Carlos Delfin
Modelo georgiano para mejorar a Sudamérica
Un pequeño país que nos ha superado en competitividad
Siempre hay miedo de las reformas económicas, por los problemas sociales que producen. Especialmente cuando se dan subvenciones económicas a la gente, ya de después es muy difícil retirarlas. Estas subvenciones terminan costando cada vez más al sector productivo, y lo vuelve menos competitivo con respecto a los de otros países, y en el largo plazo generan un deterioro a la economía del país.
Georgia, país en el Cáucaso, es un caso interesante de observar. Sus exportaciones son cobre, aleaciones de silicio-manganeso, automóviles, vino y oro, entre otros. El sueldo mínimo mensual en Georgia es de US$ 57, mientras que en el Perú es de US$ 362. Puede parecer mucha diferencia, pero al analizar el per cápita a valores de paridad de poder adquisitivo (PPA) vemos que la diferencia a favor de Perú solo es de 18%.
En ese país se realizaron una serie de cambios, entre los principales: a) Simplificaron el sistema tributario y ampliaron la base imponible, por lo que más gente empezó a tributar; b) Eliminaron los aranceles para el 95% de los productos; c) Redujeron el 50% de los permisos requeridos para comercializar; d) Aplicaron la justicia a los empleados públicos y policías corruptos; e) Privatizaron empresas públicas; f) Promulgaron una Ley de Demostración de Bienes, bajo pena de confiscación, para evitar lavado de activos; g) Pusieron límite al gasto público (hasta 30% del PBI), déficit máximo (3% del PBI), deuda pública máxima (60% del PBI), y un referéndum a todos los georgianos en caso de que el Gobierno quisiera aumentar impuestos. Finalmente se privatizaron los hospitales y se mantuvo el seguro para las personas que estaban en situación de pobreza. Hoy Georgia tiene 2.6 camas hospitalarias por cada 100 personas (en el Perú tenemos 1.5 camas por cada 100 personas).
Las principales consecuencias de estas medidas fueron que se cuadruplicó el PBI en 10 años y casi se duplicó la recaudación tributaria con respecto al PBI. Asimismo, se mejoró la confianza de la población en sus empleados públicos y policía. Georgia está en el puesto 41 (entre 180 países) en transparencia (Perú es 105/180). En el ranking Doing Business pasó del puesto 137 al puesto 6. Todo esto nos muestra que hay casos de éxito económico que tal vez suenen poco en Latinoamérica, por desconocimiento o por la tendencia económica de los medios; sin embargo, ver más allá del mundo occidental nos muestra que las reformas estructurales sirven en diferentes realidades socioeconómicas.
Hoy el postulado compartido es que las empresas deben invertir en formación, tecnología, clima laboral y reducción de costos para ser competitivas en una industria que se vuelve cada más exigente. Esto mismo se aplica a los gobiernos, que deberían invertir en educación (formación), tecnología, índice de seguridad y transparencia (clima país) y reducción de costos (infraestructura tangible e intangible).
La no aplicación de todo ello (o el retraso) hará que cada vez se desincentive la inversión, y que la brecha de desigualdad económica siga creciendo, generando malestar en la población. Desgraciadamente ese malestar es aprovechado por los políticos populistas, que aplican medidas que satisfacen a la población en el corto plazo, pero que terminan perjudicando en largo plazo al país. Finalmente, la mejora de la competitividad de un país, además de incrementar las inversiones y los puestos de trabajo, genera siempre nuevas oportunidades de desarrollo, dadas las especializaciones y continuas mejoras. A ello se suman los recursos naturales que tenemos como país, resultando una sinergia productiva que brindará más bienestar a todos.
















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