Alan Salinas
El arte de la conducción política
Tenemos un presidente sin reflejos y populista
La teoría política sostiene que se tiene dos vías para gobernar y para hacer oposición: una es la confrontación y la otra es la colaboración. Ambas —según el contexto— funcionan y son válidas, siempre y cuando no se rompan las reglas de juego democráticas. Dicho esto, ¿cómo podríamos analizar —próximos a cumplirse un año de su gobierno— la conducción política del presidente accesitario Martín Vizcarra? Parto desde lo evidente: la poca capacidad que tiene —hasta el momento— Vizcarra para asumir la conducción política del país.
Diversos analistas lo han catalogado como un presidente sin reflejos. Y no les falta razón. La designación mayoritaria de ministros tecnócratas —sin manejo político— es uno de los múltiples problemas que tiene el gobierno para conducirse políticamente (como, por ejemplo, no dar el norte político a su lema “El Perú primero”). El tren biocéanico con China, que iba a salir por el Perú —que atraería inversiones, tecnología e intercambio cultural— no va a ser posible debido a la pugna fratricida en la que se ha enmarcado el Ejecutivo contra el Legislativo. Ahora dicho proyecto saldrá por Chile, que aprovechó nuestra coyuntura sin gobierno.
Fernando Rospigliosi ha sostenido —en diversas columnas de opinión— que el diálogo con Fuerza Popular (FP) y el Apra es una ilusión. Que si bien tienen estas tiendas políticas coincidencias, FP y el Apra aprovechan los errores coyunturales del gobierno actual (léase los errores de una reforma política que no mejoraría nuestro actual sistema político). Tiene razón Rospigliosi al señalar esos límites, pero no en que es una ilusión el diálogo. Es normal que FP y el Apra jueguen a buscar errores para ganar réditos políticos, pero es también un llamado de atención al presidente accesitario para que —de una vez— gobierne el país y no siga con el show mediático de la judicialización de la política y el uso populista de la reforma política.
Pero para eso, Vizcarra debe reconstruir su conducción; vale decir, dar en su próximo discurso a la nación los gestos políticos que necesita la ciudadanía, como buscar temas de agenda nacional (como la reactivación económica y la reconstrucción del norte del país) para que se prioricen en el siguiente año del parlamento.
Tanto la oposición como los medios de comunicación y la ciudadanía en general están pidiendo que Martín Vizcarra dé su gran salto. Que pase de la inacción, del silencio o de los yerros a la acción sobre los temas urgentes para el país. Los peruanos y peruanas le piden a Martín Vizcarra conducción política.
















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