Favio Leon

La libertad es la única opción

Para generar prosperidad económica y progreso

La libertad es la única opción
Favio Leon
17 de agosto del 2021


Solo existen dos formas de asignar los escasos recursos de un país: ya sea a través del mercado (es decir de la cooperación de los individuos de forma libre y voluntaria) o a través de la planificación estatal vía órdenes o mandatos. No existe tercera vía. Y los países han ensayado ambos sistemas de organización económica y con resultados diametralmente opuestos. 

El primer método ha sido capaz de generar abundante prosperidad económica y progreso en sentido estricto, en un contexto de amplia libertad. El segundo, solo pobreza e involución y el ominoso camino hacia una sociedad servil. A pesar de ello, y en pleno siglo XXI, los países insisten en un modelo de ingeniería social que ha fracasado para sacar de la pobreza a su gente. ¿Será que estamos condenados –especialmente en esta parte del planeta– a vivir en un constante péndulo ideológico?

Si bien es cierto la historia de los hombres es la historia de las ideas –y por ello el debate ideológico ha sido, es y será para toda la vida–, debemos desplegar todos nuestros esfuerzos para lograr que nuestras sociedades incorporen en sus creencias ciertos principios e instituciones que han demostrado crear bienestar y riqueza en un marco de respeto absoluto por los derechos de los individuos. No hay que olvidar que la riqueza es un fenómeno reciente en la humanidad. Gran parte de su historia es la historia de la pobreza, del robo y el saqueo. Lo que un individuo obtenía se lo quitaba a otro, es la pura redistribución y es característico de una sociedad tribal. Solo una de las partes se beneficia y el otro asume todo el costo. 

Con el intercambio de bienes y servicios recién podemos decir que los hombres crean riqueza. ¿Por qué? Porque el intercambio solo es posible si ambas partes valoran subjetivamente más lo que el otro le entregará. La ganancia es para ambas partes de la transacción. Esto es lo que caracteriza a una sociedad conformada por individuos libres, libres de las órdenes del jefe, del caudillo o del Estado.

Por otro lado, no podemos ignorar el hecho de que ya no convivimos entre vecinos conocidos, sino entre millones de individuos con necesidades y deseos cambiantes y diferentes entre sí. Por eso solamente hay un mecanismo que permite eficientemente detectar hacia dónde se dirigen esas preferencias cambiantes y se llama Sistema de Precios. 

Es gracias a este mecanismo impersonal, como señaló Friedrich A. Hayek en sus Nuevos Estudios, que los hombres están capacitados para servir al enorme ámbito de la “gran sociedad”, a la que “ninguna sabiduría ni conocimiento humano podría ser suficiente para examinar”. Esta es la ventaja de un esquema de mercado frente a cualquier esquema redistributivo, ya sea tribal, agrarista, socialista, mercantilista o cualquier forma de estatismo o colectivismo. 

El problema de la redistribución es que transfiere el poder de decisión de miles de individuos en sus transacciones a la de uno solo o un grupo de individuos que detentan el poder. Las consecuencias ya la conocemos: el mayor de los fracasos para mejorar las condiciones de vida de la gente y el más extremo totalitarismo. 

Ríos de tinta se han escrito desde Adam Smith hasta la actualidad para demostrar que el único sistema que explica la causa y origen de la riqueza de las naciones es el “sistema de libertad perfecta o libertad natural” basado en la división social del trabajo, los precios libres y un adecuado marco institucional que limite el poder del Estado.

Por eso ¡la libertad es la única opción!

Favio Leon
17 de agosto del 2021

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