Dante Bobadilla

El show debe continuar

Un premier actor en un gobierno improvisado y sin libreto

El show debe continuar
Dante Bobadilla
13 de marzo del 2019

 

Ahora que Vizcarra escogió un actor como primer ministro, lo que debería hacer es dejar Palacio de Gobierno y mudarse al Teatro Nacional, donde sin duda podrá escenificar mucho mejor el show de su gabinete paritario, con sus poses de súper héroe social. Es el lugar más adecuado para que Salvador del Solar desempeñe su rol de contador de cuentos, que es para lo que lo han contratado, porque este gobierno no pasa del show, la pose y el discurso.

Hay tres clases de gobiernos: los destructores, los redentores y los bobos. Los destructores pretenden cambiar la realidad a la mala, combatiendo fantasmas como el imperialismo yanqui, la burguesía y las empresas privadas. Quieren controlarlo todo para crear un “mundo justo” y regulan las cosas más mínimas de la existencia humana, haciendo un infierno la vida. Al final lo único que logran es crisis, destrucción y muerte. De eso ya tuvimos.

Los redentores toman un país destruido y lo sacan adelante restituyendo la sensatez, la libertad y la propiedad privada. O toman la posta y continúan el camino del progreso con infraestructura para el desarrollo y seguridad para los ciudadanos. También los tuvimos. Pero hoy tenemos del tercer tipo: el gobierno de los bobos, que no resuelve ningún problema real y se dedica al espectáculo, la pose y el discurso, combatiendo boberías ideológicas en el escenario social, tratando de cambiar la conducta de la gente con una doctrina moral.

Los bobos inventan problemas donde no hay, y nos hacen creer que están muy ocupados resolviéndolos y luchando contra los malos. Se ocupan de problemas imaginarios como la “desigualdad”. Claro que a estas alturas ya convencieron a muchos tontos de que ese es “el problema” y que además se puede solucionar (insertar risas acá). Por supuesto, no niego que la desigualdad exista, lo que niego es que sea un problema, y más aún, que el gobierno tenga el poder para cambiar la realidad social. ¡Por favor! Es la utopía más ridícula que han inventado los bobos. Para lo único que sirve este cuento es para posar como lindos y justos.

¿Y quién se ocupa de los problemas reales del país, como la inseguridad ciudadana, la falta de infraestructura vial en la ciudad capital (donde vive asfixiado un tercio de los peruanos), la falta de carreteras y puentes en el país, la deplorable calidad de la educación pública (en manos de maestros que imponen su mediocridad amparados en sus sindicatos), la calamitosa situación de viejos hospitales colapsados, la precariedad del empleo, etc. Nada de eso les interesa.

No tienen un solo gran proyecto nacional para el desarrollo, ni siquiera un plan. Se ocupan de boberías como la “paridad de géneros” y nos monta el show ridículo de un “gabinete paritario”, como si eso sirviera para algo. El primer ministro es ahora un vendedor de sebo de culebra, un contador de cuentos que nos llena con mensajes positivos, aunque no tenga ninguna capacidad ejecutiva, como él mismo lo ha reconocido. De hecho le reconocen un solo mérito: “es un buen comunicador”. Cae bien en un gobierno improvisado y sin libreto. Va a dedicarse a contarnos cuentos de igualdad, mientras “los ministros y ministras” danzan en las sombras al ritmo del “Arroz con leche inclusivo”.

Los peores gobiernos son los que pretenden combatir fantasmas ideológicos como la injusticia y la desigualdad. Siempre son lunáticos alienados que sueñan con sociedades perfectas. Imponen su ingeniería social con leyes absurdas de igualdad forzada, quieren crear al “nuevo hombre” pervirtiendo la educación con adoctrinamiento ideológico. Toda esta basura ya la ha vivido la humanidad muchas veces y en todas sus variantes con el mismo final: fracaso, miseria y muerte. El mayor experimento social de este tipo fue la “Revolución Cultural” de Mao Tse Tung, destinada a eliminar toda influencia del capitalismo en la sociedad mediante purgas, asesinatos en masa, adoctrinamiento infantil escolar y reeducación de los adultos en campos de concentración. Su legado fue 70 millones de muertos y miseria total. ¿Qué nos dejarán Vizcarra con su experimento social de la equidad de géneros y la paridad forzada?

 

Dante Bobadilla
13 de marzo del 2019

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