Favio Leon
Lucha ideológica declarada
Está en juego la libertad de todos los peruanos
Es de conocimiento público que el partido Perú Libre, liderado por su secretario general Vladimir Cerrón, tiene como ideario el marxismo, leninismo y mariateguismo. No debería causar sorpresa que sus militantes y simpatizantes, en tanto asociación política se esfuercen para difundir los postulados de su ideario a nivel nacional. Por ello, la existencia de la academia de Perú Libre es un instrumento de difusión donde se dictan clases “gratuitas” a estudiantes preuniversitarios, siendo la zanahoria para los alumnos las clases; y la contraprestación, el proselitismo y la potencial militancia. Además, es coherente con su razón de ser, la conquista y conservación del poder absoluto.
Los postulados de Perú Libre pueden ser erróneos o incorrectos, pues la teoría y la experiencia a nivel mundial han demostrado que la prédica socialista y totalitaria no son los medios más idóneos para la consecución del fin deseado, que es proveer mejor bienestar a los ciudadanos. Sin embargo, en tanto no se comprometan recursos públicos y se use el aparato estatal para subsidiar, realizar proselitismo político y diseminar la ideología colectivista desde el poder, no debería ser objeto de prohibición alguna.
Las ideas deberían circular libremente en nuestra sociedad. Si las autoridades competentes desean fiscalizar, deben circunscribir cualquier investigación a estos aspectos más no conculcar el derecho de Perú Libre a la libre difusión de su ideología por más cuestionable que sea. Sí nos debe quedar bien claro que Perú Libre no solo ha llegado al poder con Pedro Castillo a la cabeza, sino que su ideólogo Cerrón es consciente de que el gobierno será sostenido en el largo plazo por la fuerza de las ideas. Esto explica la necesidad de formar futuros cuadros e incorporar más militantes. A eso se refirió Abimael Guzmán cuando en la noche de su captura increpaba a sus captores que podían detenerlo y encerrarlo, pero la ideología de sus militantes seguiría vigente. No le faltaba razón. Si queremos erradicar la influencia del socialismo y todas sus variantes es vital dar la batalla de las ideas por eso la lucha ideológica hoy más que nunca está declarada.
Si la conquista del poder absoluto y su conservación es el objetivo de Perú Libre, necesita siempre que la mayoría de los peruanos la hagan suya. Solo así obedecerán los mandatos del poder.
Fortaleza intelectual decisiva
El sistema capitalista, frente a los esquemas redistributivos, tiene dos ventajas: su fortaleza intelectual e infinidad de casos de éxito de países donde dicho modo de producción ha mejorado sustancialmente las condiciones de vida de sus habitantes. Ello no ocurre con el socialismo. Miremos a Cuba, Venezuela.
Sin embargo, no basta con tener la razón o la fortaleza intelectual, es decisivo que la mayoría esté convencida de ello. Por eso es fundamental en esta coyuntura que vive el país luchar a nivel intelectual, como lo hizo Ludwig von Mises en el siglo XX. Él realizó una infatigable, coherente y radical defensa de las libertades individuales y la limitación del poder. En su principal obra, Acción Humana, el economista austríaco sentenciaba en el capítulo referido al papel de las ideas: “(…) el tirano precisa el apoyo ideológico de determinado grupo para someter a los restantes; ha de disponer de un círculo de partidarios que voluntariamente le obedezcan. Esa espontánea sumisión le proporciona el arma necesaria para someter a los demás (…)”.
Por eso sostenía que para que triunfe la causa de la libertad y el progreso no basta con que sea razonable y útil, sino que las mayorías estén convencidas de ello. El discurso de Perú Libre ya fue contestado hace décadas pero sigue cautivando a muchos peruanos, quienes con la esperanza de mayor bienestar, ceden ante la retórica colectivista.
Constantemente se invoca al “pueblo” como el aliado del gobierno y a sus enemigos como los que están en contra del pueblo. “El pueblo soy yo”, entre líneas, parece decir quien lidera el actual gobierno y es el máximo intérprete de su verdad. Como buen marxista apela a la “lucha de clases”, hoy, “la lucha del pueblo”.
El pueblo, como concepto, no tiene vida propia. Los que tienen vida son los individuos de carne y hueso, cada uno con propia voluntad, con gustos y preferencias, con ideas y pensamientos propios. Se apela a un sentimiento de identidad colectiva para convencer que el camino trazado por los líderes de Perú Libre es el correcto. Asimismo, las instituciones, la democracia y el imperio de la ley ya no pueden ser un límite al poder del pueblo sino su mera expresión. Cualquier cuestionamiento al gobierno de turno es una afrenta al pueblo, hoy palabra mágica y el salvavidas de Castillo y Cerrón.
Si Maraví finalmente es censurado por el Congreso, la reacción política terminará con el cierre de esa institución y allanará el camino para que Perú Libre ejecute su ansiada Asamblea Constituyente. Por estas breves razones en todos los rincones del país debemos dar el debate de las ideas ya sea en las redes sociales, gremios, academias, instituciones educativas y el propio Parlamento.
No caben tibios ni complacientes. Solo de esta forma podremos defender nuestra libertad.
















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