Carlos Adrianzén

La falta de capitalismo mata

Se acusa al capitalismo –que nunca ha existido en Perú– de nuestros males

La falta de capitalismo mata
Carlos Adrianzén
28 de enero del 2026

 

Existen innumerables definiciones de capitalismo. Las hay para todos los gustos. Y para todos los precios. Sí, estimado lector, se hace mucho dinero timando a la gente vendiéndole que el capitalismo es lo que no es. Algunos le echan la culpa hasta de que una actriz-activista mediocre no tenga público.

En estas líneas me quiero aprovechar del tema para discutir brevemente lo que es –o no es– capitalismo, refiriéndonos al vocablo con coherencia. Saltaré desde sus orígenes crematísticos post aristotélicos (eso de caput gentium), hasta una definición aceptable. Básicamente me enfocaré en el ideal opuesto dialéctico del socialismo: un sistema donde no se puede abusar de la gente. Estrictamente hablando, de un sistema smithiano de libertad natural. Usted nunca ha visto eso en el Perú. 

Actualmente existen aproximaciones relativamente cercanas en naciones como Suecia o Finlandia. Ambientes donde los estimados de libertad política y económica explicarían por qué son plazas ricas y poco corruptas. Pero es sano reconocer que –en estos tiempos, década tras década– el porcentaje de naciones libres o capitalistas está reduciéndose sostenidamente. El planeta hoy es más oprimido (revise por ejemplo las cifras de Freedom House). Ergo, crece significativamente menos y resulta mucho más corrupto que hace tres décadas. En estos tiempos, abundan las definiciones intelectualoides de capitalismo. Oscuras interpretaciones de lo que sería capitalismo. Insisto a gusto de algún gobernante o mercader.

Aunque pocos se lo cuenten, dictaduras tremendamente opresoras son hoy sindicadas como plazas que han transitado al capitalismo (China); y hasta ciertas naciones cantinflescas de Latinoamérica –donde se repite que quien no abusa (léase oprime), no detenta el poder– son referidas como capitalistas neoliberales. Desde los días de los nigérrimos Gramsci o Habermas y el tremendo Marcuse, el capitalismo –en penosas lecturas universitarias y corporativas– implica todos los males de los mundos terrenal y espiritual. 

De hecho, además –y particularmente– es achacado como el verdadero causal de todos los males que desencadena el socialismo (en sus variantes intelectuales, eclesiásticas, burocráticas o mercantiles).

 

Donde estamos parados hoy

El Perú y su economía dan un ventajoso ejemplo de esta materia (ver la Figura). Dibuja históricamente un buen ejemplo de un ambiente donde el capitalismo es solo retórico. Nuestro país está sellado de socialismos y mercantilismos diversos. 

De escasas libertades.

A pesar de que cantamos nuestro Himno Nacional sin mayor fundamento –i.e. nuestros índices de libertades económicas y políticas resultan deplorables–, en la discusión local, dizque intelectual o universitaria, se nos enseña que nuestra salida como nación implicaría escapar del capitalismo (al que nunca hemos abrazado); y a escondernos de un supuesto capitalismo u orden mundial, que hoy se da sellado de dos antítesis de la libertad: el mercantilismo (opresión para beneficio de los mercaderes) y/o socialismo (opresión para extraer hacia los dictadores y sus colaboradores). 

Nótese aquí que los peruanos no brillamos por aprovechar los precios internacionales de nuestros productos de exportación (los chilenos nos superan). Solo después de las reformas de mercado noventeras, pudimos aprovecharlas y solo algo más. Muchas reformas ya fueron revertidas (finanzas, manejo fiscal, gobernanza estatal, etc.). En perspectiva, sí. Las ideas económicas de nuestros caviares y filosenderistas dan pie a las carcajadas… si no fuera que nos gobiernan.

El gráfico único de este artículo, contrasta la imagen de una nación que se infla, pero persiste rezagada y empobrecida. Justamente por su falta de capitalismo. Por su falta de respeto al pueblo. En el Perú, en las últimas siete décadas, nos ha gobernado una recua de regímenes socialistas-mercantilistas que, o profundizaron sus grado de abuso (dictadura); o lo trataron de reducir timoratamente (reformistas a medias); o lo intentado profundizar de nuevo (caviarismo antirreformistas). 

Si acusa al capitalismo –que nunca ha existido en el Perú– de nuestros males, solo le queda aferrarse a usar su propia y aberrante definición de capitalismo. Sugestivamente, esta crítica resulta una definición más cercana a lo que supuestamente refuta.

Pero siempre podrá decir que lo engañaron en la universidad y que lo repite pepito, un febril y estrambótico personaje local. E incluso, ya que eso de enriquecerse trabajando es algo malo, poco caritativo y hasta injusto, podrá cómodamente autocatalogarse como víctima, según su definición de capitalismo. Sí, como la actriz-activista quejosa de la que les hablé al inicio de estas líneas.

 

La relación de supuestas “víctimas” 

Pero ¿dónde están las “víctimas”? Aparecen de todos lados. El empresario incapaz y corrupto que no obtuvo el favor de un burócrata y –por supuesto– quebró. El burócrata que fracasa –y fracasa regulando– simplemente porque el cálculo económico desde el gobierno es una quimera petulante. El agresor que fue detenido atracando a una mujer policía o a un anciano que necesitaba llegar a un hospital. El profesor de una escuela pública con severos problemas de comprensión lectora y que no soporta que los alumnos lean. El periodista-activista al que no contrata nadie (ya hay demasiados de estos). El médico subterráneo que asesina niños. El actor progre que confunde la actuación con el proselitismo más vulgar imaginable. El congresista coimero que actúa en minoría y no pasa ni siquiera una propuesta para una moción. En fin, hordas de personajes visibilizados por otros de la misma calaña.

Hay muchas “víctimas” que exigen que los demás cubran sus falencias. Con limpieza y orden ellos salen. Y –según esta comparsa– por culpa de nosotros los alienados y despreciables.

 

Las verdaderas víctimas (de la falta de capitalismo)

Pero… ¿Dónde están las reales víctimas? Los millones que sufren de hambre. Los que mueren en los hospitales. Los que son robados en las calles. Aquí también aparecen de todos lados en el Perú. Y como en otros países del planeta, son invisibles. Ignorados por una academia y prensa activista y mercantil.

Recuérdelo: cuando la burocracia puede abusar impunemente a nombre de la desigualdad, algún género o el medio ambiente, todos nos hundimos. Y lo que es peor: los asesinos pontifican. Como Antauro Humala en su reciente entrevista en El Montonero. Cuando ni siquiera sabe que es marxista hasta la médula… y que las ideas que vocifera ya han asesinado por hambre y desatención a millones de peruanos; y han enriquecido a los que pidieron votos con la mismas poses que él usa hoy.

La falta de libertad (capitalismo) asesina. Empobrece, abusa y mata.

Carlos Adrianzén
28 de enero del 2026

NOTICIAS RELACIONADAS >

La pregunta

Columnas

La pregunta

  Estimados lectores, en estas líneas escribiré so...

21 de enero
Cuando fuimos el futuro

Columnas

Cuando fuimos el futuro

  Cada uno de nosotros ve algo diferente. Cada día que pa...

14 de enero
La izquierda extractivista

Columnas

La izquierda extractivista

  Los datos y la racionalidad no resultan grandes amigos de los ...

07 de enero

COMENTARIOS