Dante Bobadilla
En manos de incompetentes
En el Poder Ejecutivo y la Municipalidad de Lima
Tanto el alcalde de Lima, Jorge Muñoz, como el presidente de la República, Martín Vizcarra, están dando un grotesco espectáculo de ineptitud en su gestión. En lo que compete al presidente, una vez terminada su temporada de circo en la farsa de la lucha contra la corrupción, la gente dejó de festejar el show de tortazos a la cara del Congreso y la penosa lapidación pública de Keiko Fujimori. Pasado el éxtasis del referéndum amañado, muchos perciben que fueron vilmente manipulados. Ahora Vizcarra desciende en su nivel de aceptación hasta llegar al desencanto.
Por su lado, el alcalde de Lima recién se inicia en el show con un inusitado apoyo del progresismo a la genialidad de cerrar el paso vehicular con maceteros en todas las calles del centro de la ciudad. Una barbaridad destinada no a resolver problemas sino a empeorarlos, incitando la lucha de clases, que es lo que más le gusta a la izquierda. Ahora se trata de confrontar a peatones con motorizados.
En la lógica de izquierda solo hay “lucha de contrarios”. Una paparruchada inventada por Hegel y tomada por Marx para montar su política de confrontación y revoluciones, disfrazada de filosofía y ciencia histórica. De lo que trata esta táctica política es de provocar enfrentamientos sociales en todas las formas posibles, ya no solo entre empresarios y trabajadores, ricos y pobres, campesinos y terratenientes, sino también entre hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales, etc. El aporte de Muñoz ha sido la confrontación entre los que tienen auto y los peatones.
Las redes sociales lo han dejado en evidencia. La cuenta de la MML ha declarado con total desfachatez que el peatón es el rey de la ciudad y, por tanto, dueño absoluto de las calles. El progresismo lo ha festejado agrediendo a los que protestan, señalando que es hora de dejar de lado el “privilegio de tener auto propio”. No vale la pena reseñar toda la sarta de tonterías que escriben los resentidos sociales de izquierda, los fracasados que solo viven del revanchismo y la confrontación clasista. Ellos quieren eliminar los autos particulares y hacer un mundo de peatones, ciclistas y buses de transporte público. La utopía de un mundo comunista.
Pedirle soluciones a un caviar es como pedirle peras al olmo. Un caviar vive desconectado de la realidad, le presta más atención a sus delirios y pretende imponer sus gustos y moral social como si le hiciera un favor al mundo. El alcalde Muñoz no nos ha dado ninguna solución al problema acuciante del tráfico. No nos ha dado ninguna solución a ninguno de los problemas prioritarios de la ciudad. Se ha ido por la tangente para imponer sus gustos y caprichos. Al señor le gustan los maceteros y hay que aguantarle que nos llene las calles con maceteros endiosando al peatón.
Ya antes hemos visto la manera patológica en que estos alcaldes ignoran las prioridades de nuestra realidad para dedicarse a sus caprichitos. Les importa un comino el tráfico recargado de avenidas como Larco o Dos de Mayo, y los recortan sin reproches para imponer una ridícula ciclovía para cuatro gatos en bicicleta que pasan cada hora haciendo deporte. Y lo más chistoso es que estos alcaldes se sienten orgullosos de esa obra, que tan solo le sirve al 0.5% de los ciudadanos.
El progresismo ha colocado en su altar de seres privilegiados al peatón y al ciclista. Ahora todo es para ellos. Ya no solo ciclovías, sino calles enteras o incluso la ciudad en pleno dedicadas a estos semidioses. Olvídese de los problemas de tránsito. No importan. Lo cierto es que Lima está en manos de un progresismo que, una vez más, no le dará prioridad a los verdaderos problemas de la ciudad, sino tan solo a desplegar sus delirios ideológicos y a rendir culto a sus dioses: peatones y ciclistas.
Si alguien quiere firmas para iniciar el proceso de revocatoria de Muñoz, estoy dispuesto a ser el primero en firmar. Que se vaya, pero ya.
















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