Úrsula Letona
El Acuerdo de Huancayo y la izquierda peruana
Su histórica tendencia a las facciones
“Un comunista es alguien que ha leído a Marx y a Lenin, un anticomunista es alguien que ha entendido a Marx y Lenin”.
Ronald Reagan, 40° presidente de EE.UU.
Hace poco más de una semana los partidos y movimientos de izquierda han suscrito el Acuerdo de Huancayo. La reunión que se realizó en la ciudad de Huancayo tuvo como anfitrión a Vladimir Cerrón, gobernador de Junín y líder de Perú Libre. El objetivo que los anima es presentar una candidatura unificada para las elecciones del año 2021, en su enésimo intento de hacerse con el poder. Paradójicamente este foro fue bautizado con el nombre de “Voces de cambio”, que expresaría un deseo intenso de hacer las cosas de diferente manera, aunque sus antecedentes no los respalden.
En la coyuntura política actual, la consolidación de los partidos es una tarea ineludible, especialmente cuando se generan bajo una visión subjetiva y simbólica de las relaciones socioeconómicas vinculadas al poder. Además de la legitimidad que dicho poder debe lograr en la colectividad, con el objetivo de llevar al país por la senda del desarrollo. Si analizamos los lineamientos sobre los que se pretende aglutinar la izquierda para dicho propósito —recogidos en el Acuerdo de Huancayo—, se puede apreciar que se trata de planteamientos muy genéricos sobre los problemas del país; algo que, sin embargo, se puede superar conforme se desarrollen las conversaciones y se profundice el acuerdo.
Aun así, la grave dificultad de estos lineamientos es la visión y el enfoque de las soluciones para los problemas del país. Visiones añejas, desactualizadas, extemporáneas, que se discutían en los años sesenta entre las diversas facciones de la izquierda que se han quedado empantanadas en discursos gaseosos y liricos de mediados del siglo XX. Para muestra un botón: encuentro argumentos esgrimidos en un proyecto de Ley presentado por un miembro de la izquierda que pretende un cambio de nuestra Constitución. Al momento de leerlos no puedo evitar rememorar los discursos de la Junta Revolucionaria del General Juan Velasco Alvarado:
“… para continuar manteniendo el injusto orden social y económico existente, que permite que el usufructo de las riquezas nacionales esté al alcance solo de los privilegiados, en tanto que las mayorías sufren las consecuencias de la marginación lesiva a la dignidad de la persona humana”.
Todo un discurso poético, lleno de afirmaciones líricas, pero —como toda propuesta de la izquierda— carente de contenido y sustento. Discursos construidos sobre los principios de la izquierda con los cuales se gobernó este país desde Juan Velasco Alvarado hasta el primer gobierno de Alan García, que fueron un fracaso absoluto y pusieron al Perú al borde del colapso. Y que nos dejaron a punto de ser un país inviable.
Es así que nos encontramos frente a una izquierda cuyos “principios” se invocan en función de sus simpatías políticas. Basta ver las declaraciones y pronunciamientos que la izquierda de nuestro país emite acerca del gobierno venezolano, con una defensa cerrada del “nuevo gobierno de Maduro en Venezuela”. Otro ejemplo es la no condena a Evo Morales, quien ha desconocido un referéndum en el que la ciudadanía boliviana rechazó su nuevo intento de reelegirse, en su pretención de mantenerse en el poder indefinidamente. Un par de firmantes de este Acuerdo de Huancayo son muy cercanos a Evo Morales, lo cual imaginamos que no les deja condenar los métodos del boliviano. Morales, al más puro estilo cubano, y a través del fallo de un tribunal, pretende seguir detentando el poder. Así se construyen los principios de la izquierda. Estamos advertidos.
Un segundo aspecto que caracteriza la historia de la izquierda peruana es su histórica tendencia a las facciones, pues han intentado en múltiples ocasiones —a lo largo de los últimos 60 años— su unificación, pero los ímpetus caudillistas de sus líderes han pesado más que los objetivos comunes. Su actuación en los años 60, mientras apoyaban al gobierno de Velazco, la describía ya Antonio Zapata:
“las contradicciones en el seno de la izquierda fueron tan marcadas que la lucha entre estas facciones marcó el periodo final de Velasco¨.
A inicios de los ochenta lograron una unificación parcial para lanzar la candidatura de Barrantes, pero pasadas las elecciones volvieron a fragmentarse. La evidencia más reciente de lo que afirmamos ocurrió con la instalación del Congreso para el periodo 2016-2021, en el que la izquierda apenas duró unida un año, antes de dividirse en dos facciones.
Los partidos políticos necesitan consolidarse. La división constante de la izquierda no debería repetirse; aunque observando a los miembros del Acuerdo de Huancayo, no podemos tener muchas esperanzas, ya que se percibe el caudillismo tradicional, indicio nada positivo como para augurar una larga duración al acuerdo antedicho.
El punto principal es que la militancia izquierdista del siglo XXI sigue manteniendo discursos desfasados que, en algunos casos, tratan de camuflarse como defensa de los derechos de las minorías, táctica a la que recurren ante el derrumbe de los discursos del socialismo y el comunismo tradicionales. No existe nación sobre el mundo que haya alcanzado éxito y prosperidad gracias a la izquierda. Hay que tenerlo siempre presente.
















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