Dante Bobadilla
La intelectualidad mediocre
Sumergida en la mediocridad y víctima del progresismo
Alejandro Toledo es el personaje más icónico de la política peruana de este siglo. Representa muy bien a nuestra actual clase política. Muchos se cogen la cabeza y culpan a la sociedad, al “electarado”, pero no son los únicos culpables por encumbrar a estos políticos. Gran parte del problema de la política actual es nuestra mediocre clase intelectual, que es la que avala y sustenta a estos políticos, con sus ideas y poses de gurús de la moral.
Tras el escándalo internacional del arresto de Alejandro Toledo en EE.UU. por borracho, han salido sus intelectuales de cafetín a defender su “legado”, como la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) y el Acuerdo Nacional, dos globos de gas que solo sirvieron para adornar la fiesta caviar, sin aportar absolutamente nada al desarrollo del país. Fue el inicio de la política del show, la pose correcta y el discurso bobo, mientras el país se cae a pedazos.
¿Para qué sirvió la CVR? En principio no nos dijo ninguna verdad que ya no supiéramos. Ya todo estaba escrito y publicado en abundancia y con exceso. Incluso la CVR se basó en esas fuentes. Para lo único que sirvió en realidad la CVR fue para lavarle la cara a la izquierda, salvando toda su responsabilidad histórica tras haberse pasado 20 años predicando la lucha armada y la guerra popular del campo a la ciudad. Ellos no cargaron con ninguna culpa. Al contrario, salieron fortalecidos con su novedoso disfraz de defensores de los DD.HH.
Para lo segundo que sirvió la CVR fue para fundar el antifujimorismo como doctrina política, pues gran parte de su informe se dedica a lapidar y denigrar a Alberto Fujimori. Nunca sirvió para la reconciliación. Por el contrario, su informe fue usado para la persecución y el odio. Los grandes beneficiados de la CVR fueron las ONG de izquierda, no el país.
Por su parte, el Acuerdo Nacional solo sirvió para que Alejandro Toledo no fuera expulsado del poder por las iras populares. Más allá de eso nunca tuvo utilidad alguna, y hace tiempo que debieron desactivarlo. El único acuerdo nacional es la Constitución y el único lugar donde se logran los acuerdos nacionales es en el Congreso. El famoso Acuerdo Nacional de Toledo solo es un circo político y un cadáver que nadie quiere enterrar. Siempre lo sacan del closet como un traje de ocasión. La norma en este país es que se puede crear toda clase de adefesios burocráticos; pero nunca se eliminan, aunque hayan demostrado su inutilidad.
Ver ahora a nuestros intelectuales tratando de limpiar el vómito de Alejandro Toledo es realmente patético. ¿Será que tienen un sentimiento de culpa? Estos intelectuales de salón están dominados por esa especie de moderna maldición de la humanidad que es el progresismo, una alienada forma de entender el mundo a partir de una postura moral, y que conduce obviamente a cuestionar prácticamente todo en la sociedad, ya que el ser humano es un ser imperfecto. Y como se trata de genios intelectuales, siempre están buscando enrevesadas teorías llenas de conceptos curiosos para explicar las cosas más simples, apelando a monstruos imaginarios llamados “sistemas”. Así, resulta que la simple atracción sexual del hombre por una mujer es parte del machismo propio del sistema opresor del patriarcado.
Y ya no hablemos de la ideología de género, que pretende que lo normal sea cuestionable y lo anormal asuma prevalencia. Si esta élite intelectual, alienada con ideología social, visiones mesiánicas y voluntarismo reformista, decide apoyar a un candidato porque les ofrece abrirles las puertas del Estado para sus planes de ingeniería social, la gente no tiene mayores luces para dudar. De manera que la responsabilidad no es solo del “electarado” sino de nuestra clase intelectual que, como todo lo demás en este país, está sumergida en la mediocridad, y es una de las primeras víctimas de esa ola de estupidez mundial llamada “progresismo”.
El rumbo que lleva el país desde los días de Toledo es errático. El piloto automático de la economía empezó a fallar porque la nave lleva mucho peso. El Estado se ha llenado de políticas cursis que no nos conducen a ninguna parte. Necesitamos una nueva clase política que no se preocupa de la pose ni del show, y que no le deba nada a los poderes fácticos del país, que son las oenegés de izquierda.
















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