Fernando Palomino
El Perú como actor geopolítico
En la visión estadounidense del siglo XXI
La inestabilidad global –producto del enfrentamiento entre las grandes potencias y en especial el relanzamiento de la Doctrina Monroe por los EE.UU.– a no dudar viene reconfigurando el escenario internacional. Esta nueva visión norteamericana está claramente definida en la flamante Estrategia de Seguridad Nacional del presidente Trump, publicada en noviembre de 2025. Este documento señala que la finalidad de EE.UU. es posicionarse como el principal actor global dentro de la competencia estratégica, en especial contra China y Rusia e incrementar su presencia, inclusive militar en el hemisferio occidental naturalmente incluyendo América Latina siempre bajo el enfoque geopolítico de Mahan respecto al control del mar.
Por otro lado, estamos bajo un nuevo concepto de aplicación de la fuerza, la guerra híbrida, que combina tácticas convencionales mediante el empleo de FF.AA. con métodos no convencionales tales como ciberataques, desinformación, sabotaje, presión económica mediante aranceles, entre otros, buscando desestabilizar a un adversario sin una declaración formal de guerra, transitando entre la línea de paz y el conflicto. Se caracteriza por operar en múltiples frentes (digital, informativo, económico o militar) y su naturaleza encubierta dificulta la atribución.
Los dilemas geopolíticos globales; el intermarium con los países de Eurasia entre el mar Báltico y el mar Negro bajo la amenaza Rusa, la compleja situación de oriente medio incluyendo el terrorismo internacional e Irán, el Indo Pacífico que concentra más del 65% del comercio internacional actualmente en disputa entre los EE.UU. y China, la situación del Este de Asia con la actitud ofensiva china por el dominio del Mar de la China frente a países ribereños y una potencial ofensiva militar a Taiwán se suma la situación en el Ártico donde los EE.UU. reclama el control estratégico de Groenlandia y las nuevas líneas de comunicaciones árticas como producto de los deshielos.
En este sentido, el Perú ha desarrollado por intermedio de CEPLAN, 4 escenarios geopolíticos prospectivos contenidos en: “Perú: escenarios geopolíticos al 2030“(dic 2024) siendo el escenario de mayor riesgo denominado “La tormenta perfecta” que prevé la agudización de la conflictividad entre los EE.UU. y China actualmente en ciernes y como consecuencia el debilitamiento de la gobernanza multilateral y una mayor polarización geopolítica. El documento concluye que el Perú se encuentra en una encrucijada geopolítica donde el futuro puede presentar oportunidades de crecimiento como riesgos significativos mencionando que la clave para el éxito estará en la capacidad del país para anticipar y prepararse para los cambios en el entorno global, utilizando enfoques prospectivos que permitan una mayor flexibilidad y resiliencia en sus políticas.
La reciente operación militar de las FF.AA. de los EE.UU. en Venezuela fue el corolario de un nuevo enfoque de aplicación de la guerra híbrida, aplicación de la fuerza en forma integral, más allá de lo militar, no solamente buscando la salida del dictador Maduro y devolver la democracia al pueblo venezolano sino con un mensaje de trasfondo geopolítico contra las potencias adversarias, en especial China, afirmando la vocación por reducir e incluso no permitir las relaciones comerciales y menos de seguridad con el gigante asiático. Para ello el control de la economía venezolana y en especial evitar la comercialización de petróleo con China e inclusive Cuba, apuntan en esa dirección. Podemos afirmar parafraseando a von Clausewitz, “La guerra como tal, no solamente en el plano militar, es la continuación de la geopolítica por otros medios”.
La recientes propuestas de los EE.UU. de presentar al Perú como aliado extra OTAN, la autorización del Congreso de los EE.UU. para la potencial venta de cazas F-16 block 70 y renovar la flota de combate de la FAP, la cooperación del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EE.UU. para la construcción de la nueva Base Naval del Callao sumada a la intención de construir una base de lanzamiento satelital en Piura, entre otras, son muestra inequívocas de la visión estratégica de los EE.UU. considerando al Perú en la categoría de socio regional.
Lo anterior no es mera casualidad y se resume en la importante situación geoestratégica del Perú a nivel regional desde cuyos puertos se proyectan las nuevas líneas de comunicaciones marítimas entre América del Sur con puertos del Indo Pacífico desde puertos peruanos, Callao, Chancay, Matarani, Paita entre otros, pudiéndose sumarse el proyecto de Puerto Corio en el sur. Además de una sana macroeconomía, en el 2025 el Perú tuvo exportaciones cercanas a USD 90 mil millones inclusive mayores a las exportaciones argentinas y un crecimiento del PBI potencial de más del 5% como fue en el pasado reciente.
La ubicación geoestratégica del Perú su territorio costeño, andino y amazónico, así como su clima, lo hacen uno de los países con mayor diversidad biológica y mayores recursos minerales del mundo, a la vez de tener una posición privilegiada para el comercio marítimo en el Indo Pacífico, lo cual es complementado por su condición de miembro del APEC, CPTPP, Alianza del Pacífico y relaciones con países del ASEAN sumado a más de 22 TLC con acceso a 58 mercados internacionales
Por lo tanto, la clase política nacional debe entender que en esta nueva reconfiguración del escenario internacional el Perú juega un rol importante a nivel regional que va en concordancia con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los EE.UU. Esta reconfiguración en términos de costo beneficio deberá estar presente para el debate político de cara a las elecciones presidenciales del 2026. En este sentido, la relación con China deberá ser reevaluada conforme a los nuevos escenarios tomando en consideración los intereses nacionales.
Asimismo, debe existir el compromiso de reducir la inestabilidad política en el país, de tal forma de hacerlo más predecible. Imaginémonos por un instante si en base a lo analizado de las potencialidades que tiene el Perú siquiera tuviéramos gobernantes con cierta eficiencia que respondan a los dictados de la patria y no intereses personales o de grupo. No podemos seguir eligiendo autoridades políticas desde el presidente de la república hasta funcionarios poco o nada capacitados y con una cultura ética cuestionable.
Estamos ante el advenimiento de un nuevo orden internacional y la ineficiencia y posible extinción de los organismos multilaterales La situación global apunta en la dirección de alineamientos de los países emergentes con las potencias y el Perú no será la excepción. Es el momento de pensar en el futuro del país tomando en consideración las ventajas del nuevo orden internacional en gestación.
















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