Alan Salinas
La democracia liberal en debate
¿Podrá la democracia sobrevivir al siglo XXI?
El destacado politólogo Aníbal Pérez-Liñán ha publicado hace poco un ensayo de suma importancia en la nueva edición de la revista Nueva Sociedad, titulado “¿Podrá la democracia sobrevivir al siglo XXI?”. ¿Qué nos dice en dicho texto? Pues que los principios fundamentales de la democracia liberal se encuentran en este nuevo siglo ampliamente cuestionados. Esto se debe a los cambios en el modelo económico global que transformó las diversas demandas en el trabajo, así como las demandas sociales.
Sostiene también que a raíz de estos cambios las respuestas frente a la democracia liberal son los poderes concentrados que ha experimentado este sistema de gobierno. Los casos que resalta son los de Venezuela de Hugo Chávez y Ecuador de Rafael Correa, que llegaron al poder por la vía electoral, pero que —una vez tomado el gobierno— socavaron toda idea de contrapeso de poderes. “¿Aló?, Presidente” del venezolano y “Las Sabatinas” del ecuatoriano no son rendición de cuentas, sino marketing político. Y no le falta razón. Termina el ensayo sosteniendo que en estos momentos es necesario dar una respuesta a la transformación global del modelo económico, resistiendo a las tentaciones de radicalismo.
Aquí va mi observación. Hace mucho tiempo que debería entrar en debate lo que es el populismo y su relación con la democracia. Como lo fue en su momento lo liberal con lo democrático, y que luego confluyeron después de la caída del Muro de Berlín, en muchas países del mundo. Actualmente en la academia se estudia a este fenómeno como una forma de gobierno, generalmente caudillista o de personalización de la nación, que menoscaba los principios de representación democrática. Ok, así también es, pero hay que entender que hay diversos tipos de populismos en el mundo y en la historia.
A partir de esta diferenciación se debe empezar a identificar cuáles son las causas de esta crisis de los principios fundamentales de la democracia liberal. Y poner en debate el aspecto republicano que tiene la propuesta populista (entendido como proyecto nacional-popular). Ese carácter republicano que tiene sobre la participación colectiva de manera directa, y no solo de representantes.
Ubicando el debate también desde ese punto, y no solo desde la transformación del modelo económico global, se podría buscar soluciones a la crisis que atraviesa la democracia en su versión liberal. Porque, entendamos de una vez, lo particular que representa actualmente la democracia liberal (unión de dos corrientes políticas) no puede generalizarse sin ningún tipo de crítica. Si bien es predominante, no es subversivo tratar de plantear un diálogo entre democracia y populismo, como alguna vez lo sugirió en varios textos Ernesto Laclau, para poder superar la crisis en la que se encuentre el régimen.
Tratemos de avanzar en ese camino, ya que es necesario. Tanto la academia como los medios de comunicación deberían enlazar esfuerzos para dicho propósito y no ser parte del show de la judicialización de la política.
















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