja de sostenerse la ficción de que esas reglas pueden convivir indefinidamente con estructuras criminales disfrazadas de soberanía estatal. El poder, sin velos retóricos, reemplaza la inacción que sostuvo la represión por décadas.

La nueva arquitectura para Venezuela ha sido descrita por Marco Rubio en tres fases. La primera es de estabilización, en la que el objetivo inmediato no es democratizar, sino evitar el colapso o vacíos de poder. La “cuarentena petrolera” busca administrar el crudo venezolano, hoy inmovilizado para evitar el control de Cuba, Rusia, Irán o China. El objetivo es cortar la caja que financia represión, lealtades armadas y redes criminales, vendiendo a precio de mercado sin pasar por el aparato del régimen. 

La fase de recuperación busca la reconstrucción económica y reactivación petrolera con empresas occidentales, bajo condiciones de seguridad jurídica y control financiero. Y también abrir paralelamente espacios políticos con medidas de descompresión política: amnistías, liberación de presos políticos y reconstrucción gradual de la sociedad civil. 

La tercera fase de transición tiene por objetivo consolidar un nuevo marco político y democrático, con el regreso de María Corina Machado y Edmundo González. No se trata de un calendario limpio o lineal. Las fases se superponen para impedir que el aparato criminal se recicle bajo nuevas formas.

Con este enfoque Cuba aparece como punto de tensión inmediato por su dependencia estructural. El régimen cubano es la columna vertebral administrativa y represiva del chavismo, mientras Venezuela sostenía económicamente a Cuba. Si el flujo de petróleo se interrumpe, la grave crisis cubana se acelera. Si un sistema cae, el otro quedará expuesto.

En el centro del conflicto está el poder, no la retórica. Lo decisivo no es el discurso democrático, sino el control económico, marítimo y logístico. La coerción estadounidense opera cerrando el movimiento de petróleo y dinero no autorizado, incluyendo los flujos que sostenían las alianzas con Cuba, Rusia, Irán o China. Al interrumpir el circuito, la represión se encarece y las coaliciones internas comienzan a fracturarse. El riesgo político es la narrativa del bloque soberanista que intenta presentar la salida de una narcodictadura como expropiación externa estadounidense.

En el mismo tablero encaja Groenlandia, geopolítica pura y dura, aunque parezca distante. El Ártico es hoy una ruta estratégica y Groenlandia funciona como portaaviones que controla el acceso al Atlántico Norte. Rusia y China necesitan romper el cuello de botella del estrecho de Malaca y proyectarse por el Ártico. Para Estados Unidos y la OTAN, impedir el acceso es vital. Una plataforma que parte de la misma lógica.

Las tensiones se centran en la crítica al uso del poder económico y logístico para lograr lo que la diplomacia multilateral no ha conseguido en décadas. El costo político es alto: la restitución de la soberanía popular queda temporalmente relegada, subordinada al desmantelamiento del aparato criminal. El mundo no ha perdido reglas; ha perdido la paciencia frente a ficciones que protegían estructuras criminales. Venezuela es el primer laboratorio visible de ese cambio. Cuba podría ser el siguiente. El sistema internacional observa, sabiendo que el precedente, aunque peligroso, está en marcha.

Berit Knudsen
08 de enero del 2026

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