Dante Bobadilla

El Estado corrupto

La corrupción no terminará hasta que reformemos el Estado

El Estado corrupto
Dante Bobadilla
31 de enero del 2019

 

Mucho se habla de la “empresa corrupta”, pero curiosamente nadie habla del Estado corrupto. Un extraño fenómeno mental afecta a los peruanos y los hace incapaces de cuestionar al Estado. Siempre lo ven como la gran solución y el dios protector. Pero lo cierto es que el Estado se ha convertido en una rémora y un grave problema para la nación.

La corrupción se considera el principal problema, pero ¿dónde está la corrupción si no en el Estado? Son los funcionarios que tienen la sartén por el mango para dar licencias y contratos los que inician la cadena de corrupción. Los demás son solo víctimas del sistema perverso urdido por los corruptos del Estado. ¿Quiénes hacen y rehacen las reglas?

Las bandas criminales mejor organizadas incluyen policías, jueces, fiscales y abogados. Hoy el sistema de justicia libera delincuentes y encarcela policías y víctimas, abusa del show de la prisión preventiva, pese a la resolución contraria del TC. Gregorio Santos cumplió su prisión preventiva con ampliación, salió libre y todavía no tiene un juicio. Toledo tampoco, después de tantos años de investigación fiscal. ¿Es ineptitud o complicidad de la Fiscalía?

Pero nos hablan día y noche de lucha contra la corrupción. Es una letanía presidencial. La gente se traga el show y endiosa a un fiscal mediocre, que cumple el sueño del antifujimorismo patológico: encarcelar a Keiko con prisión preventiva, en un proceso absurdo por aportes de campaña, que no son delito. Maniobra mafiosa destinada a controlar el poder político, pero vendida a las masas ignorantes como “lucha contra la corrupción”, con la complicidad de la prensa corrupta, mientras blindan a los que sí gobernaron y negociaron obras.

Vizcarra es una copia barata de Toledo. Tiene el mismo estilo chabacano, chamullador y farandulero. Todo lo arregla con show, leyes fabulosas y discursos huecos, llenos de frases bobas como “para enfrentar la corrupción tenemos que estar unidos”. Ignora la Constitución y no conoce sus límites. Como buen dictador le da plazos y ultimatums al Congreso y al fiscal de la Nación. Su única pasión es agradarle a la gente. Más allá de eso no tiene nada.

En el Congreso, los tránsfugas y traidores han acabado siendo los referentes de la moral y la democracia, avalados por un Tribunal Constitucional de demagogos, que ha convertido la traición y el transfuguismo en “derechos parlamentarios”. Gracias a estos ilustres tribunos que deliberan con el criterio de un mototaxista, hoy el Congreso es una olla de grillos sin disciplina ni control. ¿Cuál es el freno para que los aventureros y traficantes de la política no salten de su bancada en busca de figuración y prebendas? Ninguno. Al contrario, el TC los ha favorecido convirtiendo la traición en un “acto de conciencia”.

Muchas resoluciones del TC han sido nefastas para el país, desde la consagración de la estabilidad laboral absoluta hasta permitir el dispendio en publicidad estatal en medios privados, comprando conciencias y anulando a la prensa independiente. Francamente hubiera sido mejor prescindir del TC, así como de la inútil Defensoría del Pueblo. Tenemos demasiadas entidades absolutamente inútiles y contraproducentes para el país. Ahora ya ni los municipios sirven. No son capaces ni de recoger la basura ni de parchar las pistas. Han sido capturadas por mafias que negocian licencias y depredan todo lo que encuentran.

¿Dónde están las reformas con las que los opinólogos franeleros encubren a Vizcarra? Solo el cambio de mocos por babas que es la JNJ por el CNM. No hay ninguna reforma en un Estado que se hunde en la mediocridad y la corrupción. No se puede hacer tanto circo de lucha contra la corrupción sin tocar al Estado en su conjunto. ¿Qué cambios hay para frenar la corrupción y la ineptitud en el Gobierno central, gobiernos regionales, ministerios y municipios? Ninguno. ¿Hay alguna reforma propuesta para frenar a los improvisados y saltimbanquis que postulan en cada campaña y luego infectan el Estado? No. Nada. Seguiremos llenándonos de trepadores, tránsfugas, traidores, improvisados, corruptos y gente sin bandera.

Dejen de engañarse con los fuegos artificiales de la prensa mermelera comprada por el Gobierno. Hay que dejar de ser los tontos de siempre que se tragan los discursos. Hay que parar de aplaudir el show y exigir la reforma total del Estado ahora mismo. Y para empezar, que empiecen ya a reducirlo. Menos Estado es menos corrupción y menos gasto.

 

Dante Bobadilla
31 de enero del 2019

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