Silvana Pareja
La investidura a oscuras: cuando el poder se esconde
Sobre la peculiar reunión del Presidente José Jerí y un empresario chino
La investidura presidencial no es un accesorio protocolar: es un mandato de conducta. En una república frágil, donde la confianza pública se evapora con facilidad, el presidente —más aún si es interino— está obligado a ser ejemplo de transparencia, sobriedad y trazabilidad. Por eso, la imagen de un jefe de Estado “encapuchado y escondido”, entrando de noche a una cita no registrada, no es una anécdota pintoresca: es un síntoma institucional.
Según una investigación periodística, el presidente interino José Jerí acudió el 26 de diciembre, pasadas las 10 de la noche, a un encuentro con el empresario chino Zhihua Yang en el chifa del propio empresario. El episodio encendió una nueva controversia porque no figura en el registro oficial y se realizó bajo marcado hermetismo, en plena época de baja atención mediática por las fiestas de fin de año.
En política democrática la forma también es fondo. Un mandatario puede —y debe— reunirse con empresarios, líderes sociales o delegaciones extranjeras. Lo que no puede normalizar es el modus operandi: sombras, secretismo, ausencia de agenda pública y una narrativa que llega después, a la defensiva.
El presidente sostuvo que “no tuvo nada oscuro” y que la conversación se limitó a coordinar actividades por el Día de la Amistad Perú–China (1 de febrero), incluso señalando que algunas coordinaciones se habrían desarrollado también en Palacio. Sin embargo, fuentes de la comunidad china en el Perú ponen en duda esa versión: indican que el empresario no tendría participación en la organización del evento y que no existe antecedente de presidentes coordinando esa conmemoración con empresarios de esa nacionalidad. La contradicción no apaga la polémica, la reaviva. ¿Por qué una cita clandestina para una coordinación supuestamente protocolar?
El contexto agrava el problema. De acuerdo con el registro de visitas del Despacho Presidencial, Zhihua Yang ingresó a Palacio al menos tres veces entre diciembre y enero: el 12 de diciembre (53 minutos), el 29 de diciembre (tres horas, con la secretaria de Comunicaciones de Palacio, Johana Ocampos) y el 5 de enero (una hora y 17 minutos). Aunque estas visitas no figuran como reuniones directas con el presidente, se vinculan al área de Comunicación Estratégica y Prensa, lo que alimenta interrogantes sobre el rol real del empresario en el entorno gubernamental.
Hay algo que el poder suele olvidar: la investidura no solo exige honestidad; exige apariencia de corrección. La ética pública funciona por señales, y aquí la señal es devastadora. Un presidente que se desplaza a escondidas a un local privado para una reunión no registrada erosiona tres pilares: transparencia (sin registro no hay fiscalización), prevención de conflictos de interés (una cita privada con un empresario exige máxima claridad) y autoridad moral (la confianza debe ser racional, no un acto de fe).
El dominical Punto Final recordó menciones previas sobre Zhihua Yang asociadas a viajes a China en 2024, con presencia de congresistas y personas cercanas al poder, sin razones transparentadas públicamente. Asimismo, información difundida por el periodista Carlos Viguria señala que el empresario integró una delegación que viajó a China en julio de 2024, encabezada por Dina Boluarte. Se añaden referencias a entramados empresariales y servicios profesionales vinculados a círculos de poder. Nada de ello prueba por sí solo una irregularidad, pero la suma de opacidades construye el terreno perfecto para la sospecha.
Si el Ejecutivo sostiene que la reunión fue inocua, la salida institucional no es la indignación sino la evidencia: agenda, motivos, participantes y razones del encuentro nocturno sin registro. La Comisión de Fiscalización podría citar al mandatario, y sería sano que lo haga no como espectáculo, sino como control democrático. En tiempos como estos, el decoro no es un gesto: es una política pública. Y la investidura, cuando entra por la puerta de atrás, corre el riesgo de salir por la ventana de la legitimidad.
















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