Dante Bobadilla

La crisis final del Estado

Nuestro país está gobernado por un poder externo

La crisis final del Estado
Dante Bobadilla
08 de mayo del 2019

 

La crisis ha sido un estado corriente en el Perú. Empezando por las iniciales guerras internas por el poder, hasta las penosas crisis económicas que nos llevaron a la miseria. Pero hoy nos hundimos en otro tipo de crisis más novedosa y severa: la crisis moral.

Y no me refiero a la corrupción, que ha sido otra constante en la historia. Eso no es nada nuevo, como tampoco lo son estos luchadores anticorrupción que desfilaron, primero como candidatos y ahora como fiscales, impartiendo una justicia convertida en farsa. Tenemos un circo anticorrupción con elenco completo, que incluye al presidente como actor principal, a fiscales amaestrados para el show y también a una prensa desaforada. Pero no me refiero a esto cuando hablo de crisis moral. Hay mucho más frente a nuestros ojos.

Vizcarra es ingeniero, pero como gobernante no tiene mayor diferencia con Maduro, que es un chofer de bus. Al carecer de ideología, de plan de gobierno y de partido ante el cual responder, Vizcarra se ha dedicado a ejecutar con mansedumbre los proyectos políticos que llegan como volantes desde organismos internacionales, con la asesoría de la caviarada oenegera local. El Perú ha terminado así como colonia de los organismos internacionales, y el Gobierno es solo una oficina de trámites. Todo lo que llega desde afuera se acata dócilmente.

Tampoco se trata solo de la agenda de género metida en el currículo escolar, que ya es un sancochado ideológico indigerible y vergonzoso. Hay acuerdos de todo tipo que nos hacen firmar como cholitos, como el apoyo a las migraciones o la protección de los “defensores de los derechos humanos”, entre muchos otros. Casi no tenemos políticas públicas propias. Todas son mandadas por la ONU y sus satélites, supervisadas y asesoradas por las oenegés locales. Y ese es el statu quo que la caviarada no quiere cambiar. Allí está el negocio. No solo tienen el control político total para sus delirios ideológicos, sino también los fondos públicos.

El Estado peruano está en crisis moral porque se ha sometido a agendas extrañas, ajenas al Perú como nación y cultura, lejos de nuestros intereses y prioridades. La agenda progresista de la ONU busca el soñado paraíso socialista de la sociedad perfecta, igualitaria en todos los sentidos, hasta en el género, para lo cual requiere destruir la cultura actual, que considera nefasta, y reemplazarla por una nueva, sacada de sus moldes ideológicos. ¿Quién en el Perú votó por ese plan? Nadie, pero nos someten como conejillos de indias a los experimentos sociales del progresismo internacional y de un poder impuesto como dictadura global.

Más allá de esa huachafería del “enfoque de género” —metida sin ningún criterio educativo en el currículo escolar, implantada a la fuerza por funcionarios mediocres que se limitan al discurso barato del igualitarismo social— también está la campaña de desprestigio de los partidos políticos, vieja estrategia de izquierda que facilitó la llegada de los outsiders y las combis electorales del nuevo milenio. Pero ahora van por la liquidación total de lo que queda de la democracia, criminalizando todo lo que hay. Estamos siendo atacados por dos flancos: el progresismo mundial destruye nuestros cimientos culturales y el progresismo local se trae abajo nuestras instituciones políticas. Y todos tienen un lindo discurso, por supuesto, para una masa de borregos en la que el tonto promedio aplaude todo y pide más.

El Perú ha pasado por crisis económicas devastadoras, no por culpa de plagas o desastres naturales, sino porque fuimos víctimas de experimentos socialistas, con la economía a cargo de un gran Estado. Hemos pasado por crisis políticas debido al ataque sistemático de dos grupos de izquierda que apelaron al terrorismo como método. Pero ahora enfrentamos algo peor, que es la amenaza de nuestra cultura por parte de un poder externo. La ONU y sus satélites, ayudados por sus agentes locales, nos imponen su agenda mundial y no tenemos un Gobierno que nos defienda, sino un Gobierno traidor y pelele que se pone a su servicio. Más allá del show mediático y de la farsa jurídica contra los partidos, queda impedir que nos traten como una colonia de salvajes sin gobierno propio. ¿Cómo lo hacemos?

 

Dante Bobadilla
08 de mayo del 2019

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