Guillermo Vidalón
Perú: derrotero 2026
Para ser un país formal, sin pobreza y enrumbado hacia el desarrollo
En abril próximo, la ciudadanía debe elegir un presidente. Y debe hacerlo con la visión suficiente para percatarse de que el Perú forma parte del contexto internacional y no solo regional. Además, debemos analizar si las políticas económicas implementadas por los gobiernos de Argentina, Bolivia, Venezuela, Chile, Colombia, Ecuador y Nicaragua dieron el resultado esperado por sus pobladores.
Uno de los casos más patéticos es el de Bolivia: escasez, colas interminables para acceder a un producto de primera necesidad, interrupción del servicio de agua, electricidad, drástica caída en la calidad de los servicios de salud, entre otros. Pero el de Venezuela es el peor de todos, por la migración que tuvieron que emprender millones de venezolanos en busca de mejores oportunidades. La mayoría de los venezolanos que llegaron al Perú son buenos; pero lamentablemente también arribaron delincuentes cuyas prácticas violentas y extorsivas eran desconocidas en el país.
Países desarrollados como China y los Estados Unidos tienen visiones diferentes en el establecimiento de relaciones comerciales, las que nunca están exentas de criterios geopolíticos. En ese sentido, mantener el equilibrio siempre resulta una tarea difícil; aun si se pretende un alineamiento con quien se encuentra distante del continente.
China desea materias primas, así como adquirir la producción agroexportadora local. También desea controlar la infraestructura básica, como en el caso de la energía para la ciudad de Lima, aunque su apuesta es a largo plazo. Estados Unidos también desea acceder a materias primas, en especial las denominadas tierras raras y, sobre todo, generarse un espacio seguro que minimice cualquier riesgo a su seguridad a futuro.
Si la ciudadanía vuelve a optar por un personaje cuyas capacidades son muy limitadas, como ya ocurrió en 2021, el riesgo para la estabilidad y la independencia en la toma de decisiones para un país soberano se magnifican. Basta ver lo sucedido con la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. La libertad de sus presos políticos, siendo legítima, tuvo que serle impuesta.
La competencia entre las superpotencias genera oportunidades que no deben ser soslayadas para aprovecharlas de la manera más ventajosa posible. Satisfacer el apetito por un mayor volumen de materias primas implica ejecutar mayores inversiones mineras, que en la actualidad representan aproximadamente US$ 65,000 millones.
A su vez, la ciudadanía y los líderes políticos que se conviertan en autoridades tendrán que promover la inversión formal, así como una ley de pequeña y mediana minería artesanal que, más allá de invocar y alentar la formalización, también tenga la energía sancionatoria cuando la ley no se cumpla. Por ejemplo, el Estado no deberá permitir que haya minería en áreas concesionadas a un titular minero formal porque ello implica la vulneración de acuerdos con el Estado y una práctica delictiva.
Se debe poner candados a una práctica minera a la que se ha exonerado del cumplimiento de la ley. No respeta normas ambientales, no paga impuestos, no reconoce beneficios sociales y pone en riesgo la generación del empleo formal y suscita el incremento de la criminalidad.
El derrotero del 2026 debe ser un Perú formal, sin pobreza y enrumbado hacia el desarrollo.
















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