Alan Salinas

Democracia pospartidos

¿Cómo funcionan los partidos políticos en el siglo XXI?

Democracia pospartidos
Alan Salinas
30 de enero del 2019

 

De acuerdo a la teoría, la democracia se sustenta en los partidos políticos. Es así que las organizaciones políticas son una especie de correa de transmisión entre el Estado y la sociedad. En el Estado, ganado a través de las competencias electorales, el partido gobernante ejecuta el programa que —dentro de la organización a través de un grupo de técnicos y políticos— elaboran de acuerdo a su perspectiva ideológica. En la sociedad, mediante su inserción territorial (a través de sus comités) y a través de sus organizaciones —que representan intereses colectivos— generan identidad, fraternidad y representación.

La premisa presentada funcionó en el siglo XX, cuando la matriz de disputa era el Estado para el ordenamiento de la sociedad. Pero ¿qué pasó llegado el siglo XXI, con el avance del mercado como ordenador de la sociedad? A nivel internacional, el sistema capitalista —a través de los medios de comunicación— cataliza las demandas de la gente. No solo ello, otorga sentido a la manera de vivir de las personas, alejándolas de todo contenido político, banalizando la vida (ahí tenemos a Big Brother).

A nivel nacional, desde los noventa en adelante, se pulverizó todo intento de construcción partidaria pensada en siglo XX. Las lealtades políticas no son la constante, el líder ambicioso se sobrepone a la organización, los partidos no tienen arraigo en la sociedad, el valor de la democracia se vuelve frágil y los medios de comunicación funcionan como partidos políticos.

Este panorama actual es lo que algunos analistas han venido a llamar una “democracia pospartidos”. Se propone para tal caso buscar una solución momentánea y de receta mínima, en la que para que la democracia funcione y se busque consensos para evitar todo tipo de intento populista que omita a los partidos políticos realmente existentes. És lo que afirma Ignacio de Ferrari, quien también sugiere generar políticas de largo aliento en lo que respecta al gobierno el país (El Comercio 29/01/19).

Habría que agregar a ello un intento de pensar los partidos en función a la lógica de la economía y de la informalidad. En lo que respecta a la economía, hasta la fecha no se ha pensado en proponer modelos de partidos a través de los llamados corredores económicos, que están más allá de la delimitación departamental. Se busca la salida fácil de la no reelección de congresistas, sin que se solucione el problema central: la representación política en el país. Bajo el panorama de la informalidad, no se han propuesto —hasta la fecha— modelos de partidos que tomen en cuenta las características individualistas del peruano promedio. Para el informal, el bien común es de poco valor, lo que está en su mente es el interés que pueda sacar a cada circunstancia para tener solvencia económica y propiedades. Además de ello el informal, si bien es contestatario, no es rupturista. Se acomoda siempre.

Entonces, en este contexto, es necesario plantear una agenda mínima en la que se tenga en cuenta lo económico y lo informal.

 

Alan Salinas
30 de enero del 2019

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